HESICASMO

Bienvenidos. Este es un blog dedicado a la espiritualidad y, en especial, al hesicasmo, la vía mística de la Iglesia Cristiana Ortodoxa.
En la columna de la izquierda se incluyen textos sobre el hesicasmo (fundamentos, práctica, historia, biografías, frases para meditar, etc.) En la columna de la derecha se presentan mis meditaciones y aportaciones, modestas aportaciones, a esta vía mística. Os agradeceré vuestros comentarios que, a buen seguro, nos harán bien a todos.
La Paz de Dios sea con todos nosotros.

¿Ya os habéis olvidado?

HAITI: más de 500 muertos por cólera. El Servicio Andaluz de Salud está preparando atención médica, aquí en España, para varias decenas de niños haitianos. Algunas ONG's están recogiendo fondos para cubrir los gastos de viaje y estancia de padres e hijos. Y ¿tú que haces?

jueves, 29 de julio de 2010

Traigo hoy esta meditación a raíz del Evangelio del día (Mt, 13, 54-58) No trato de dilucidar sobre la actividad esotérica de Jesús en sus primeros treinta años de vida. Fuera en un sentido o fuera en otro, lo cierto es que su grandeza interior, capaz de pasar desapercibida para el común de los mortales, es lo que llama la atención de nuestro meditante y debe llamar la nuestra propia:
¿De dónde saca éste esa sabiduría...? ¿No es el hijo del carpintero?



Cada vez que pienso en el gran misterio de la vida escondida y humilde de Jesús durante sus treinta primeros años, mi espíritu se siente cada vez más confundido y me faltan las palabras. ¡Ah! es la misma evidencia: tengo frente a mí una luminosa lección: no tan sólo los juicios y la manera de pensar del mundo sino también los juicios y la manera de pensar de muchos eclesiásticos me parecen completamente falsos y se oponen del todo a esta lección. Por mi parte confieso que no he llegado todavía a hacerme una idea de ello. Sin embargo, y por lo que me conozco, me parece que sólo poseo una apariencia de humildad, pero no su verdadero espíritu; ese amor a «lo escondido» de Jesucristo en Nazaret, no lo conozco más que de nombre. ¡Y decir que Jesús pasó treinta años de vida escondida, y que era Dios, y que era el «reflejo de la sustancia del Padre» (Hb 1,3), y que vino para salvar al mundo, y que todo esto lo hizo únicamente para enseñarnos cuán necesaria es la humildad y cuánta falta hace practicarla! Y yo, que soy un grande y miserable pecador, que sólo pienso en complacerme a mí mismo, en complacerme en los éxitos que me dan un poco de honor terrestre, que no puedo tener el más mínimo pensamiento santo sin que se deslice la preocupación de mi reputación cerca de los demás... A fin de cuentas no sé acostumbrarme, si no es con un gran esfuerzo, a esa idea de pasar realmente desapercibido, escondido, tal como Jesucristo lo practicó y tal cual me lo enseña.

Beato Juan XXIII (1881-1963), Diario del alma (http://www.evangeliodeldia.org/)

Si esto escribía nuestro afable y admirado Juan XXIII, ¿qué tendré que decir yo?

domingo, 25 de julio de 2010

Juramento hipocrático

Diez horas en la sala de urgencias de un hospital dan para mucho. Dan para ver tus debilidades, tus puntos flacos y, en fin, lo que necesitas un buen entrenamiento y, sobre todo, lo bien que te vendría tener “línea directa” con Dios. Dan para ver los estragos del ego cuando el hombre se ve agobiado por lo que equivocadamente considera “su” Vida. Dan para ver lo poco que sabemos de nosotros mismos y del ser humano en general. Dan para ver que el juramento hipocrático es una iniciación que no afecta solo a los médicos. Dan para ver que, como tantas otras tradiciones, ésta también se ha deteriorado. Dan para ver que los hospitales son otra trampa más de ese sistema que nos hemos construido o que, al menos, distan mucho de ser lo que deberían ser.


Sería muy fácil caer en el error de la crítica destructiva, demoledora. Podía exponer las carencias de los hospitales en ese sentido. Pero no ayudaría a nadie, ni a mí mismo.

Hay un refrán que dice: “Es más fácil ver la mota en el ojo ajeno que la viga en el propio”. Así que en vez de criticar a los demás, he decidido exponer “mi mota”, que a buen seguro será algo más que mota, a ver si alguien ve la viga en el suyo, si es que hay alguien con vigas en sus ojos.

La primera sensación que uno, acompañante él, experimenta es desazón, tal vez aprehensión, fastidio por estar ahí en lugar de estar viendo el partido de futbol o haciendo la sacrosanta meditación o trascribiendo sus propias meditaciones para ponerlas en común con los demás. Como urgencia que es, a uno le pilla de sorpresa. Y, ¿por qué no vamos a decirlo?, le fastidia. Pasan unos minutos, o tal vez solo unos segundos, hasta que uno se sobrepone y enfrenta la larga experiencia, si no con alegría, al menos con una aceptación consciente y serena.

Superada la primera prueba, uno es consciente de que está ahí para ayudar ¿a quién? ¡Hombre, por supuesto que a su familiar o amigo enfermo! ¿Solo? Porque, cuando, superados los trámites administrativos y la clasificación médica, pasamos a la sala de espera, el espectáculo suele ser deprimente. Se percibe un gazpacho de sentimientos negativos difícil de digerir. Es necesario hacer un esfuerzo para serenar su ánimo. Uno se da cuenta de que de mero acompañante está en el riesgo de convertirse en paciente. Nuevo esfuerzo de autodominio. Es necesario romper el apego, es necesario cortar esos lazos sentimentales, muy humanos, pero muy traicioneros que traen a nuestra mente el demonio de la tristeza, de la pesadumbre y, tras ellos, de la desesperación. ¡Menuda ayuda voy a dar, si me dejo arrastrar por esos sentimientos! Ver el escaparate de sufrimientos que nos muestra la sala de espera y percibir como ese sufrimiento nos intenta invadir es todo uno. Tratamos de hacer nuestra esa misma experiencia, pero esa experiencia no es la nuestra. Nosotros no estamos ahí para sufrir viendo sufrir, sino para ayudar a que esas experiencias les valgan para algo a los que han de vivirlas. La mente y el espíritu luchan por imponer su ley. Se cruzan acusaciones. Cuesta trabajo ponerlos de acuerdo y buscar el equilibrio. Son segundos, tal vez décimas de segundo, pero se consigue. Claro que a lo largo de diez horas de encierro, el demonio de la tristeza puede dar varios envites más. Uno empieza a pensar que las sesiones de meditación sirven para algo, pero se quedan cortas. Concluyo que, si quiero ayudar a los demás, tengo que dedicar más tiempo o más intensidad a la meditación. Lo peor no ha llegado.

Diez horas de espera te permiten ver pasar por tu lado el miedo y la desesperación en seres humanos que parece hayan dejado de serlo ya, tal es su pánico. Algunos parecen poseídos, algunos creo que lo están. Otros aparecen abatidos y sus quejas, monótonas, lastimeras, marcan el ritmo de las horas. Es un bombardeo continuo. Los que entran mal se sienten peor y los que entran sanos se encrespan unos y se contagian otros. Es difícil evitar ingresar en uno de los dos grupos, cuando no en los dos. Y te sientes impotente. Quieres ayudar, pero no sabes cómo. Piensas en transmitir energía ¿a cuál de todos? ¿A todos? ¿Tengo fuerza para ello? Respiras metódicamente, inspiras, respiras,… Sí, te relajas. Pero, ¡no! ¡No es eso lo que yo quiero! ¡Quiero ayudar! Uno vomita por allí. Una gitana plañidera recita todas sus penas en voz alta. Otro decide escenificar su malestar suspirando. Otro se quiere quitar el miedo de encima diciendo en voz alta frases pretendidamente ingeniosas. Otro desespera de la espera, critica en voz alta y tensa, a los… (irrepetible) de los políticos que roban y engañan y no arreglan la sanidad porque ellos no van a urgencias. Uno, yo, se queda prendido de tal argumentación y asiente con la cabeza, ¡torpe! ¡Estás ayudando a estropearlo todo!

Y al fin caigo en la cuenta, orgulloso de mí, me ha faltado la humildad de reconocer que no soy nada. Y Le pido ayuda. Ahora sí: de nuevo empieza la técnica respiratoria, pero ahora mi pensamiento se centra en Él. Ahora recuerdo mi oración continua y ahora funciona. Y la situación se calma, los “ayes” se apagan,… ¡Gracias, Señor!

Pero son muchas horas. El cansancio hace mella. Uno se relaja en la espera y hay nuevos envites del demonio de la tristeza y del de la desesperación y del otro y del de más allá. Y cojo la mano de mi enfermo, con tanto ajetreo, lo tengo casi olvidado y simplemente hablo con él, ¿mejor? Sí, mucho mejor.

Con todo creo que he salido enriquecido. He aprendido que sin Dios no hay nada; que yo solo soy un perfecto inútil; que, por mucho que avance, me queda un largo camino por recorrer; que las cosas sencillas, como una conversación agradable, suelen ser el mejor remedio; que la división clásica cristiana de la oración, la meditación y la contemplación es básica, fundamental, porque nada de lo que pretendamos lo conseguiremos sin la oración previa, esa conversación humilde, petitoria y alabadora a Dios que nos prepara para el resto; que yo disto mucho de ser mejor que los otros, entre otras razones porque nadie es sino lo que el Padre permite que sea; que yo puedo caer en la misma desesperación que los demás; que el ejercicio, la práctica y la disciplina son fundamentales como preparación de mi ser para recibir y transmitir la Ayuda Divina.

¡Que la Paz de Dios sea con todos nosotros!

sábado, 24 de julio de 2010

Evagrio el Monje (5)

La cita de hoy es muy corta; tanto como grande e importante es el mensaje.

“En cuanto al deber de no preocuparse por los trajes o manjares, considero superfluo escribir con respecto a esto, ya que el Salvador mismo lo prohíbe en los Evangelios: no os preocupéis por vuestra vida, por lo que comeréis, por lo que tomaréis o por lo que vestiréis. Esto concierne a los gentiles y a los incrédulos, a los que rechazan la providencia del Soberano, y reniegan del Creador, pero es cosa totalmente ajena a aquellos cristianos que han creído que dos pajarillos que se venden por un cuarto están bajo el gobierno de los santos ángeles.”

Hoy día, con las continuadas noticias sobre la “crisis económica”, en este mundo occidental que se asusta por tener que hacer frente a algo que es infinitamente despreciable frente a lo que padece, de forma permanente, una parte muy importante de la Humanidad (ese mal llamado tercer mundo que para mí es el primero), para ese mundo este mensaje es un aviso a tomar muy en serio.

Sabemos que, en la fase preparatoria de la meditación hesicasta, uno de los pasos más importantes es el desprendimiento de cargas, el desapego frente a las cosas mundanas, donde lo más elemental es la renuncia a lo material. Es sorprendente que seres, supuestamente racionales, no se percaten de la fugacidad de lo material, de lo inútil que es atesorar dinero, comida, ropa, cargos, etc., en una loca e interminable carrera por asegurar una supervivencia en una vida transitoria.

Es terrible ver como unos pocos individuos se dedican a asustar al resto de la sociedad con una crisis que no es problema, con el único objetivo de dominarla. Porque, si el significado de crisis ha sido tergiversado, manipulado, hasta la saciedad, hoy más que nunca hemos de recuperar su auténtico significado. Debemos recordar a esos políticos incapaces que se dedican a diseñar medidas punitivas para una sociedad que no es más culpable que ellos mismos, que NO ESTAMOS ANTE ALGO TERRORÍFICO, SINO ANTE UN GRAN CAMBIO que eso es lo que significa precisamente la palabra crisis.

Es un cambio de mentalidad, es un cambio en los principios del juego económico, es un cambio en las relaciones entre las personas y entre los pueblos, es un cambio en el concepto de solidaridad,… Hemos estado recorriendo un camino equivocado que nos debe servir para aprender que este mundo es algo que nos dan prestado para permitir nuestra vivencia, cada uno según su creencia. Y ese cambio se basa en conjugar un verbo que el comunismo hizo odioso y el capitalismo incluyó en las técnicas de marketing como una herramienta manipulativa más, prostituyendo su hermosos significado: COMPARTIR. Claro que para compartir hemos de empezar por perder la obsesión por poseer.

Si esto es ya importante para la Humanidad en su conjunto, para una Humanidad más o menos evolucionada, cuanto más importante es para un místico contemplativo. Una persona que pretende COMPARTIR SU VIDA CON TODOS, que aspira a someter su voluntad a los demás y por ellos a Dios, que desea servir a los demás (Mt, 20, 28),… ¿qué hace elucubrando sobre cómo se las va a ingeniar para sobrevivir?

No nos equivoquemos, ninguna de mis palabras quiere decir otra cosa que lo que dicen. Sería absurdo que todos nos sentáramos a meditar las 24 horas del día y nos olvidáramos de vivir la experiencia que Dios ha puesto a nuestro alcance. La contemplación ha de ser como el faro para los navegantes. La experiencia mística y contemplativa es nuestro faro, nunca nuestro fin. Por ello, debemos seguir viviendo en esta vida, sin apegos inútiles, pero viviéndola, con sus necesidades, pero sin sus agobios. No nos busquemos más complicaciones que las que ya tiene la vida por sí misma. Claro que a alguno le tocará ser farero.

¡Que la Paz de Dios sea con todos nosotros!

sábado, 17 de julio de 2010

Evagrio el Monje (4)

Evagrio continúa analizando el comportamiento humano entre la virtud y la bestialidad, que así llama a la rendición humana ante la tentación, sirviéndose para explicarlo de la figura de los demonios.
“Me parece pues, que los demonios informan al principio fundamental de nuestra alma, moviéndonos la memoria, pues el órgano es, en ese momento, mantenido inactivo por el sueño. Debemos saber cómo se produce ese movimiento de la memoria. ¿Será, acaso, por medio de las pasiones? Esto es evidente, pues el que es puro y está libre de pasiones, no pasa por cosas similares.”
Aunque hoy sabemos que nuestros circuitos neurológicos tienen “efecto memoria” y pueden hacernos revivir situaciones ya experimentadas, no por ello podemos quitar mérito a la capacidad de observación y discursiva de nuestro buen monje. Nos pone, así, un ejemplo a seguir: la observación de nosotros mismos y de nuestro entorno nos permite llegar a conclusiones que la ciencia académica puede tardar siglos en descubrir.
Pero no solo eso. Nos pone sobre aviso acerca de la importancia de borrar esos “registros” y/o de evitar que se produzcan. No dice explícitamente como ha de hacerse, pero apunta lo siguiente: “Pues puede suceder que nos acordemos del agua ya sea que tengamos sed o no, y así sucede que nos acordamos del oro ya sea con codicia o sin ella. Y lo mismo sucede con el resto. Sin embargo, el hecho de que encontremos dichas diferencias entre las variadas fantasías, es un indicio de su artificiosidad.” En aquellos tiempos era habitual aludir al ayuno, la abstinencia, el sacrificio, la limosna o la oración, como las herramientas más adecuadas para luchar contra las tentaciones y el propio Evagrio y otros Padres lo recomendaban. No andan lejos de la verdad, aunque los siglos posteriores se hayan encargado de tergiversar el fondo de la cuestión. Es evidente que una cierta disciplina, entendida como sistemática en el comportamiento, una cierta austeridad en nuestra forma de vida, etc., ayudan a que, por ejemplo, no tengamos sed cuando nuestro cuerpo no necesita agua. Tampoco es descabellado pensar que la oración o las técnicas meditativas puedan “descargar” los circuitos neurológicos y evitar la actuación incontrolada de la memoria.
Un poco más adelante, nos dice Evagrio, hablando de la ira:
“Nuestra irascibilidad, cuando se mueve contra natura, coopera en mucho con los objetivos que los demonios se prefijan, tornándose así utilísima para cualquiera de sus engaños. Por tanto, éstos no se hacen rogar para accionarla, de día o de noche. Y cuando la ven contenida por la humildad, en seguida la liberan con buenos pretextos, y así, tornándose violenta, ésta sirve a sus pensamientos bestiales. Es necesario, pues, no excitarla con ningún objeto, ni justo ni injusto, evitando poner en mano de quien nos sugestiona, un arma funesta, como sé que muchos hacen, aferrándose más de lo necesario a fútiles pretextos. Por cierto, dime, ¿por que eres tan combativo? ¿No has despreciado ya manjares, riquezas y gloria? ¿Por qué crías a un perro, si has manifestado no poseer nada? Si éste ladra y se echa sobre la gente, es claro que es porque uno tiene algo y quiere defenderlo. Y estoy bien seguro de que un hombre así está alejado de la oración pura, porque sé que la irascibilidad destruye esta oración. Y me asombra que olvides también a los santos, mientras David grita: Cesa en tu ira y deja la cólera (Sal 36:8). Y el Eclesiastés recomienda: Aleja la cólera de tu corazón, y quita la maldad de tu carne (Qo 11:10), mientras el Apóstol nos ordena elevar, en todo tiempo y lugar, manos puras sin iras ni disputas (1 Tm 2:8). ¿Y por qué no aprendemos de la antigua y misteriosa costumbre de echar fuera de casa a los perros en tiempo de oración? Ella nos demuestra, alegóricamente, cómo no debe existir cólera en el que reza.”

El texto lo dice todo y no precisa más comentarios, como no sea llamar la atención sobre esa trampa tan artera que se presenta ante quienes tratan de avanzar por el camino de la espiritualidad, centran su desapego en las cosas materiales, en el amor preferencial y, sin embargo, creyéndose poseedores de la Verdad, se alteran ante la injusticia, la violencia, el robo, la barbarie, etc., cayendo en la burda trampa que el demonio de la irascibilidad les tiende.
Habrá quien traiga a colación la escena del Maestro expulsando a los mercaderes de los alrededores del Templo. Pero tendría que preguntarles: Si ya Cristo se refirió al Templo como a sí mismo diciendo que lo “destruiría” y lo edificaría de nuevo en tres días, ¿no se estaría refiriendo de nuevo a Sí mismo cuando expulso a los mercaderes del entorno del Templo? ¿No serían los mercaderes los vínculos que atan nuestro cuerpo a este mundo material? ¿No nos estaría diciendo que debemos retirar esos enlaces a la vida mundana, aunque fuera de forma algo brusca?



Quedad en la Paz de Dios

viernes, 16 de julio de 2010

Entended con el corazón

Poco a poco, pero en las últimas décadas de forma muy acelerada, estamos siendo dominados por la razón, mejor dicho por una sobredosis de razón. Kant afirmaba: “Por razón entiendo aquí toda la facultad cognoscitiva superior” y luego añadía “todo nuestro conocimiento comienza por los sentidos, pasa de estos al entendimiento y termina en la razón”. Sin embargo, estamos retornando al concepto que primariamente predominó de que la razón es una facultad o una capacidad de conocer la realidad no ya sensitiva o imaginativamente, sino de modo discursivo. En nuestro idioma, quedan testimonios de esa tradicional equivalencia: en determinados contextos, identificamos discurrir y razonar. No sé si es un bloqueo colectivo o una manipulación maligna del poder, más o menos oculto, que intenta interferir en el devenir de la Humanidad con el único objetivo de aumentar su poder o su riqueza. Personalmente creo que se trata más bien de lo segundo.


En una primera fase, se nos ha estado mentalizando sobre el poder de la mente, pero de la mente racional y racionalizante. Se nos ha hecho creer que todo puede ser superado, diseccionado, con el análisis racional. Hasta las relaciones personales se han visto sometidas a su imperio: La separación de bienes y los contratos prematrimoniales son, en muchos casos, un claro ejemplo de la fría desconfianza que provoca un análisis cartesiano de las relaciones humanas que, en muchas ocasiones, se basa en lamentables hechos, no generalizables, que la prensa se encarga de restregarnos una y otra vez por nuestras narices. En una segunda fase, se nos viene cortando incluso ese hilo racional que todavía nos permitiría dar marcha atrás en un acto de rebelión contra el sistema. Hoy día a nuestros jóvenes ya no se les enseña ni siquiera a pensar, sino que aprenden de forma dogmática. Es como si les hubieran enseñado a realizar unos cuantos puzles en base a unas recetas bajo cuyo uso y abuso llegasen a creer que pensaban. Ni siquiera el enseñante se da cuenta de su error: las prisas, la esclavitud del programa de estudios, la parodia de los protocolos de calidad, el abuso de las reuniones, hay que correr, en fin, la carrera de la imbecilidad. ¡Qué bien se controla un rebaño de imbéciles! Aceptamos información supuestamente científica sin otro criterio que haber aparecido en los medios de comunicación. Somos más dados a creer en los bulos que en las noticias fidedignas, tal vez por el morbo de este tipo de información.

La razón discursiva es una facultad del ser humano, una facultad que le ayuda a entender el mundo que le rodea, que le ayuda a relacionarse con dicho mundo, con sus semejantes y con los que no lo son. Pero solo eso: ayuda. Ha de apoyarse en otras facultades que se no se promueven. La imaginación ha quedado marginada por los video-juegos. La capacidad de observación es cada día más reducida. Es curioso observar cómo se generan las discusiones más absurdas sobre los temas más banales. Hoy en día nos basamos en la literalidad de las palabras para entendernos, pero una literalidad que ha sido subliminalmente manipulada. A las palabras se les van dando significados que antes nunca tuvieron; la sintaxis ya no es la que era y se intercalan “palabros” de otros idiomas porque se desconoce el propio y parece más progre emplear el del vecino, aunque el significado no quede muy claro. El problema es que cada grupo adopta unos significados y una sintaxis propios. Con todo ello, uno ya no sabe si le están insultando o quieren ponerle en los altares.

Y es que nos estamos posicionando en un relativismo intransigente y egocéntrico. Hablando en forma vulgar, cada uno de nosotros cree que es el “ombligo del mundo”. Y es que el uso exclusivo de la razón está sometido a las reglas de la soberbia, porque la razón como facultad no está ni democrática ni justamente repartida: unos son más inteligentes que otros y esos unos suelen caer en la tentación de creerse superiores a los otros. Como podéis comprender, el entendimiento es difícil.

Aunque para entenderse con los demás hace falta alguna que otra virtud adicional, como saber escuchar, observar,… lo fundamental es poner el corazón sobre la mesa. Acercar los corazones de los contertulios es la mejor forma de propiciar el entendimiento. Los latinos tenemos fama de impulsivos y de poner el corazón en lo que hacemos, pero no es ese corazón al que me refiero. No es corazón como coraje, energía, entusiasmo,… Es corazón como sinceridad. Es poner el corazón sobre la mesa como “poner las cartas boca arriba”. Es corazón como albergue de esa energía vital esencial que todos tenemos. Es corazón como portador del Amor que TODOS llevamos dentro.

Cuando alguien os hable, no oigáis con los oídos, no analicéis con el diccionario en la mano, escuchad con el corazón. Poneos en el lugar del otro -¡qué difícil!-, mirad en su corazón y mostradle el vuestro.

Cada día hay más solitarios, mejor dicho más gente que se siente sola en medio de las grandes ciudades. En el mundo de la comunicación, de internet, del teléfono móvil, de la televisión,… cada día hay más solitarios. ¡Terrible paradoja! Nuestro egoísmo, nuestro talibanismo racional nos impide entendernos con nuestros semejantes. Dejad un poco de vuestro corazón en vuestras conversaciones, recibiréis ciento por uno.

Puede parecer que estoy dominado por un ataque de pesimismo. No, me he limitado a hacer un retrato de lo que se ve y no de lo que no se ve, consciente de que esa es la imagen que nos hacen llegar y que muchos ven y aceptan como única. Quería llegar a este puto porque me consta, lo sé, lo veo todos los días, lo percibo a través de los correos electrónicos,… que hay muchos, muchísimos, seres humanos que ocultan a su mano izquierda lo que hace la derecha; que son excelentes maestros (maestros mejor que profesores), que dialogan desde una postura abierta a toda opinión, que saben escuchar, aceptar y hacer críticas sin herir, ni ser heridos; que primero sienten, perciben, vibran con el mundo que les rodea, disfrutando el momento que viven sin calificativos, ni bueno ni malo, porque todo lo que sucede es porque tiene que suceder.

Por tanto, ¡ánimo! No os dejéis arrastrar por un cartesianismo ideal para la geometría, pero nefasto para el contacto entre almas, aunque las limitaciones de vuestros sentidos y la monopolización y manipulación informativa solo os permitan percibir una ruina ética o moral a vuestro alrededor: Se trata de un burdo engaño.

sábado, 10 de julio de 2010

Posturas

Algunos de los que accedéis al blog Cignatus me enviáis correos de consulta en los que casi me consideráis un maestro. No quiero caer en la falsa modestia de decir que no lo soy, sin más, pero no puedo, ni debo, aceptar vuestra afirmación.

Dice Marcos el Asceta en “A propósito de aquellos que creen estar justificados por sus obras”: “Si tú entiendes, según lo que dicen las Escrituras, que en toda la Tierra están los juicios de Dios, cada acontecimiento será para ti maestro del conocimiento de Dios.” El maestro pues no está en la capacidad de los demás de hacer o dejar de hacer, sino en la nuestra de entender lo que sucede a nuestro alrededor. Si os sentís atraídos por la forma de ser o pensar de alguien, evitad caer en el error de considerarlo un maestro. Entended que Algo en vuestro interior se ha sentido identificado con lo que vuestros ojos ven, vuestros oídos oyen y vuestro corazón siente. Es en definitiva vuestro Maestro Interior el que os llama, retiraos entonces a meditar y decid: “Habla, Señor, que vuestro siervo escucha”.

Viene todo esto a cuento de alguna que otra consulta en torno a la postura que ha de adoptarse en la meditación hesicasta. Debéis tener en cuenta que lo realmente importante es la actitud. El hesicasta ha de adoptar una actitud de espera y, para ello, ha de prepararse. La preparación no consiste en castigar el cuerpo, aunque, tal vez, algún alma pletórica de energía deba descargar o reconducir dicho exceso de energía en el sentido conveniente. Decía el padre Simeón de Monte Athos que los hombres primitivos, llenos de fuerza, más que el hombre actual, tenía que sentarse encorvando la espalda. Ahora, sin embargo, todas las escuelas de meditación, recomiendan mantener la espalda recta y solo el mentón se acerca al pecho, como si fuera en actitud de respeto. Levantar la cabeza conlleva, al menos a mí me ocurre, a que se tensen los hombros. Toda tensión muscular, todo dolor, nos incomodará en la espera y será un obstáculo para la meditación. Claro está que tampoco es buena una postura que muestre molicie o desgana. Cada cual debe adoptar aquellas posturas que mejor se ajuste a sus características pero siempre evitando tensiones musculares, relajos excesivos, impedimentos respiratorios, posturas que lleven al cansancio o que provoquen mala circulación sanguínea, posturas inestables, etc.

Quedad con Dios

viernes, 9 de julio de 2010

Evagrio el Monje (3)

Evagrio continua exponiendo sus teorías sobre el devenir del hombre en su existencia terrena. Nos introduce aquí en el concepto del recuerdo pasional. Aunque no presenta una definición explícita, es fácil concluir que se refiere a los condicionantes de nuestra naturaleza humana. Afirma que son dos: la concupiscencia y la cólera.


El concepto de concupiscencia ha sido monopolizado por la moral católica, dándole un sesgo carnal, sensual y hasta sexual que no es otra cosa que una particularización excesiva. Así, el diccionario de la RAE, podemos leer: “En la moral católica, deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos.” Debemos quedarnos con un significado más amplio. En efecto, la palabreja deriva del latín cupere que significa desear y así llegamos al concepto más amplio: DESEO DESORDENADO, sin control. Precisamente el prefijo con es el que puntualiza el carácter desordenado del deseo, esto es lo que nos hace “perder la cabeza”, desviarnos de nuestro caminar.

En cuanto a la cólera, podríamos quedarnos con el significado más tradicional, ira, enojo, enfado. Sin embargo, esto nos privaría de una puntualización. Nos podemos enfadar, es lógico y humano, por algo que no funciona como nosotros queremos, por alguna faena que nos hayan hecho o porque nuestro equipo de futbol haya perdido por goleada. Lo que no es lógico es llevar este enfado al extremo de hacer que los demás “paguen los platos rotos” o de privarnos de disfrutar de otros aspectos de la vida. Y es que prefiero el significado médico: el cólera como enfermedad “caracterizada por vómitos repentinos repetidos y diarrea severa.

Pues bien, ambas pasiones son veneno para nuestra vida. Más exactamente hacen que nuestra vida descienda al plano material olvidándose del espiritual, privándonos de vivir la experiencia completa para la que hemos venido a este mundo, haciendo inútil, en fin, nuestra existencia.

Los remedios son muy sencillos: disciplina y entrenamiento. Aquí ha vuelto a haber una tergiversación de significados por aplicación de morales y éticas, basadas más en la apariencia y que llevan al desenfreno del extremo opuesto que resulta igualmente dañino. Cuando hablamos de ayuno, de dormir en el suelo, etc. nos imaginamos a nosotros mismos cargados de cilicios y con el flagelo en la mano, lo que es sencillamente depresivo. Hemos de interpretar estas palabras con una visión más deportiva del asunto. El atleta entrena, tiene una disciplina, estricta y así espera alcanzar la gloria, el triunfo, en el estadio. Eso es lo que tenemos que hacer. Es muy sencillo. Yo me acuerdo que, cuando era algo más pequeño que ahora, ante cualquier contrariedad decíamos “vaya por Dios”. Ahora lo hemos sustituido por un “c…” o por un “me c… en la mar”, como si la mar tuviera algo que ver en el asunto. Ese “vaya por Dios” era un reconocimiento implícito, tal vez inconsciente, de que nuestra experiencia, aparentemente negativa, estaba sirviendo para una toma de consciencia, para un desarrollo espiritual que, de otra forma, no podríamos alcanzar. Sencillo ¿no?

Os dejo con las palabras de Evagrio.


“El hombre no puede rechazar los recuerdos pasionales si no presta atención a la concupiscencia y a la cólera, disipando a la primera con ayunos, velando y durmiendo en el suelo, y calmando a la segunda con actos de soportación, de paciencia, de perdón y de misericordia. De las pasiones antedichas surgen casi todos los pensamientos demoníacos que empujan al intelecto a la ruina y a la perdición. Pero es imposible superar estas pasiones si no se desprecian totalmente los manjares, las riquezas y la gloria y aun el propio cuerpo, con motivo de aquellos pensamientos que tan a menudo lo flagelan. Es absolutamente necesario, pues, imitar a aquellos que se encuentran en el mar, en peligro, y que echan por la borda los aparejos a causa de la violencia de los vientos y de las olas. Pero llegados a este punto, debemos guardarnos de desprendernos de los aparejos para ser mirados por los hombres, o habremos ya recibido nuestra merced, ya que otro naufragio más terrible que el primero nos afligirá, y entonces soplará el viento contrario, el del demonio de la vanagloria. Por tanto, también el Señor nuestro de los Evangelios, impulsando a nuestro intelecto que es el capitán del barco, nos dice: Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto por ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los Cielos (Mt 6:1). Y dice además: Y cuando recéis, no seáis como los hipócritas; porque ellos gustan de orar en las sinagogas y en los cantones de las calles, de pie para ser vistos por los hombres: por cierto os digo, que ya tienen su pago (Mt 6:5-16).”

sábado, 3 de julio de 2010

Evagrio el Monje (2)

Decíamos en el ayer de nuestro tiempo terrenal que en los primeros párrafos de “A propósito del discernimiento de las pasiones y de los pensamientos” de Evagrio el Monje, el autor parecía asumir la existencia, no de un diablo, sino de varios con diferentes personalidades o especialidades en el arte del mal, entendido éste como la forma de llevar al hombre por caminos que lo aparten de la práctica de las virtudes. Ni entonces, ni ahora la Iglesia Católica rechaza la existencia de Satanás. Pero ¿qué o quién es el Diablo o Satanás o como queramos llamarlo? ¿Es una única persona o son varias?
Jesús (Mt 15-11) afirma: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” A la vista de este pensamiento no parece que Satanás sea algo externo a nosotros. Aquí la Iglesia Católica es contundente: el hombre nace impuro, con la mancha del pecado original. Pero veamos qué nos dice Evagrio. Dos párrafos más adelante continúa:
“En breve: no sucede que el hombre tropiece con el Demonio, si antes no ha sido herido por esos tres males principales. Y también delante del Salvador, el Diablo antepuso estos tres pensamientos: primeramente exhortándolo a convertir las piedras en panes, luego prometiéndole el mundo si se postraba a sus pies, adorándolo, y como tercera cosa, lo tienta con la posibilidad de que la gloria lo cubriría si, cayendo de las almenas del templo, los ángeles lo recogen y lo salvan, como Hijo de Dios que es. Pero nuestro Señor, mostrándose superior a todo esto, ordenó al Diablo que se alejara de Él, enseñándonos así que no es posible rechazar al Diablo si no se desprecian estos tres pensamientos.”
“Todos los pensamientos demoníacos introducen en el alma conceptos relativos a objetos sensibles, y el intelecto, compenetrándose de ellos, imprime en sí mismo las formas de esos objetos. El alma reconoce, entonces, al demonio que se asocia al objeto mismo. Por ejemplo: si en mi mente se presenta la fisonomía de quien me ha agraviado u ofendido, es evidente que surgirán en mí pensamientos de rencor. Si surgiera el recuerdo de las riquezas o de la gloria, recordaré claramente por el objeto, cuál es el motivo de mi angustia. Lo mismo sucede con los otros pensamientos: por el objeto descubrirás quién es el que viene a insinuarlos. Sin embargo, no quiero decir que todo recuerdo de tales objetos provenga de los demonios. Porque es el intelecto mismo, accionado por el hombre, el que produce las imágenes de los acontecimientos. Provienen de los demonios aquellos recuerdos que suscitan la ira o la concupiscencia contra natura. Con motivo de la turbación que causan estas potencias, el intelecto, mediante el pensamiento, comete adulterios y se embarca en guerras, porque no puede acoger la imagen de Dios, su legislador. En efecto, esa luminosidad se manifiesta al principio fundamental del alma en el tiempo de la plegaria, en la medida en que ésta se despoje de los conceptos relativos a los objetos.”

Gula, dinero y gloria son los tres pensamientos que abren las puertas a los diablos para cada una de las restantes tentaciones. Aún más, Evagrio asegura que “es el intelecto mismo, accionado por el hombre, el que produce las imágenes de los acontecimientos” La coherencia con la frase de Jesús, recogida en el Evangelio de San Mateo, es rotunda. Así pues, podemos afirmar tranquilamente que las tentaciones, los actos que nos apartan de la virtud, son generados por nuestros pensamientos. Es claro, por tanto, que la hesiquia, la tranquilidad de mente, el acallar la mente, es la mejor “terapia” para conseguir la permanencia en el camino de la virtud. En Mt 5:27-30, Jesús avisa del pecado de pensamiento La interpretación que tradicionalmente se ha dado a estos versículos es, en mi opinión, imprecisa y hasta contraproducente. De lo que realmente nos está avisando Jesús es del peligro que subyace en nuestros pensamientos, sean en relación con el adulterio o con cualquier otra desviación de la Ley de Dios. Y digo que puede ser contraproducente porque el propio esfuerzo, la propia concentración en el pensamiento para rechazarlo obliga a tenerlo continuamente presente. Se trata por el contrario de dejarlo pasar, anclar nuestra mente a un pensamiento limpio y para ello la oración continua se presenta como un arma infalible. No son técnicas exclusivas del hesicasmo, muchas otras técnicas de meditación las usan. Es lógico: las potencias del hombre son las mismas en cualquier parte del mundo y las artes meditativas van dirigidas a los hombres, no a los animales.
Estas consideraciones nos dan una ventaja fundamental en nuestra evolución espiritual. En efecto, las tentaciones no empiezan si logramos dominar nuestra mente y hacerla indiferente a la gula, el dinero o la gloria. Esto lo consigue Jesús en las mal llamadas tentaciones en su retiro al desierto. Y esto no depende de nadie, sino de nosotros. Pero ¿qué es esto sino desapego y humildad o sea los primeros pasos que empezamos dando en nuestro viaje hesicasta?
Lo que hemos visto en estas líneas precedentes es solo un atisbo de lo que podemos encontrar releyendo una y otra vez las palabras de Evagrio. Hacedlo, por favor, pero hacedlo con la mente abierta, libre de prejuicios y de dogmas. Estoy seguro de que llegaréis a entender mejor la palabras del Maestro mucho mejor.

viernes, 2 de julio de 2010

Odas de Salomón (oda 19)

Traigo hoy al blog la oda 19 de las denominadas Odas de Salomón. Se trata de una colección de 42 odas que aunque se atribuyen nominalmente a Salomón parecen haber sido escritas en los tres primeros siglos del cristianismo. El hecho que los primeros manuscritos aparecieran junto con los Salmos propició su denominación. Aunque existen semejanzas con los Salmos e incluso con el Evangelio de San Juan, la continua mención al conocimiento, gnosis, hace pensar que se tratara de textos de carácter litúrgico de un grupo cristiano gnóstico o incluso hereje para la iglesia oficial, si se me permite la expresión.
Aunque escritas en un estilo metafórico suave, son fácilmente comprensibles en un primer plano de entendimiento, su trasfondo es mucho mayor. Creo que merecen una meditación.
Una copa de leche me fue brindada,
Y bebí en la dulzura de la delicia del Amo.
El Hijo es la copa
Y la leche provino del Padre,
Y el Espíritu Santo extrajo la leche
Porque sus pechos estaban llenos,
Y era necesario para Él que su leche fuera liberada,
Y el Espíritu Santo destapó su seno
Y mezcló la leche de los dos pechos del Padre
Y brindó la preparación al mundo
Sin que el mundo lo supiera,
Y quienes la recibieron son los elegidos de su diestra.
La Virgen la recibió en su matriz y concibió y dio a luz.
Y la Virgen llegó a ser una madre con muchas misericordias.

jueves, 1 de julio de 2010

Entusiasmo

El entusiasmo es el mayor activo del mundo, pues vence al dinero, al poder y a las influencias.

(Profesor Bieniawski, Ingeniero,experto en Mecánica de Rocas)

domingo, 27 de junio de 2010

Maestros

Para aquellos que se consideran maestros, para aquellos que buscan maestro:

“Tantos discípulos que quieren enseñar y tantos maestros que no quieren aprender”. (Paul Richard, 1949)

Evagrio el Monje (1)

Iniciamos con esta entrada un recorrido por una obra emblemática de Evagrio el Monje: “A propósito del discernimiento de las pasiones y de los pensamientos”. En toda su obra hemos de recordar su biografía, en particular el hecho de que tuviera continuadas tentaciones que a punto estuvieron de hacerle perder su castidad durante su estancia en Constantinopla, siendo ya archidiácono. Esta obra está incluida en la Filokalia.
"Entre los demonios que se oponen a la práctica de las virtudes, los primeros que adoptan una actitud de guerra son aquellos que ostentan las pasiones por el buen comer, los que nos insinúan el amor por el dinero, y los que nos estimulan a buscar la gloria que proviene de los hombres. Todos los demás vienen detrás de éstos y reciben a los que han sido heridos por ellos. Efectivamente, es poco probable que se caiga en manos del espíritu de la fornicación si no se cayó antes por gula. Y no hay quien, habiendo sido turbado por la ira, no se haya previamente encendido por los placeres de la buena mesa, por las riquezas o por la gloria. Y no hay modo de huir del demonio de la tristeza, si no se soporta la privación de todas estas cosas. Así como nadie puede huir del orgullo, primera camada del diablo, si no se ha erradicado antes la raíz de todos los males, que es el amor por el dinero, sí es verdad, como dice Salomón, que la indigencia hace al hombre humilde (Pr 10:4).”

Hay varias cosas que llaman la atención en este texto. La primera no es que reconozca la existencia del diablo, sino que le atribuya diferentes personalidades y sobretodo que los especialice. Es una organización perfecta: primero el bombardeo con la gula, el dinero y la gloria humana y después la fornicación, la ira, la tristeza, el orgullo,… Por otro lado, no menciona el pecado como tal, sino que enfrenta la intervención de los diablos a la “práctica de las virtudes”. De ahí al concepto de pecado hay muy poco recorrido, al menos en apariencia. No perdamos de vista, sin embargo que ni cita la palabra, ni tampoco expone el concepto de pecado. Tan solo habla de “guerra”. Dejémoslo aquí por el momento y centrémonos en las últimas frases.
En efecto, son éstas las que, particularmente, me llaman más la atención. Afirma Evagrio que, según Salomón, “la indigencia hace al hombre humilde” Indigencia significa pobreza, falta de medios para alimentarse, vestirse, etc. La frase parece casi de Perogrullo, pero es cierta, porque no hablamos de humildad como carencia de medios, sino de humildad como conocimiento de sí mismo. La carencia de cosas materiales, el desprendimiento, facilita el conocimiento de sí mismo. Curiosamente, sin embargo, cita Proverbios 10,4. Pues bien, este texto según las diversas Biblias disponibles hoy día, sería “La mano negligente hace pobre, pero la mano diligente enriquece”. ¿Dónde aparece el término indigencia o pobreza usado por Evagrio? En la consecuencia del acto de ser negligente. Sin embargo, según Evagrio, la indigencia sería la causa, no la consecuencia, de la humildad. Parece haber, pues, una equivocación en las traducciones más recientes. Equivocación que nos invita a trabajar para obtener la pragmática riqueza en lugar de pensar en la pobreza, en la renuncia a lo material, como vía de autoconocimiento, lo que sería un hábil subterfugio para convencer al pueblo de que lo bueno y santo es trabajar. Dejando de lado suspicacias y malos pensamientos, deberíamos investigar en las traducciones más primitivas, por ejemplo en la Septuaginta, el significado original. Pues bien, según algunos expertos como Gerleman (N. Fernández Marcos; “Los estudios de la Septuaginta. Visión retrospectiva y problemática más reciente”), en la labor de los 72 traductores que intervinieron en su elaboración se aprecia un importante influjo helenístico que habría provocado frecuentes desviaciones en las traducciones respecto del original. Parece pues que, con cierta probabilidad, el libro de los Proverbios habría podido ser adulterado por una traducción literal o, si se me permite el término, poco esotérica. Ahora bien, ¿a qué versiones del Libro de los Proverbios habría tenido acceso Evagrio? O, ¿por qué no?, ¿a qué tradición oral habría tenido acceso?
Parece ser que el Libro de los Proverbios es una edición elaborada por los judíos al regreso de su exilio en Babilonia y recogió proverbios populares, aunque con frecuencia se atribuye a Salomón, que se encontraban publicados en varios libros dispersos. Se trata de un libro sapiencial y estamos hablando del siglo VI a.C. Al parecer, la palabra hebrea que habitualmente se traduce por proverbio tiene un significado más preciso: comparación. Esto es que el libro puede adoptar la forma de recomendaciones moralistas para llevar una vida honesta, honorable, bajo la apariencia de una colección de refranes, PERO el autor, o tal vez el compilador, habría pretendido establecer un paralelismo entre una vida más o menos terrenal, material aunque justa, y una vida más iniciática. Evidentemente las posteriores traducciones helenizantes habrían sido incapaces de transmitir esta segunda intención. Hay quien asegura que el Libro de los Proverbios fue traducido al hebreo de las escrituras de un sabio egipcio llamado Amenemope, quien los había extraído, a su vez, de otros escritos de más de 2.000 años de antigüedad anteriores a Salomón, la Sabiduría de Ptah-Hotep (http://civitassolis.blogspot.com/2008_07_01_archive.html) . Aunque es cierto que hay un gran paralelismo entre el Libro de los Proverbios y otros libros sapienciales egipcios y mesopotámicos, dejaremos en suspenso esta línea de investigación. Pero es precisamente en la tradicionalmente admitida como cuna del monaquismo cristiano, Egipto, donde se produce una cierta interrelación: “Las comunidades de Terapeutas y de Esenios, cuya presencia en Egipto menciona Filón, tenían bastante en común con las comunidades cristianas para que el historiador Sócrates, escribiendo algunos siglos más tarde, se equivoque y las considere como agrupaciones cristianas. Hubo, ciertamente, contactos e influencias mutuas entre esos grupos y las comunidades cristianas.” (Dom Armand Veilleux; “Los orígenes del monacato cristiano”) Estamos en resumen ante un fenómeno de inculturación en la que entra dentro de lo posible, por no decir de lo probable, que el monacato cristiano se viera influenciado entre otros por el pensamiento esenio y ello a pesar de que el movimiento esenio desapareciera dos siglos antes de los primeros balbuceos del monacato cristiano. Debemos tener en cuenta que la diáspora judía en Alejandría, en tiempos de Cristo, era importante; que dos representantes de dicha comunidad, Filón y Plotino, ejercieron notable influencia sobre la mística cristiana; que ya desde el día siguiente de Pentecostés se formó en dicha ciudad una comunidad cristiana; que los primeros monjes cristianos, San Antonio entre otros, lejos de ser unos incultos, como a veces se nos ha hecho creer, eran expertos conocedores de las enseñanzas filosóficas y teológica, tanto propias, como de otros grupos más o menos afines.
Como podemos ver, el campo de maniobra es muy amplio y también muy difícil, pero podríamos estar ante una conexión o al menos ante una influencia esenia sobre la mística cristiana primitiva, con posible acceso a versiones más profundas que las que han llegado hasta nosotros de los Libros de la Biblia.

sábado, 19 de junio de 2010

Buscando maestro

Es frecuente que preguntemos cuál es el mejor maestro para una determinada disciplina meditativa o para cualquier otra vía de acercamiento a Dios. Suelo dar siempre la misma respuesta: el mejor maestro lo encontrarás en tu interior. Creo que es rotundamente cierto, pero también es cierto que es un maestro de difícil acceso porque hemos de vencer numerosas dificultades. Hemos de vencernos a nosotros mismos y hemos de romper todas y cada una de las cuerdas, a veces pesadas cadenas, que nos atan al Mundo o a la Carne, cuando no al mismo Demonio.
Ningún maestro nos va a abrir el Libro del Conocimiento. Solo nos puede enseñar donde está y como leer, pero nadie puede sustraernos el privilegio de leerlo e interpretarlo. Esa vivencia es nuestra y solo nuestra. Toda posible interpretación, aun hecha con la mejor buena voluntad, será una información cercenada, cuando no errónea.
Dicen Aquellos Maestros de la Orientación que en verdad lo son que es preciso “vivir aquí y ahora” ¿porqué? En nuestro mundo hesicasta podemos encontrar la respuesta en una frase de Marcos el Asceta: “Si tú entiendes, según lo que dicen las Escrituras, que en toda la Tierra están los juicios de Dios, cada acontecimiento será para ti maestro del conocimiento de Dios.” En efecto, tanto la observación del mundo que nos rodea, como la aceptación, por nuestra parte, de las experiencias que la Vida nos propone (bendita obediencia) suponen una perfecta iniciación y una vía de acercamiento a nosotros mismos y con ello a Dios.

sábado, 12 de junio de 2010

A esto de caer y volver a levantarse

De vez en cuando, o mejor siempre, hemos de mirar a nuestro alrededor. Es un error encerrarse en uno mismo, convirtiendo la realidad de que llevamos a Dios en nuestro interior en la equivocación de encerrarnos en nosotros mismos. Así nos encontramos con partes de nosotros mismos y, en definitiva, con lo que buscamos en nuestro interior: con Dios.
Traemos hoy a nuestro blog este delicioso poema, toda una manifestación de sabiduría. Lo he descargado de un lindo blog, titulado TU DIA COMIENZA HOY) (http://tudiacomienzahoy.wordpress.com/2009/04/20/a-eso-de-caer-y-volver-a-levantarse/) Gracias a su gestora Mirian Aguilar.

A eso de caer y volver a levantarte.
De fracasar y volver a comenzar.
De seguir un camino y tener que torcerlo.
De encontrar el dolor y tener que afrontarlo.
A eso no le llames adversidad,
Llámale sabiduría.
A eso de sentir la mano de DIOS
Y saberte impotente.
De fijarte una meta y tener que seguir otra.
De huir de una prueba y tener que encararla.
De planear un vuelo y tener que recortarlo.
De aspirar y no poder, de querer y no saber,
De avanzar y no llegar.
A eso no le llames castigo,
Llámale enseñanza.
A eso de pasar días juntos radiantes.
Días felices y días tristes.
Días de soledad y días de compañía.
A eso no le llames rutina,
Llámale experiencia.
A eso de que tus ojos miren
Y tus oídos oigan.
Y tu cerebro funcione y tus manos trabajen.
Y tu alma irradie, y tu sensibilidad sienta.
Y tu corazón ame.
A eso no le llames poder humano,
Llámale milagro divino…

Todo tiene su hora y su momento

"¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme
de los asuntos de mi Padre?".

sábado, 5 de junio de 2010

Rezando despacio

Hoy día parece que la oración es la hermana pobre de la meditación y de la contemplación. Nuestro orgulloso ego nos juega subrepticiamente una mala pasada. La oración es, para un cristiano, la fase preparatoria de toda meditación y no por ello es menos importante que ésta. De cómo realicemos nuestra oración dependerá la “calidad” de nuestra meditación.
Se cuenta que había una religiosa muy nombrada por su santidad y su religión, que una noche en que estaba acostada y quería descansar, vio claramente a la santa Virgen que le hablaba: "Eulalia, ¿duermes?, ¿duermes, hija mía?" -"No, no duermo, mi queridísima Señora" respondió ella. Entonces dijo la santa Virgen: "Te advierto una cosa. Si quieres que las oraciones que me dedicas sean más provechosas para ti y me den más placer, trata de ahora en adelante de no decirlas tan deprisa, porque cada vez que me saludas con la salutación angélica, sábete que siento una gran alegría, sobre todo cuando tú me dices más lentamente: El Señor es Contigo. La alegría que experimento en ese momento es tal que no se puede expresar con ninguna palabra, porque me parece entonces que mi Hijo está en mí, e igual que entonces sentí un gozo inefable, lo mismo me pasa hoy cuando se me dice: El Señor es Contigo" (Milagros de la Virgen, Anónimo siglo XIII)

La oración es ese filtro, ese parachoques, que nos ha de permitir liberarnos de la pesada carga de nuestros pensamientos y de la servidumbre de las prisas a que tan acostumbrados estamos en nuestra cotidiana vida moderna.

La parábola del sembrador: una nueva interpretación

Recordemos, por un momento la parábola del sembrador (Marcos 4, 1-20):
Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga». Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone». Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben en seguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento».
De la lectura literal parece desprenderse una única interpretación posible: la capacidad de recibir la Palabra de Dios de unas personas frente a otras. Sin embargo, esas personas no parecen tener libertad de actuación. Su capacidad de decisión se haya cercenada. Su destino es el que es y no otro. Triste mensaje el que nos da Jesús. El Maestro de la Esperanza, corta de raíz toda posibilidad de salvación. ¿No será que hemos interpretado incorrectamente el mensaje? ¿No será que nos lo han traducido de forma equivocada?
La parábola del sembrador es una imagen literaria de una realidad universal donde el individuo es y no es; donde las partes y el todo se confunden; donde las acciones se suceden y encadenan de forma fractal. Tradicionalmente se ha asumido que el sembrador era Cristo, pero todos sabemos que quien siembra también ara y también retira las malas hierbas y también cosecha. El Maestro no se podía estar refiriendo “solo” a Sí mismo. Cada uno de nosotros es labrador en todas y cada una de sus actividades y cada uno de nosotros es responsable y lógicamente libre de ser buen o mal agricultor. Si la semilla de la Palabra cae en mala tierra es responsabilidad solo del sembrador o sea de cada uno de nosotros. Pero, al mismo tiempo somos tierra, tierra buena, rica en nutrientes y aireada, o tierra mala, dura, fría, y pobre en alimento, con piedra o limpia, con o sin malas hierbas. Somos labrador y finca. Y, la semilla ¿qué pinta en todo esto? En la parábola se asimila a la Palabra de Dios, Espíritu Divino, lo que no deja de ser una parte de nuestro ser. Cuerpo, alma y espíritu. Tierra, agricultor y semilla. El círculo está cerrado.
Que tengáis una buena meditación y Dios os acompañe.

miércoles, 2 de junio de 2010

Corpus Christi


Con la celebración del Corpus Christi, irremediablemente me vienen a la cabeza dos palabras contrapuestas: dentro y fuera. Dentro para los cristianos católicos. Fuera para los demás que “no se enteran”. Y resulta que SOMOS NOSOTROS LOS QUE NO NOS ENTERAMOS.
En Wikipedia podemos leer: “es una fiesta de la Iglesia Católica destinada a celebrar la Eucaristía. Su principal finalidad es proclamar y aumentar la fe de la Iglesia Católica en Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento.” Rememoramos un milagro el sangrado de la Sagrada Forma cuando un sacerdote, dudando él de lo que estaba haciendo, partió la Misma una vez consagrada. Hablamos del siglo XIII
Pero a mí, el Cuerpo de Cristo me trae a la cabeza otro aspecto, más importante aún que el anterior. El Cuerpo de Cristo debería recordarnos, como Él mismo dijo, a un concepto de unidad porque Cristo no dio su cuerpo y su sangre solo por los cristianos, sino por todos judíos y gentiles. En esta época de crisis económica, de valores, de éticas, debería recordarnos que todos, cristianos y musulmanes, judíos y budistas, creyentes y ateos, negros, amarillos o blancos, pobres y ricos, listos y menos listos,… todos somos Uno.
Debemos dejar de marcar diferencias, aunque sean importantes, aunque teológicamente la festividad sea irrefutable. Nadie lo discute. Pero, ¡resulta tan agradable cuando os sentamos todos a la misma Mesa!

domingo, 30 de mayo de 2010

Para los que estéis en Silencio

Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de
noche.
Aquella eterna fonte está escondida, que bien
sé yo do tiene su manida, aunque es de noche.
Su origen no lo sé, pues no le tiene, mas sé que todo origen de ella
tiene, aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella, y que cielos y tierra beben de ella, aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla, y que
ninguno puede vadealla, aunque es de noche.
Su claridad nunca es oscurecida, y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
Sé ser tan caudalosos sus corrientes que infiernos y cielos riegan y las gentes, aunque es de noche.
El corriente que nace de esta fuente bien sé que es tan capaz y omnipotente, aunque es de noche.
El corriente que de estas dos procede sé que ninguna de
ellas le precede, aunque es de noche.
Aquesta eterna fonte está escondida en este vivo pan por darnos vida, aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas, y de esta agua se hartan, aunque a oscuras porque es de noche.
Aquesta viva fonte que deseo, en este pan de vida yo la veo, aunque es de noche.

«Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe» (San Juan de La Cruz)

El Silencio (y 2)

Es curioso ver como cada uno de nosotros interpreta el silencio. Os presento a continuación varias frases y proverbios relativos al silencio. Todas son válidas, porque cada una de estas frases tiene un origen y n destino. Os propongo un juego: ¿Cuál de ellas creéis que debe ser la más adecuada para el hesicasta?

Hay personas silenciosas que son mucho más interesantes que los mejores oradores. (Benjamín Disraeli)
Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras. (William Shakespeare)
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. (Proverbio hindú)
El silencio es el único amigo que jamás traiciona. (Confucio)
Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso. (Proverbio judío)
¡Basta de silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido! (Santa Catalina de Siena)
Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos. (Martin Luther King)
Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena. (Mahatma Ghandi)
Cuesta más responder con gracia y mansedumbre, que callar con desprecio. El silencio es a veces una mala respuesta, una respuesta amarguísima. (Gar Mar)


La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio. (Proverbio persa)
El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos. (Miles Davis)
El silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes. (Thomas Carlyle)
Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos. (Curcio)
Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra.(Georges Benjamin Clemnceau)

El silencio es un gran arte para la conversación. (William Hazlitt)

El Silencio (1)


El silencio es imposible. El silencio es incompatible con la vida. La vida emite “sonidos” más o menos audibles. El silencio como ausencia total de sonido es una entelequia. No es ese silencio el que debemos buscar.
Silencio es conocer el auténtico ritmo de las cosas que nos rodean. Silencio es escucharnos a nosotros mismos y a los demás. Estamos inmersos en un mundo de ruidos. Todos hablan al mismo tiempo, los ritmos musicales se vuelven cada día más frenéticos, como la propia vida: oímos, pero no escuchamos. Nos estamos separando del silencio. Pero no porque hagamos ruido, sino porque cada día nos resulta más difícil escuchar. Hay una contaminación sonora que nos impide distinguir lo fundamental de lo superfluo. Nuestra mente divaga como una mariposa de flor en flor, atraída por una paleta de colores cada día más amplia y cada día más engañosa.
Hace tiempo me preguntaron: Y yo que llego agobiada del trabajo, preocupada por la hipoteca, las deudas, las enfermedades,… ¿cómo puedo aparcar las prisas? ¿Cómo puedo dejar a un lado las cargas? ¿Cómo puedo escucharme para conocerme mejor? Y, más difícil aún, ¿cómo me pongo en disposición de entregarme totalmente a Dios? Entonces no supe qué contestar. Yo tenía una vida fácil que me permitía todo eso y más, pero no sabía hacerlo extensivo a los demás.
Somos rebeldes y nuestra rebeldía nos hace incapaces de escuchar, nos inhabilita para el silencio. Uno de los votos religiosos tradicionales, la obediencia, es tal vez el más incomprendido. Parece que estemos creando un grupo de seguidores fieles y ciegos tras un líder manipulador. Al menos esa es la creencia de muchos que solo han llegado a ver los rescoldos de lo que fue una gran hoguera de Amor. Nuestras religiones, y todo lo que las sustenta, se han quedado prendidas del Cielo por alfileres dogmáticos inadmisibles, por injustificados, para el hombre moderno que olvida la humildad que deberían recomendarle sus limitaciones y cree saberlo todo e inexplicadas por quienes detentan la obligación de hacerlo porque, como decía René Guenón, están perdiendo la conexión espiritual con la Tradición primitiva. Y pocos se han preocupado de desarticular esa lógica dañina e irrefutable en sí misma, pero no en sus premisas.
La obediencia propugnada en sus orígenes no se refiere tanto al acatamiento de la voluntad de otro al que supeditamos la nuestra propia, como a la aceptación de esta vida, con sus alegrías y sus tristezas, como experiencia que no nos ha tocado vivir, sino que hemos aceptado experimentar.
Es frecuente, demasiado frecuente, que en nuestras conversaciones cotidianas oigamos las quejas de nuestros interlocutores sobre las desdichas del día a día, sobre lo malos que son los políticos, sobre la delincuencia que asola nuestras calles, sobre lo malos que son nuestros vecinos, … Siempre nos estamos quejando. Debemos aprender a aceptar las cosas como son. La persona que tenemos en frente o a nuestro lado es como es y no como nosotros queremos que sea. Hoy hace calor y mañana hará frío y lloverá, por mucho que nos quejemos no podremos cambiarlo y, sin embargo, algo hay en todos estos hechos que debemos aprender. La vida es un libro que debemos leer, podemos ver una versión cinematográfica que nos condensará todo en unas horas y nos desviará la atención sobre los efectos especiales o podemos, peor aún, dejar el libro en casa y marchar a la calle “de copitas” o resolver lo que creemos es nuestra vida. Estaremos perdiendo miserablemente el tiempo.
Así, pues, aceptemos la vida como es, sin rechistar. Así estaremos en condiciones de acallar nuestra mente, de traer a ella el silencio, como no divagación, que necesitamos para escuchar y comprender el mensaje divino.

sábado, 29 de mayo de 2010

Yo acepto ¿y tú?

No es fácil, pero es la única solución. El mundo es como es y así lo has de aceptar. Puedes, ¿cómo no?, rebelarte y despotricar, pero eso solo te llevará a la desesperación, a la angustia, al sufrimiento, al miedo, a la depresión, a las guerras hijas de la incomprensión...
Si tu hermano no es como esperabas que hubiera de ser, si tu vecino es peor de lo que tú quisieras, no sabes por qué razón, acéptalo. Si tu pareja rompió tus esperanzas, las del momento del amor de pasión, ese que os llevó a lo que tenía que pasar y ahora piensas que dejó de ser, acéptalo. Si el odio te ha puesto en el punto de mira de algunos o de todos sin saber por qué, acéptalo. Si tu mente y tu cuerpo ya no son como fueron en una ocasión, acéptalo.
Forma parte de tu misión vivir lo que has de vivir, caminar por los caminos por los que has de pasar, haciendo camino y nada más.
Hay quien dice, no sin racional razón, que hay que levantarse contra los tiranos, contra las injusticias, contra los que avasallan escudados tras su poder, contra aquellos que un día recibieron el encargo de nuestra representación y hoy parecen haberlo olvidado, pero… luchar con las mismas armas de la sinrazón es perder la que tengamos y permitir que ganen ellos. No hay que tener miedo de los que pueden matar el cuerpo, sino de los que pueden ahogar el alma, asfixiarla, impedir, en fin, que cumpla su misión. Porque cuando nos enfrentamos al “malo”, lo estamos separando de nosotros, es lo que podríamos decir un crimen de lesa majestad, sí, porque estamos intentando separar a Dios de Dios. El Amor llevado al extremo de Cristo, conlleva la aceptación del otro humano, animal, vegetal, mineral u objeto artificial, sus formas, sus apariencias y sus esencias, tal como son, sin quitar, ni poner nada.
Como decía al principio, cuesta y mucho. Avanzaremos y retrocederemos, pero debemos intentarlo. Yo acepto, ¿y tú?

viernes, 28 de mayo de 2010

Sobre la oración y lapureza del corazón (y 10)


Terminamos ya con esta defensa del hesicasmo por parte de San Gregorio Palamás con desenmascaramiento de aquellas personas que, pareciendo hesicastas, distan mucho de serlo. Aclara perfectamente que no hay hesicastas “con apellidos”, que el hesicasmo es uno y nada más. Las clasificaciones absurdas basadas en formas de expresarse son dañinas y más propias de fariseos. Confunden la forma con el fondo. Estableciendo esas clasificaciones restan vitalidad al hesicasmo, calumnian “a quienes representan, nombran y persiguen las realidades invisibles por medio de símbolos corporales”. En efecto los santos hesicastas manejan puntos de vista diferentes para facilitar la comprensión y la práctica del hesicasmo, pero no persiguen atar el espíritu a una parte concreta del cuerpo, el vientre, el corazón o la cabeza. Y no lo persiguen porque “el espíritu no está ni dentro ni fuera del cuerpo”
Aquellos cuyos propósitos me recuerdas con tu pregunta parecen compartir el mal del fariseo... desdeñan la actitud de la oración justificada del publicano y exhortan a los demás a no imitarlo en ella. «No se atrevía ni a levantar sus ojos al cielo» dice el Señor (Lc 18, 13). Lo imitan, por el contrario, aquellos que, orando, aplican sus ojos sobre ellos mismos. Quienes se refieren a ellos dándoles el sobrenombre de omphalópsicos (los que colocan su alma en el ombligo) calumnian a sus adversarios -¿de entre ellos, alguno colocó jamás el alma en el ombligo?-, se comportan además como detractores de prácticas que merecen alabanzas y no como esclarecedores de equivocaciones. No es la causa de la vida hesicasta y de la verdad lo que los impulsa a escribir, es la vanidad. No es su deseo el introducir sobriedad, sino el alejarla. Por todos los medios tratan de perjudicar a la obra y a aquellos que se dedican a ella con celo. Podrían también tratar de koliópsico al que dijo: «Mi vientre (kolia) se estremece como un arpa...» (Is 16, 11) y envolver en la misma calumnia a quienes representan, nombran y persiguen las realidades invisibles por medio de símbolos corporales...
Tú conoces la vida de Simeón el Nuevo Teólogo, sus escritos, y a Nicéforo el Hagiorita... que enseñan claramente a los principiantes aquello que, según me dices, otros combaten. ¿Pero, para qué limitamos a los santos del pasado? Hombres que han dado testimonio del poder del Espíritu santo, nos enseñaron todo esto por su propia boca: Teolepto, obispo de Filadelfia, Atanasio el Patriarca (fin del siglo XIII, comienzos del XIV). Tú los escuchas, a ellos y a otros, antes que ellos y después de ellos, invitando a conservar esa tradición que nuestros nuevos maestros en hesicasmo (...) se dedican a despreciar, a deformar y arruinar, sin beneficio para sus oyentes. Nosotros mismos hemos vivido con algunos de los santos más altamente considerados: fueron nuestros maestros. ¿Cómo, entonces, desdeñaríamos a quienes la experiencia, unida a la gracia, ha formado, para alinearnos detrás de los que no tienen otro título para enseñamos que su orgullo?
Huye de esas gentes y repítete sabiamente a ti mismo, como David: «Bendice a Yahvé, alma mía y bendiga todo mi ser su santo nombre» (Sal 103, 1). Escucha dócilmente a los Padres, escúchalos aconsejarte acerca de los medios para hacer reentrar al espíritu.
Aquel que trata de mesalianos a los que consideran al cerebro o al corazón como asiento del espíritu, que lo sepan: atacan a los santos. San Atanasio coloca el asiento de la razón en el cerebro. Macario, cuyo resplandor no es inferior, coloca en el corazón la operación del espíritu. Y casi todos los santos están de acuerdo con ellos. San Gregorio de Nisa, afirmando que el espíritu no está ni dentro ni fuera del cuerpo, no está en contradicción con ellos. Pues los otros colocan el espíritu en el cuerpo en tanto que lo consideran unido a él. Hablan simplemente colocándose en otro punto de vista pero no tienen una opinión diferente.

domingo, 23 de mayo de 2010

WILLIGIS JAGER responde

PREGUNTA: ¿Cual es la diferencia entre meditación y contemplación?

Hoy en día, lamentablemente, ya no se utilizan estos dos términos en sus formas originales. La meditación, según la clasificación tradicional, se refiere a los dones intelectuales y sensuales del ser humano: la razón, los sentimientos y los sentidos, ocupándose de imágenes, palabras y metáforas que estimulan las potencias del alma. Pero los que se encaminan a la contemplación han de dejar atrás la meditación durante este ejercicio. Por otro lado, se da por supuesto que los que se dediquen a la contemplación ya han practicado intensamente las otras dos formas de oración. La contemplación únicamente es posible cuando queden calladas la razón, la memoria y la voluntad. Todas las potencias del alma están aquí pasivas. Ninguna idea o contenido serán admitidos, incluso habrá que abandonar todas las visiones, pensamientos e ideas religiosas. Contemplación es un "puro mirar"; algo le va sucediendo al orante. Se trata de despertar el verdadero ser divino.

El Circo de la Mariposa

Durante la Segunda Guerra Mundial, una ciudad francesa fue brutalmente bombardeada. Uno de sus ciudadanos sufrió la amputación de todas sus extremidades. El trauma fue inenarrable. Sin embargo, la vida tomó, para este hombre, un sentido que hasta entonces no había tenido. Sometido a la inmovilidad más absoluta, sometido a esa mezcla estúpida de compasión y subestima por parte de los "normales", este hombre fue capaz de vivir con una intensidad que ya quisieramos muchos de nosotros.
Hoy mi hijo, Fernando, me ha pasado dos vídeos, primera y segunda parte, de un corto, "El Circo de la Mariposa",la metamorfosis del ser humano para el que, como dice Méndez, uno de los protagonistas, cuanto mayor es el reto, mayor es la gloria.
Podéis ver los vídeos en la columna de la derecha del blog.

sábado, 22 de mayo de 2010

Hesikia versión Neruda

A CALLARSE (Pablo Neruda)

Ahora contaremos doce
y nos quedamos todos quietos.

Por una vez sobre la tierra
no hablemos en ningún idioma,
por un segundo detengámonos,
no movamos tanto los brazos.

Sería un minuto fragante,
sin prisa, sin locomotoras,
todos estaríamos juntos
en una inquietud instantánea.

Los pescadores del mar frío
no harían daño a las ballenas
y el trabajador de la sal
miraría sus manos rotas.

Los que preparan guerras verdes,
guerras de gas, guerras de fuego,
victorias sin sobrevivientes,
se pondrían un traje puro
y andarían con sus hermanos
por la sombra, sin hacer nada.

No se confunda lo que quiero
con la inacción definitiva:
la vida es sólo lo que se hace,
no quiero nada con la muerte.

Si no pudimos ser unánimes
moviendo tanto nuestras vidas,
tal vez no hacer nada una vez,
tal vez un gran silencio pueda
interrumpir esta tristeza,
este no entendernos jamás
y amenazarnos con la muerte,
tal vez la tierra nos enseñe
cuando todo parece muerto
y luego todo estaba vivo.

Ahora contaré hasta doce
y tú te callas y me voy.

viernes, 21 de mayo de 2010

Vuestra soy, para vos nací

Lecciones de abandono de una gran mística. Enfrentad así la medtación y notaréis un gran avance:

Vuestra soy, para vos nací:¿qué mandáis hacer de mí? Soberana Majestad, eterna Sabiduría, Bondad buena al alma mía; Dios, Alteza, un Ser, Bondad: la gran vileza mirad, que hoy os canta amor así:¿qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes, vuestra, pues me redimiste; vuestra, pues que me sufriste, vuestra, pues que me llamaste. Vuestra, porque me esperaste, vuestra, pues no me perdí: ¿qué mandáis hacer de mí? ¿Qué mandáis, pues, buen Señor, que haga tan vil criado?¿Cuál oficio le habéis dado a este esclavo pecador? Veisme aquí, mi dulce amor, amor dulce, veisme aquí:¿qué mandáis hacer de mí? Veis aquí mi corazón, yo le pongo en vuestra palma: mi cuerpo, mi vida y alma, mis entrañas y aflicción. Dulce Esposo y Redención, pues por vuestra me ofrecí: ¿qué mandáis hacer de mí? Dadme muerte, dadme vida; dadme salud o enfermedad, honra o deshonra dadme; dadme guerra o paz crecida, flaqueza o fuerza cumplida, que a todo digo que sí:¿qué queréis hacer de mí? Vuestra soy, para vos nací: ¿qué mandáis hacer de mí?

Santa Teresa de Ávila (1515-1582), carmelita descalza, doctor de la Iglesia

Artistas en meditación

El arte es un escaparate de seres de alto grado de consciencia. Veamos un corto ejemplo:

“Pronto el silencio será una leyenda del pasado. El hombre inventa, dia tras día, máquinas y dispositivos que aumentan el ruido y distraen a la humanidad de la esencia de la vida, de la contemplación, de la meditación.” (Jean Arp)
“Mi martillo y yo somos uno. Solo sé clavar clavos en la miga de pan, pero cuando clavo clavos en la miga de pan, clavo tan bien que mis amigos lo olvidan todo y se sienten literalmente transportados, transfigurados en azur puro.” (Jean Arp)

“Siempre hay flores para el que quiere velas” (Henri Matisse)
“El artista solo ve verdades antiguas con una nueva luz, porque no hay nuevas verdades” (Henri Matisse)
“El abandono en Dios es un don y, al mismo tiempo, la mayor manifestación de la libertad del hombre (Doménico Cieri Estrada)
“Dios nos habla a veces tan claro que parecen coincidencias” (Doménico Cieri Estrada)
“Para conocer la flor del ciruelo,
Tanto el propio corazón,
Como la propia nariz”
(Poema de Onitsura)

lunes, 17 de mayo de 2010

Mimosa púdica


La Mimosa púdica es una planta de origen americano (cada vez tengo más claro que tenemos que redescubrir América o, mejor, dejar que los americanos nos colonicen) cuya característica principal es que reacciona al contacto con un objeto extraño plegándose como si fuera una planta mustia y, por tanto, no apetecible para un posible depredador. Dispone pues de un mecanismo de defensa que le hace cerrarse hacia sí misma.
No pretendo dar clases de botánica porque seguro que, como en tantas otras cosas, alguien me las daría a mí. No: se trata de una meditación. Hay muchos seres a nuestro alrededor que, ante un acercamiento que a nosotros no nos parece agresivo, pero sí para él, se encierran en si mismos y no nos dejan ver su belleza interior, ¿quién sino nosotros tiene la culpa de que eso ocurra así, de que el acercamiento no haya sido posible, de que hayamos privado al mundo de la bella manifestación de amor de ese ser? He visto en muchas ocasiones el rechazo, el desprecio, la incomprensión, la crítica más o menos velada hacia personas “raras”, a las que se termina calificando de poco sociables, de malajes o de cosas peores, desplazándolas a “corralitos” en lo que sociológicamente llamamos “grupos en riesgo de exclusión social”. Eso sí, después de establecer la clasificación nos quedamos tan anchos, escribimos artículos, ponencias, y dejamos que nos califiquen de expertos en una maquiavélica estrategia equivalente a la autocalificación.
Y sin embargo habremos sido nosotros los que habremos establecido esa marginación y los que habremos impedido que la Humanidad disfrute de la amorosa belleza interior de esas personas. Con razón decía Teresa de Calcuta: «Jamás sabremos lo mucho que puede hacer una simple sonrisa».
Claro que a lo mejor somos nosotros los que tenemos miedo porque desconocemos el Amor que se encierra en nuestro prójimo. Veréis cuando se me acerca un perro desconocido le dejo que me olfateé, incluso le tiendo la mano. Después de esto el perro permitirá que nos acerquemos e incluso se dejará acariciar. ¿Funciona siempre? Pues, no. Necesitamos saber en qué estado se encuentra el perro, si ha sido agredido hace poco, si ha sufrido maltrato habitual, si está encerrado o atado, si… Parece difícil pero no lo es, solo hace falta querer comprender al perro, observarlo, no tener miedo… Hay personas que nunca serán capaces de dejar que se les acerque un perro, más aún procurarán evitarlos, ¿porqué? Porque su desconocimiento les causa miedo. Con las personas nos pasa lo mismo, solo que aquí nos escudamos en la “normalidad de grupo” que nos hace rechazar al “subgrupo de los anormales”, o más bien de los que consideramos anormales.
Por eso os recomiendo: ¡Sonreíd por favor! Estaréis en condiciones de ver el Amor en todos los rincones, seréis más felices y haréis felices a los demás.

sábado, 15 de mayo de 2010

Sobre la oración y sobre la pureza del corazón (9)

En el siguiente párrafo, un párrafo muy extenso por cierto, San Gregorio teoriza sobre el hesicasmo, podríamos decir que da un fundamento teológico a algunos de los métodos empleados por los hesicastas. Los relacionamos antes de transcribir el texto:
A. Postura encorvada (los modernos hesicastas proponen la espalda recta por influencia riental, en mi opinión)
B. Concentración en el ombligo (respiración) o el corazón como símbolo de acogimiento de Dios.
C. El mal sale del propio hombre.
D. Vigilancia permanente y/o oración continua.
E. Actitud exterior para controlar nuestro interior.
Demás da una interesante explicación del perjuicio. Implícitamente parte de un equilibrio entre el cuerpo y el espíritu con el fiel del alma. Cuando prevalecen los placeres del cuerpo, de la carne, el equilibrio se pierde y el hombre se hace enteramente carnal, expulsa el Espíritu. Por el contrario, en aquellos que elevan su espíritu al Espíritu Divino, “su carne transformada comparte el crecimiento del espíritu”, esto es el espíritu por acercarse al Espíritu Divino no desequilibra al hombre, al contrario, recuerda las palabra del Apóstol: la carne no es buena en tanto que en ella no habite la ley de la vida, mutatis mutandi vivir para el cuerpo solo trae la muerte del hombre aunque su cuerpo permanezca mucho tiempo con el aspecto de un efebo.
Un gran doctor escribió que (A) «después de la transgresión, el hombre interior se modela según las formas exteriores». Aquel que quiere introvertir su espíritu e imponerle, a cambio del movimiento longitudinal, el movimiento circular e inefable, en lugar de pasear (B) su mirada de aquí para allá, obtendrá mayor provecho concentrándola en su pecho o en su ombligo. (A) Curvado, imita exteriormente el movimiento interior de su espíritu y, por esta actitud del cuerpo, introduce en su corazón la potencia del espíritu al que la vista vuelca hacia fuera. (B) Si es verdad que la potencia de la bestia interior tiene su asiento en la región del ombligo y del vientre, donde la ley del pecado ejerce su imperio y le proporciona alimento, ¿por qué no emplazar allí, precisamente, todo el ejército de la oración, para oponérsele? Para impedir que el espíritu malvado, expulsado por el baño de regeneración, retorne con siete espíritus aún más malvados a instalarse por segunda vez y que la nueva situación sea peor que la primera (cf. Lc 11, 26). (C) «Toma cuidado de ti», dijo Moisés (Dt 15, 9), de ti, íntegramente y no de esto o de aquello. ¿Cómo? ¡Por el espíritu! No existe otro medio de tomar cuidado de sí. Coloca esta guardia ante tu alma y tu cuerpo, él te librará fácilmente de las malas pasiones del alma y del cuerpo... (D) No dejes sin vigilancia ninguna parte de tu alma ni de tu cuerpo, así franquearás la zona de las tentaciones inferiores y te presentarás ante aquel que «escruta los riñones y los corazones», pues tú los habrás escrutado por ti mismo de antemano. «Si nos examinásemos a nosotros mismos no seriamos condenados» (1 Cor 11, 31). Tú compartirás la bienaventurada experiencia de David: «Mas la tiniebla no es tiniebla para ti, ante ti brilla la noche como el día. Porque tú me formaste en las entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre» (Sal 138, 12). Tú no solamente has hecho tuya la parte concupiscible de mi alma, sino que, si quedaba dentro de mi cuerpo algún foco de ese deseo, lo has reunido a su origen y, por la fuerza misma de ese deseo, se ha elevado hacia ti, se ha ligado a ti. Aquellos que se atan a los placeres sensibles de la corrupción, consumen en la carne toda la potencia del deseo de su alma y se convierten así enteramente en carne. El Espíritu no podría permanecer en ellos. Por el contrario, aquellos que elevaron su espíritu a Dios, establecieron su alma en el amor de Dios; su carne transformada comparte el crecimiento del espíritu y se une a él en la comunión divina. Se convierte, ella también, en el dominio y la casa de Dios; ella no alberga enemistad ni desea nada contra el espíritu. La carne no es buena, nos dice el apóstol, en tanto que en ella no habite la ley de la vida. Mayor razón para no dejarla jamás sin vigilancia. ¿Cómo nos pertenecerá? (E) ¿Cómo impediremos su acceso al enemigo - sobre todo nosotros, que aún no poseemos la ciencia espiritual requerida para rechazar los espíritus del mal-, si no es dirigiendo nuestra acción a través de una actitud exterior? …(D) Los más perfectos utilizan esa actitud en la oración y logran así la benevolencia de Dios. Y esto no sólo entre aquellos que siguieron a la venida de Cristo entre nosotros, sino también entre los que lo precedieron. Elías mismo, consumido en la teopatía, apoya su cabeza sobre las rodillas, reúne animosamente su espíritu en sí mismo y en Dios y así pone fin a una sequía de varios años.

viernes, 14 de mayo de 2010

Historia de los recabitas

Además de los textos apócrifos relativos al Nuevo Testamento, hay otros textos, denominados psudoepígrafos de las Escrituras Hebreas. Su denominación dice bien claro que su título es falso. De hecho, el que traemos a colación, se basa en la historia de una secta del pueblo hebreo, pero es escrito entre los siglos I y VI d.C.
El texto se basa en la historia, citada por Jeremías (Jm, 35), de un grupo piadoso liderado por Jonadab, hijo de Recab. Tuvo mucha difusión en la Edad Media. La versión más antigua que se conoce data del siglo XII. Se concibe como una novela histórica. Un ermitaño, Zósimo, insiste a Dios para que le muestre la tierra de los recabitas. Finalmente Dios accede y, tras un penoso viaje, Zósimo llega a una isla que el protagonista describe como un paraíso “agradable y bello, y lleno de exuberantes árboles cargados de deliciosos y aromáticos frutos (…) adornados con flores y repleto de placeres”, donde Zósimo conoce a los Bienaventurados. Aquí la historia se mezcla con la leyenda griega de la Isla de los Bienaventurados y con otras de comunidades ascéticas como los terapeutas egipcios. Podemos pensar que la Historia de los Recabitas es un canto a la vida monacal. Veamos un extracto de esta historia.
Los ángeles de Dios e nos aparecieron en su forma gloriosa. Y nos liberaron a todos de l cárcel, y nos pusieron en el aire que está encima de la tierra, y nos llevaron a este lugar, donde ahora nos ves. (…) Y vivimos sin pecado, ni mal ni malos pensamientos. Y somos mortales; sin embargo, somos puros e intachables. (…) y nuestra mirada se fija constantemente en la luz de la vida futura. (…)
Entre nosotros no existen las viñas, el grano, la agricultura, la madera, el hierro, las casas, los edificios, el oro, ni la plata; tampoco conocemos las tormentas ni la lluvia ni la nieve ni el hielo. (…)
Y la tierra en que vivimos está llena de luz celestial, así que la oscuridad y la noche no la pueden inundar. Y nuestra apariencia es luminosa, y vivimos en la luz.
Y entre nosotros hay hombres que se casa, y el hombre solo tiene relaciones una vez con su mujer. Y luego se separan para conservar su pureza durante el resto de sus vidas (…) Pero la esposa concibe y da a luz dos (¡!) hijos; uno de los cuales debe casarse y otro conservar la virginidad. (…)
Y no estamos desnudos aunque te lo parezca, sino que nos cubre el manto de la gloria; y no nos mostramos las partes íntimas de nuestros cuerpos. Nos cubre una estola de gloria similar a la que cubría a Adán y Eva antes de que éstos pecaran.
Sabemos cosas sobre las personas que habitáis el mundo. (…) Y los ángeles de Dios viven con nosotros, y nos anuncian esas cosas que pasan entre vosotros; y nos regocijamos con los buenos actos de los honrados. Y sufrimos por los pecadores y los paganos que viven en el mundo; y pedimos constantemente a Dios que contenga su ira hacia vosotros.

(Extraído de “La Biblia perdida” de J.R.Porter)

Sobre la oración y sobre la pureza del corazón (8)

En los dos párrafos siguientes, sobre todo en el segundo, San Gregorio nos presente el hesicasmo en estado puro. He subrayado aquellas frases que me parecen más significativas y dignas de atención.
Insiste en primer lugar en el autoconocimiento como la clave del hesicasmo, como por otra parte lo es en cualquier otra vía mística, pero nos advierte de su gran dificultad. Así mismo nos aconseja una mentalización como la de los judíos con el sábado: la abstención de toda actividad. Y finalmente nos desengaña: no se trata de pensar, sino de esforzarse en seguir un camino o, en otras palabras, nos recuerda la importancia del esfuerzo.
Considera, hermano mío, que la razón se agrega a las consideraciones espirituales para mostrar la necesidad - cuando se aspira verdaderamente a convertirse en monje según el hombre interior- de introducir y mantener el espíritu en el interior del cuerpo. Esto significa que es correcto invitar, especialmente a los principiantes, a observarse a sí mismos y a introducir su espíritu en sí mismos al mismo tiempo que el soplo. ¿Qué espíritu sensato alejaría a aquel que todavía no ha llegado a contemplarse del empleo de ciertos procedimientos para hacer retornar su espíritu hacia sí? Es un hecho que, en aquellos que acaban de descender a la lid, el espíritu todavía no está reunido y se escapa; por su bien es necesario poner la misma obstinación en volver a traerlo. Siendo novicios todavía, ignoran que nada en el mundo es más reacio al examen de sí mismo, ni más dispuesto a dispersarse. He aquí por qué algunos recomiendan controlar las idas y venidas del soplo, reteniéndolo para contener al espíritu. Esperamos que, con la ayuda de Dios, realicen progresos, logren purificar el espíritu, le impidan salir al mundo exterior y puedan recogerlo perfectamente en una concentración unificadora.
Cualquiera puede constatar que ese es un efecto espontáneo de la atención del espíritu; el ir y venir del soplo se hace más lento en todo acto de reflexión intensa. Esto sucede particularmente en aquellos que practican la quietud del espíritu y del cuerpo. Ellos celebran verdaderamente el sabbat espiritual: suspenden todas las obras personales; suprimen, en lo posible, la actividad móvil y cambiante, descuidada y múltiple, de las potencias cognoscitivas del alma al mismo tiempo que toda la actividad de los sentidos; en resumen, detienen toda actividad corporal que depende de su voluntad. En cuanto a aquellas que no dependen enteramente de ellos, tales como la respiración, la reducen en la medida de lo posible. Esos efectos, surgen, espontáneamente y sin pensar, en todos los que están avanzados en la práctica hesicasta; se producen necesariamente y por sí mismos en el alma perfectamente introvertida.
Entre los principiantes, eso no sucede si no es mediante el esfuerzo. Hagamos una comparación: La paciencia es un fruto de la caridad; «la caridad todo lo tolera» (1 Cor 13, 7). Ahora bien, ¿no se nos enseña a emplear todos los medios para obtener y llegar a la caridad? El caso es el mismo aquí. Todos aquellos que tienen experiencia se ríen de las objeciones de la inexperiencia; su medio no es el discurso sino el esfuerzo y la experiencia que él engendra, la experiencia que produce un fruto útil y descubre los propósitos estériles de los que disputan de mala fe.

viernes, 7 de mayo de 2010

Cuando vayan mal las cosas

Cuando vayan mal las cosas,
como a veces suelen ir;
cuando ofrezca tu camino
sólo cuestas que subir;
cuando tengas poco haber
pero mucho que pagar
y precises sonreír
aún teniendo que llorar;
cuando el dolor te agobie
y no puedas ya sufrir…
descansar, acaso debes,
¡pero nunca desistir!

Tras las sombras de la duda,
ya plateadas, ya sombrías,
puede bien surgir el triunfo,
no el fracaso que temías.
Y no es dable a tu ignorancia
figurarte cual cercano
puede estar el bien que anhelas
y que juzgas tan lejano.
Lucha pues por más que tengas
en la brega que sufrir;
cuando esté peor todo, hermano
¡más debemos insistir!

Rudyard Kipling

Amar a Dios y al prójimo

Decía Doroteo de Gaza, en el siglo VI d.C. (Instrucciones, VI, 76-78)

Cuanto más se está unido al prójimo, más unido se está a Dios. Para
que comprendáis el sentido de esta frase os voy a poner una imagen sacada
de los Padres: Suponed un círculo trazado sobre la tierra, es decir, una
línea redonda dibujada con un compás, y un centro. Precisamente se llama
centro el punto más interior del círculo. Poned atención con vuestro
espíritu a lo que os voy a decir. Imaginaos que el círculo es el mundo, el
centro Dios, y los radios los diferentes caminos o maneras de vivir que
tienen los hombres. Cuando los santos, deseando acercarse a Dios, caminan
hacia el centro del círculo, tanto cuanto más penetran en el interior, se
acercan los unos a los otros y al mismo tiempo de Dios. Cuanto más se
acercan a Dios, tanto más se acercan los unos de los otros; y cuanto más se
acercan los unos de los otros, más se acercan a Dios. Y ya
comprendéis que igual ocurre en sentido inverso: cuanto más uno se aleja de
Dios para retirarse hacia lo exterior, es evidente que cuando uno se aleja
de Dios, más se aleja de los demás, y cuanto más uno se aleja de los demás,
más se aleja también de Dios. Así es la naturaleza de la
caridad. En la medida en que estamos en lo exterior y que no amamos a Dios,
en esa misma medida nos alejamos cada uno del prójimo. Pero si amamos a
Dios, tanto nos acercamos a Dios a través de la caridad para con él, tanto
estamos en comunión de caridad con el prójimo; y tanto estamos unidos al
prójimo cuanto lo estamos de Dios.


La metáfora del cículo es muy adecuada para esquematizar el mecanismo del Amor, pero debe completarse con una consideración: todo, el centro, o sea Dios, como el círculo, o sea nosotros, somos la misma cosa. El círculo sin centro no es círculo y tampoco el centro tiene sentido sin el círculo. Y los diversos radios, tanto como líneas geométricas que unen periferia y centro, tanto entendidos como magnitudes que representan la distancia al centro, no tienen sentido sin el círculo o sin el centro. En resumen: Todo uno. La metáfora tiene pues una sutil trampa o, mejor dicho, nuestra mente puede plantearnos una sutil trampa: pensar que Dios está, apartado de nosotros, sentado cómodamente en el centro del Universo. Y es que las palabras terminan engendrando, sin quererlo, la mentira y el engaño y ambas "tienen las patitas muy cortas". Lo malo es que cuando se descubre el error, el daño está hecho y liberarse de él cuesta trabajo.

jueves, 6 de mayo de 2010

Y a las madres ¿quien les da amor?

Las madres dan amor a espuertas a sus hijos, pero ¿qué ocurre cuando se los quitan? En su lucha por recuperar a sus hijos ¿quien les da el amor, el apoyo que necesitan? Amnistía Internacional pide ayuda para las madres colombianas a las que el ejército de su país ha matado. No quiero entrar en la polémica de si el ejército colombiano lo ha hecho amparado en una supuesta razón, legalmente válida, si ha sido un error o si si ha sido una acción malévola. No quiero entrar en ello porque es añadir odio sobre odio. Y yo quiero ser Cruzado del Amor, aunque he de confesar que a veces cuesta mucho trabajo. Lo cierto es que Amnistía presenta una campaña de apoyo a esas madres. Solo se precisa un mensaje de apoyo, lo que os dicte el corazón, y una "rosa". Podeis hacerlo en http://www.es.amnesty.org/regala-rosas/

Un abrazo

sábado, 1 de mayo de 2010

Que os améis unos a otros como yo os he amado

Yo digo siempre que el amor comienza en casa. Lo primero es vuestra
familia y después vuestra ciudad. Es fácil pretender amar a los que están
lejos, pero mucho menos fácil es amar a los que viven con nosotros o muy
cerca. Desconfío de los proyectos impersonales porque lo único que cuenta
es cada persona. Para conseguir amar a alguien es necesario estar cerca de
ella. Todo el mundo tiene necesidad de ser amado. Cada uno de nosotros
tiene necesidad de saber que es alguien para los demás y que es de un valor
inestimable a los ojos de Dios. Cristo dijo: «Amaos los
unos a los otros como yo os he amado». Y dijo también: «Cada vez que lo
hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt
25,40). Es a él a quien amamos en cada pobre, y cada ser humano en la
tierra es pobre en alguna cosa. Dijo: «Tuve hambre y me disteis de comer.
Estuve desnudo y me vestisteis » (Mt 25,35). Siempre recuerdo a mis
hermanas y a nuestros hermanos que nuestra jornada está compuesta de
veinticuatro horas con Jesús.

Teresa de Calcuta (1910-1997),

DEDICADO A mi madre, a mi mujer y a todas las madres que nos enseñan por donde empieza a practicarse el amor.