HESICASMO

Bienvenidos. Este es un blog dedicado a la espiritualidad y, en especial, al hesicasmo, la vía mística de la Iglesia Cristiana Ortodoxa.
En la columna de la izquierda se incluyen textos sobre el hesicasmo (fundamentos, práctica, historia, biografías, frases para meditar, etc.) En la columna de la derecha se presentan mis meditaciones y aportaciones, modestas aportaciones, a esta vía mística. Os agradeceré vuestros comentarios que, a buen seguro, nos harán bien a todos.
La Paz de Dios sea con todos nosotros.

¿Ya os habéis olvidado?

HAITI: más de 500 muertos por cólera. El Servicio Andaluz de Salud está preparando atención médica, aquí en España, para varias decenas de niños haitianos. Algunas ONG's están recogiendo fondos para cubrir los gastos de viaje y estancia de padres e hijos. Y ¿tú que haces?

sábado, 25 de septiembre de 2010

Evagrio el Monje (14)

En nuestro recorrido por los textos de Evagrio, nos encontramos esta hermosa parábola.


“El Señor ha confiado los conceptos de este siglo al hombre, como las ovejas a un buen pastor. Escrito está: A cada hombre ha puesto un concepto en su corazón, y ha unido a él, a modo de ayuda, la concupiscencia y la ira. Por medio de la ira debe poner en fuga a los pensamientos de los lobos y, mediante la concupiscencia, debe amar a las ovejas, aun cuando se encuentre acorralado por las lluvias y los vientos. A todo esto el Señor ha agregado también la ley, para que alimente a las ovejas; y un lugar verde, agua que reconforta, y el salterio, la cítara, la vara y el bastón. Y así de este rebaño el pastor obtendrá su nutrición, se vestirá y recogerá el heno de los montes. Se ha dicho: ¿Cuál es el pastor que apacienta el ganado y no se nutre de su leche? (1 Co 9:7). Deberá el solitario custodiar de día y de noche su rebaño para que no sea devorado por las fieras o caiga en manos de los ladrones. Pero si en un lugar selvático algo parecido sucediera, en seguida deberá éste arrancar la presa de la boca del león o del oso. Por ejemplo, el concepto de hermano es devorado por nosotros si lo alimentamos con vil concupiscencia; el del dinero y el del oro, si lo albergamos unido a la avidez; y así en todo lo que se refiere a los pensamientos relativos a los santos carismas, si los alimentamos en nuestra mente junto a la vanagloria. Del mismo modo sucede respecto a todos los otros conceptos, si se tornan presa de las pasiones. Y no alcanza con velar durante el día, debemos estar vigilantes también de noche. Puede suceder que perdamos lo que es nuestro, aun con fantasías turbias o malvadas. Vean lo que dice San Jacob: No te he traído ovejas devoradas por las fieras: he resarcido los hurtos del día y de la noche, Y fui devorado por el calor del día y por el hielo de la noche. El sueño se alejó de mis ojos (Gn 31:39 y ss)”

Es la Parábola del Buen Pastor pero aplicada a nosotros. En las primeras líneas considera al hombre como el buen pastor, no de ovejas, sino de conceptos. Pero ¿a qué se refiere con el término “concepto”? Con el diccionario en la mano, deberíamos asimilarlo a “idea” o “pensamiento”. Que lleguemos a ser capaces de expresarlo en palabras es superfluo. Lo importante es que, según Evagrio, Dios ha depositado en nuestro corazón las ideas de este mundo y esas ideas, pensamientos o conceptos, convertidas ahora en ovejas, han de ser cuidadas por el hombre, alimentadas en prados verdes. Pero no se trata de una simple metáfora, sino que es portadora de un importante mensaje. En las ideas de este mundo, pertenecientes, aparentemente en exclusiva, a él, reside el “pan nuestro de cada día”. El cuidado y análisis de esas ideas expresadas en palabras es lo que ha de darnos la vida: ahí reside nuestro sustento. Si cuidamos primorosamente el rebaño de conceptos, si lo estudiamos, si penetramos en su significado y no nos dejamos arrastrar por la componente exclusivamente mundana de esos mismos conceptos, habremos conseguido entender el mensaje divino, la razón de ser de nuestra existencia. Y aún nos pone algún ejemplo: el concepto “hermano”. Se trata de una idea muy simple, hijo del mismo padre (entiéndase como mismo origen y no como atribución exclusiva al miembro varón de la pareja) y, sin embargo, el proceso de degeneración de este concepto, que podríamos concretar como concupiscencia, nos puede hacer ver al hermano como alivio en nuestro trabajo (esclavo), como medio de procurarnos placer, etc. En cualquiera de esas desviaciones, estaremos perdiendo la oportunidad de integrarnos en la Unidad, de ver el Mundo como es y no como nuestra mente, mundana ella, nos hace ver.

Sobre como ejercer de buenos pastores, la metáfora es completa y explícita: ¿qué hace el buen pastor? Pues cuidar de sus ovejas, día y noche; en vigilia permanente. Es curioso que Evagrio utilice la misma parábola que Cristo se aplicó a sí mismo (Yo soy el Buen Pastor). La diferencia radica aparentemente en que Cristo da a entender que las ovejas somos los hombres que Él viene a salvar y Evagrio “solo” habla de conceptos, ¿solo? La diferencia es tan solo de grado. Nosotros, los hombres, estamos luchando por asimilar los conceptos. Cristo los tiene tan asumidos que los materializa. Los hombres son realmente sus hermanos, no hay diferencia entre ambos. Mientras que para los hombres se trata de interiorizar, de asumir, y no solo formalmente, el concepto de hermano en su más prístina pureza.

¡Paz y bien!

viernes, 24 de septiembre de 2010

Es un escándalo

Dijo el Maestro: “a cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mi, mejor les fuera que se le atase una piedra de molino al cuello y que se le arrojare al mar” (Marcos 9:42)


Es frecuente aplicar las grandes frases de los maestros para sentenciar juicios o simples críticas sobre los actos de los demás. Ver la mota en el ojo ajeno es muy cómodo y, si me permitís la veleidad, divertido. No en balde están de moda los llamados programas del corazón o la prensa rosa. Cuando nos hablan de escándalo, automáticamente pensamos en actos deshonestos, atentados contra la ética, fraudes, etc. Sin embargo, siendo graves todos ellos, hay otros más sutiles, tan graves o más que los anteriores.

Tradicionalmente, las Escuelas de Sabiduría han estado a mitad de camino entre el secreto y la discreción, según lo agresivo o lo preparado que estuviera el entorno. Desde la simple seguridad física de los iniciados hasta la incomprensión de los no iniciados, había un abanico de posibilidades que terminaba en un proceso preparatorio de los aspirantes a entrar en la Escuela. Los iniciados eran conscientes de que las Verdades que manejaban debían ser digeridas poco a poco, aunque progresando rápidamente.

Sin embargo, esta prudencia está quedando atrás. Es cierto que nos acercamos a una época de fuertes cambios en lo espiritual y, por éste, en lo mundano. Es cierto que esto aconseja que aumentemos nuestro grado de consciencia, pero… Hay muchos hermanos nuestros que pueden sentirse incapaces ante nuestras disquisiciones en las que utilizamos términos que, suponiendo entendamos correctamente, son difíciles de digerir por gran parte de la humanidad. El peligro no está en esa simple incomprensión, sino en que nos constituyamos en piedra de escándalo. Se ha acusado con frecuencia a las religiones de buscar la conversión de los “paganos” empleando técnicas persuasivas manipuladoras o físicamente violentas. Y ahora venimos los privilegiados poseedores de algún tipo de Conocimiento y soltamos frases grandilocuentes, exponemos teorías (para los demás lo son aunque para nosotros sean experiencias personales auténticamente vividas) que resultan inentendibles, no ya desde el sentido común, desde la praxis cotidiana, sino incluso desde el punto de vista científico.

El problema es grave, porque, sin querer, podemos estar boicoteando el despertar de muchos hermanos que se sienten perdidos en un mar de ideas que, debemos reconocerlo, a veces resulta confuso. No podemos convertir nuestro Conocimiento, ni nuestras experiencias en piedras de tropiezo y escándalo. Puede que nosotros, los supuestos alumnos aventajados, podamos subir la escalera de la consciencia de tres en tres, pero hay hermanos que, aun queriendo ascender por la escalera, han de hacerlo de uno en uno y descansando. ¿Tenemos derecho a hacerles desistir de su intento, pisándoles la moral con nuestra incontinencia verbal? No, rotundamente no.

Es posible que alguno de nuestros hermanos se sienta impotente para subir la escalera. Cuando tienda la mano buscando ayuda, debe encontrar ayuda, o sea nuestra mano, pero no un saco de experiencias místicas, visiones angelicales, modelos vibracionales o cosas similares que cuando le cae encima lo hunde en la miseria. No se trata de evangelizar en el más puro estilo colonizador, ni de hacer prevalecer nuestra teoría, nuestra experiencia o la Escuela de Conocimiento a que pertenezcamos, sino de perfeccionar nuestro ser, entrenarlo para que, cuando ese hermano tienda la mano, estemos preparados para tirar de él.

Llegado a este punto, debo pedir perdón a todos aquellos a los que aturdo con mis palabras, a aquellos que me ven con la vestidura del modelo inalcanzable, a aquellos a los que, ocupado en mi desarrollo espiritual, no han encontrado mi mano lista para la acción. ¿Alguien más se apunta?

sábado, 18 de septiembre de 2010

Buscando a Dios

Ayer asistí a una maravillosa conferencia dictada por,… Mejor, ayer participé en una maravillosa meditación, donde dos buenos amigos, Rafael y José Antonio, nos introdujeron en los vericuetos de la ciencia que busca la “partícula de Dios” y los desencuentros y hermanamientos entre ciencia y espiritualidad. Y hoy me he levantado con resaca, con una agradable resaca que ha presidido mi meditación matinal.


Decía José Antonio que nuestro cerebro tenía dos patas, la izquierda y la derecha. La izquierda es la del “camina lento, pero seguro”, la analítica, la de los cuarenta bps, la masculina. La derecha es la intuitiva, la rápida, la sensible y sensitiva, la de los cuarenta mil bps. Y entre medias la tercera pata, la de la coordinación entre ambas, la del matrimonio sagrado, la de la máxima eficiencia, de los cuarenta millones de bps. Ciertamente interesante, por cuanto pone de manifiesto la importancia de la pareja humana, la del amor entre ambos, la del “buen rollito”. Nada más lejos de las tendencias que nos quieren vender del amor utilitario y utilitarista tan al uso hoy día.

Pero no quería hoy hacer apología del matrimonio, ni abrir una cruzada contra los divorcios y las separaciones, ni nada parecido. Por el contrario quiero recapacitar sobre la mayor potencia de la parte femenina, de la intuitiva, de ese arma tan poderosa que tenéis las mujeres y “envidiamos” los hombres. Y estas consideraciones me llevan al tropiezo del ser humano en la misma piedra una y otra vez. Unos por deformación profesional, otros porque su desconocimiento de la ciencia les lleva a creer a pies juntillas los resultados, sin caer en la cuenta de que, como nos decían ayer, la ciencia avanza por sus errores, las teorías son ciertas hasta que se demuestra lo contrario, nos empeñamos, decía, en aplicar el bisturí de la ciencia al conocimiento de Dios. Empezamos con las trepanaciones hechas con cuchillos de pedernal y punzones de hueso, seguimos con los del más fino acero y nos encontramos con los electrónicos, pero seguimos hurgando en el mismo agujero. No me mal entendáis, la ciencia es necesaria, buena, básica para el progreso y una excelente ayuda para acercarnos a Dios. Pero, ¡es tan extraordinariamente lenta! Pero, además, nos empeñamos en concebir a Dios a nuestra imagen y semejanza. Y cuando, en nuestra torpeza, nos asombramos de cuan complejo es nuestro mundo y nuestro propio ser, queremos pensar en Dios como algo, perdona Dios mío que te ninguneé con el “algo”, muy complejo.

Sin embargo, Dios es algo muy simple. No puede ser complejo. Ni puede serlo Él, la complejidad conlleva la coexistencia de muchas partes, ni lo son los caminos que nos llevan a Él, siempre son los mismos, los diferentes son nuestros ojos. Decía un compañero mío, estructuralista él, que los hidráulicos nos creíamos que el agua entendía de integrales y derivadas. Y eso es lo que hacemos muchos buscadores: pensar; crear modelos, cuanto más complejos mejor, de lo que creemos es la realidad, para acercarnos a Dios. Y así, absortos en nuestras elucubraciones, perdemos un maravilloso tiempo. La ciencia es maravillosa, necesaria, imprescindible, para progresar en este mundo y en el otro, pero si la acompañamos de la intuición, de la simplicidad, del arte y de la belleza que también presiden este mundo, os aseguro que avanzaremos más rápido.

Es un tema apasionante y provechoso. Ya los clásicos buscaban el humanismo, la suma del arte y la ciencia. Ya la alquimia conjugaba ciencia y espiritualidad. No nos perdamos ahora en los vericuetos de la ciencia, abandonando la intuición de la espiritualidad.

Gracias Rafael y José Antonio, tratasteis temas apasionantes de forma apasionante y apasionada. Gracias

viernes, 17 de septiembre de 2010

Evagrio el Monje (13)

VANAGLORIA: dícese de la jactancia del propio valer u obrar. Terrible error el de la vanagloria, pero contra el error estamos avisados. Se nos recomienda la humildad como conocimiento de nosotros mismos de nuestras limitaciones y debilidades. Su práctica, esto es el estudio de nosotros mismos es fundamental para no perder la oportunidad de nuestra vida, nunca mejor dicho, de vivir nuestra experiencia, la nuestra no la de mis padres, la de mi pareja o la de mi amigo: la nuestra. Sin embargo, ¡qué fácil es tropezar y, sin querer, caer en la vanagloria!


Dice Evagrio, a propósito de la vanagloria: “De todos los pensamientos, el de la vanagloria es el que está compuesto por más elementos. En efecto, abraza a casi toda la tierra y abre las puertas a todos los demonios, tal como lo haría algún malvado traidor en una ciudad. Por tanto, humilla el intelecto del solitario, llenándolo de discursos y objetos y corrompiendo las plegarias con las cuales él trata de curar todas las heridas de su alma.”

Se trata del demonio del ego, del que lucha por sobrevivir. Es un demonio desesperado que lucha ciegamente, recurriendo a mil y una artimañas. Cuanto más avanza el hombre en su camino de concienciación, más duro, pero también más sutil es el ataque. Así, continua Evagrio: “Todos los demonios una vez vencidos, hacen crecer este pensamiento y por su intermedio, encuentran un nuevo acceso a las almas. Y es así como hacen que la última situación de las almas sea peor que la precedente. De aquí nace también el pensamiento de la soberbia. Esto es lo que ha hecho derrumbar de los cielos sobre la tierra el sello de la semejanza, la corona de la belleza (Ez 28:12). Rehúyela pues, no tardes, porque puede suceder que entreguemos a otros nuestra vida, y nuestra riqueza a quien no tiene misericordia. Este demonio es ahuyentado por la oración continua y por el no hacer ni decir nada de lo que se lleva a cabo por la maldita vanagloria.”

En este viaje que, como buscadores, tomamos hace tiempo, nuestros progresos y avances son un acicate para la actuación del demonio de la vanagloria. En ellos encuentra su alimento. No bien acabamos de dar un paso, cuando cruza nuestro pensamiento un sentimiento de “lícito” orgullo, simple satisfacción, sencilla alegría. Cualquiera de estos sentimientos debe ser rechazado en tanto en cuanto pueda suponer el pensar que es “nuestro éxito”. La oración continua a que se refiere Evagrio nos pone en la presencia de Dios y nos ayuda a recordar lo que somos. En cualquiera de sus grados, la oración continua nos aproxima a la Unidad con Dios y en esa Unidad sentimos que, nada de lo que ocurre, ocurre por nosotros. Estaremos derrotando al demonio de la vanagloria.

Cristo nos recomendaba la humildad y la mansedumbre de corazón, esto es no como virtudes aprendidas sino como procedentes de nuestro interior. Busquemos en nosotros mismos su semilla y cuidemos su crecimiento, así garantizaremos un despertar placentero y duradero.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Evagrio el Monje (12)

En nuestro análisis de la obra y pensamiento de Evagrio, llegamos a un curioso demonio: el de la Tristeza. Dice Evagrio:


Todos los demonios enseñan al alma el amor por el placer: sólo el demonio de la tristeza se abstiene de ello. Por el contrario, destruye todos los pensamientos insinuados por los otros demonios, impidiendo al alma sentir cualquier placer, insensibilizándola con su tristeza. Es cierto lo que se ha dicho: que los huesos del hombre triste se tornan áridos (Pr. 17:22). Y sin embargo, si se lucha un poco, este demonio sirve para fortalecer al solitario. Lo convence de no acercarse a ninguna de las cosas de este mundo ni a ningún placer. Si persiste en su lucha, genera en él pensamientos que lo inducen a alejar su alma de este tormento o lo fuerzan a huir de ese lugar. Tal es lo que ha pensado y sufrido el santo Job, atormentado por este demonio: Ojalá pudiera echar mano a mí mismo u otro, a mi pedido, así lo hiciera (Jb 30:24). Símbolo de este demonio es la víbora, animal venenoso. La naturaleza le ha concedido, benevolentemente, el que pueda destruir los venenos de los otros animales, pero si la tomamos en estado puro, destruye la vida misma. Es a este demonio que san Pablo ha entregado el hombre de Corinto, que había pecado. Pero luego se apresura a escribir a los Corintios: Os ruego que confirméis vuestro amor por él, para que no sea consumido por la excesiva tristeza (Cf. 2Co 2:8-7).

Y sin embargo, este espíritu que aflige a los hombres es capaz de ser portador de un arrepentimiento bueno. Y así también san Juan Bautista ha denominado "raza de víboras" a aquellos que han sido heridos por este espíritu, y que se refugiaban en Dios, diciendo: ¿Quién os ha enseñado a huir de la ira que vendrá? Dad, pues, frutos dignos de arrepentimiento y no penséis decir dentro de vosotros: a Abraham tenemos por padre (Mt. 3:7-9). Todo el que ha imitado a Abraham y se ha alejado de su tierra y de su parentela, se ha vuelto más fuerte que este demonio.

Si alguno es dominado por la cólera, está dominado por los demonios. Y si alguien le sirve, éste es extraño a la vida monástica, un extranjero en las vías de nuestro Salvador, dado que el mismo Señor nos dice que Él muestra el camino a los humildes. Por tanto, cuando el intelecto de los solitarios se refugia en la llanura de la mansedumbre, difícilmente puede ser poseído, ya que no hay otra virtud que los demonios teman más que la misma. Ésta es la virtud que había adquirido el gran Moisés, quien fuera conocido como el más manso de los hombres. Y el santo David ha declarado que esta virtud es digna del recuerdo de Dios: Acuérdate de David y de toda su mansedumbre (Sal 131:1). Y también el Salvador mismo nos ha ordenado ser imitadores de su mansedumbre:

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas (Mt 11:29).

Si alguno ha renunciado a manjares y bebidas, pero excita su cólera con malos pensamientos, ¡se asemeja a una nave que navega con un demonio como piloto! Con todas nuestras fuerzas debemos cuidar de nuestro perro y enseñarle a destruir sólo los lobos, sin devorar las ovejas, dando prueba de mansedumbre hacia todos los hombres.
Sobre las palabras de Evagrio me gustaría hacer alguna consideración.

En primer lugar, no deja de sorprender la similitud en la descripción del hombre triste con la que cabría hacer de una persona depresiva. Ya era algo conocido en los primeros siglos de la Era Cristiana. Es, tal vez y en la terminología demonológica de Evagrio, un diablo que parece ayudarnos contra sus hermanos. Sin embargo, su actuación tiene varios campos de batalla y oponentes muy diferentes. El exceso pasional, sea del orden que sea, lleva al hastío y de éste al aburrimiento; vivimos una experimentación desordenada: compramos por comprar, comemos por comer, holgamos por pereza, etc. y de todo nos vamos cansando. En una sociedad como la que nos acoge, en la que muchas cosas se nos dan hechas y no tenemos aliciente alguno por conseguirlas y otras nos cuesta la misma vida alcanzarlas o conservarlas (la vivienda o el empleo, por ejemplo), el número de enfermos de depresión es muy elevado; creo no equivocarme si digo que mayor que nunca en la historia. Es paradójico que en la mal llamada sociedad del bienestar, que casi debería denominarse sociedad epicúrea, cueste tanto vivir. Me atrevería a decir que la mejor arma de nuestro amigo, el diablo de la tristeza, es la monotonía. Sin embargo, esta es solo una pequeña demostración de su fuerza y de su maquiavelismo. Precisamente su actuación maquiavélica persigue al “solitario”, entendido no como un misántropo, sino como aquella persona que renuncia voluntariamente a los placeres de este mundo para consagrarse a la vida espiritual. Sutilmente llega a convertir en algo monótono la vida cotidiana del “solitario” (se puede ser solitario y vivir en una comunidad, p.ej. de monjes). Cuando el diablo consigue que el “solitario” convierta en plegarias repetitivas, cansinas, lo que son procesos de puesta en resonancia, permítaseme la expresión, con la Divinidad, entonces ha triunfado. Aún hay más: este diabólico ente puede someter a esa persona a la desesperanza que aparece en el hombre cuando los avatares a que se enfrenta en esta vida, lo acosan sin respiro y teme por su supervivencia. Entonces el hombre no entiende nada, se abate, no ve sentido a su vida, se deprime. Y ¿cuál es la solución? Evagrio lo tiene muy claro: la mansedumbre, la obediencia a que en otra ocasión me he referido, la aceptación de las experiencias que nos ha tocado vivir. Y como ejemplos nos trae al santo Job, a Moisés, a David y al propio Cristo. También nos recuerda el modelo de Abraham, dando el primer paso para conseguir la mansedumbre. Hablamos de la renuncia, pero una renuncia efectiva, consecuente. No vale con decir “Soy hijo de Abraham”, sino que hay que imitarlo. De esta forma conseguimos vencer al demonio utilizando su propia táctica, la misma que utiliza la medicina para obtener antídotos contra ciertos venenos, el empleo de pequeñas cantidades de veneno de las víboras permite crear los antídotos necesarios.

¡Imitemos a Cristo que fue manso y humilde de corazón!

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sed compasivos como lo es vuestro Padre celestial

No intentes distinguir al que es digno del que no lo es. Que todos los hombres sean iguales ante tus ojos para amarlos y servirlos. Así podrás ayudarlos a todos a alcanzar el bien. El Señor ¿no ha compartido la mesa de los publicanos y de las mujeres de mala vida, y no alejó de él a los indignos? Por eso tú concederás los mismos beneficios, los mismos honores al infiel, al asesino, tanto más cuanto que es un hermano tuyo puesto que participa de tu misma naturaleza humana. Aquí tienes, hijo mío, un mandamiento que te doy: que la compasión venza siempre en tu balanza hasta el momento en que sentirás en ti la compasión que Dios siente hacia el mundo. ¿Cuándo el hombre reconoce que su corazón ha alcanzado la pureza? Cuando considera buenos a todos los hombres sin que ninguno le parezca impuro o manchado. En verdad es entonces cuando es puro de corazón (Mt 5,8)... Y ¿qué cosa es esta pureza? En pocas palabras, es la compasión del corazón hacia el universo entero. Y ¿qué es la compasión del corazón? Es la llama que arde por toda la creación, por todos los hombres, por todos los pájaros, por todos los animales, por todos los demonios, por todo ser creado. Cuando piensa en ellos o cuando los mira, el hombre siente que sus ojos se llenan de lágrimas de una profunda e intensa piedad que le oprime el corazón y le hace incapaz de tolerar, de oír, de ver el más mínimo error o la menor aflicción soportada por una criatura. Por eso la oración acompañada de lágrimas se extiende a todas horas tanto hacia los seres desprovistos de palabra, que sobre los enemigos de la verdad, o sobre los que le perjudican, a fin de que todos ellos sean guardados y purificados. Una compasión inmensa y sin medida nace en el corazón del hombre, a semejanza del de Dios.

 
San Isaac de Siria (siglo VII), monje en Nínive, cerca de Mosul en el actual Iraq. Discursos ascéticos, 1ª serie, nº 81

sábado, 4 de septiembre de 2010

Nuestro verdadero tesoro

Os traigo hoy a consideración tres lecturas que nos orientarán en nuestra búsqueda. La primera nos habla de nuestras limitaciones como seres humanos, como criaturas de este mundo. Nos habla de nuestra incapacidad como tales de conocer a Dios. Y, sin embargo, nos recuerda que Dios deposita en nosotros una parte de su Sabiduría, la suficiente para “ser salvados”.


En la segunda, el propio Cristo nos recuerda la importancia de despegarnos de los aspectos formales de la vida. Enfrenta nuestra calenturienta mente a la ruptura con “valores” heredados, colgados de nuestros genes, como son el “amor familiar” o el aprecio por la propia vida para conseguir encontrar el verdadero camino o, si queremos, para ser discípulos suyos en su Conocimiento.

Finalmente, Juan Casiano, nos advierte de las sutiles trampas que nos pueden acechar en este proceso de renuncia. Muchos caemos en el error de creer que la renuncia a las grandes querencias materiales ya nos pone en el disparadero de la salvación. Craso error. Ni la salvación se alcanza de golpe, ni la mera renuncia nos salva. No vale con actos aislados, por grandes o enormes que sean y por mucho que los demás nos los alaben. Es preciso una actitud de renuncia extensa e intensa: nada nos pertenece, todo es de este mundo; nada tenemos, nada poseemos, solo somos. Esta es la pureza de corazón que nos dice Juan Casiano hemos de perseguir y, mutatis mutandis, ¿qué hace el corazón sino amar? ¿Qué es el Corazón sino el motor de la Vida incluso en la vida?

En verdad os digo que es más fácil escribirlo que hacerlo. Por eso nos advierte Cristo de que es necesario evaluar nuestras fuerzas, ser conscientes de ellas, buscar los refuerzos necesarios, antes de empezar nuestra tarea.

En el libro de la Sabiduría (9,13-18.) podemos leer

¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor? Los pensamientos de los mortales son indecisos y sus reflexiones, precarias, porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma y esta morada de arcilla oprime a la mente con muchas preocupaciones. Nos cuesta conjeturar lo que hay sobre la tierra, y lo que está a nuestro alcance lo descubrimos con esfuerzo; pero ¿quién ha explorado lo que está en el cielo? ¿Y quién habría conocido tu voluntad si tú mismo no hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu? Así se enderezaron los caminos de los que están sobre la tierra, así aprendieron los hombres lo que te agrada y, por la Sabiduría, fueron salvados".
En el Evangelio de hoy (Lucas 14,25-33), Cristo nos dice:

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Decía Juan Casiano, allá por el siglo V

Muchos que, por seguir a Cristo habían menospreciado fortunas considerables, cantidades enormes de oro y plata y magníficos dominios, después se dejaron turbar por una lima, por un punzón, por una aguja, por una pluma de escribir... Después de haber distribuido todas sus riquezas por amor a Cristo, conservan su antigua pasión y la ponen en cosas vanas y se encolerizan fácilmente por defenderlas. No teniendo la caridad de la que habla san Pablo su vida está marcada por la esterilidad. El bienaventurado apóstol previó esta desdicha: «Podría repartir en limosnas todo lo que
tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve», dice (1C 13,3). Es una prueba evidente que por el mero hecho de haber renunciado a todas las riquezas y despreciado honores, la perfección no se alcanza de golpe si no se une a ello la caridad que el apóstol nos describe bajo diversos aspectos. La perfección se encuentra solamente en la pureza de corazón. Porque rechazar la envidia, el creerse más que los demás, la cólera y la frivolidad, no buscar el propio interés, no complacerse en la injusticia, no llevar cuenta del mal, y todo lo demás (1C 13,4-5): ¿acaso es otra cosa que ofrecer continuamente a Dios un corazón perfecto y puro y guardarlo indemne de cualquier movimiento de pasión? La única finalidad de nuestras acciones y deseos será, pues, la pureza de corazón.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Evagrio el Monje (11)

“Golpeas tu pecho porque ves al alma moverse hacia el pecado, pero ella no percibe nada. Tratas de convencerla con las Escrituras, mas ella no te escucha porque está obtusa. La enfrentas con la vergüenza de los hombres, pero no te atiende ni te entiende, como si fuera un cerdo que ha cerrado los ojos y se dirige hacia su recinto. A éste demonio nos llevan los persistentes pensamientos de vanagloria. Y se ha dicho de él que si aquellos días no hubieran sido abreviados, ninguna carne se hubiera salvado (Mt 24:22). Esto sucede a aquellos que raramente frecuentan a sus hermanos. El motivo es evidente: este demonio, frente a las desgracias de los demás, es decir las de aquellos que han sido acometidos por las enfermedades o que tienen la desgracia de estar presos o encuentran una muerte imprevista, huye en seguida, porque no bien el alma se ha conmovido y se llena de compasión, se disipa el endurecimiento producido por el demonio. Pero esta posibilidad no la tenemos a causa de la soledad en que vivimos o de la rara presencia, cercana a nosotros, de personas que sufren. Es justamente para que podamos huir de este demonio que el Señor nos recomienda, en los Evangelios, que visitemos a los enfermos y a los que están en la cárcel. Estaba enfermo y me visitasteis (Mt 25:36), nos dice. Pero debemos tener presente esto: si algún solitario, habiéndose tropezado con este demonio, no ha aceptado todavía pensamientos impuros, ni ha abandonado su casa entregándose a la acedía, éste ha recibido la tolerancia y la templanza, que han bajado de los Cielos y lo han bendecido por tal impasibilidad. En cuando a aquellos que han hecho suya la profesión de ejercitar la piedad, y eligen vivir junto a los mundanos, deben cuidarse de este demonio. Yo, en efecto, me avergüenzo delante de todos ustedes y no quiero seguir diciendo o escribiendo a su respecto.”

Debería, y voy a hacerlo, empezar precisamente con el último párrafo de Evagrio. En numerosas ocasiones caemos en la vanagloria a que, líneas arriba, se refiere Evagrio. Instalados en la cómoda “poltrona” de la meditación olvidamos la sencillez. No frecuentar a nuestros hermanos es aislarnos del mundo; es perder la oportunidad única de vivir una experiencia irrepetible. Es francamente difícil resistirse a este demonio. Hace unos días, mi buen hermano Pepe, nos enviaba la historia del monje y el mendigo. Aquél instalado en sus profundas meditaciones, rechazaba la presencia del mendigo que le importunaba e impedía seguir aislado del mundo. Perdió la oportunidad de disfrutar de la presencia de Dios, pues aquél mendigo era el Ángel del Señor.

Hay “solitarios” a los que Dios ha regalado la gracia de la tolerancia y la templanza y, con ellas, la impasibilidad. Son capaces de, pese a ese estado de permanente éxtasis, no tener pensamientos impuros (no caer en la vanagloria), no abandonar este mundo (seguir ocupándose de las cosas terrenas, o sea no abandonar su casa o, en román paladino, no estar alelado) y no caer en la inacción o pereza espiritual, que eso precisamente significa acedía.

Y resulta curioso que, con este motivo, Evagrio nos recuerde el consejo del Maestro de visitar a presos y enfermos. Ambos presentan el mismo problema: no les es permitido disfrutar de su cuerpo. Incluso llegan a desear la muerte. Hay una primera enseñanza, si me lo permitís, en cabeza ajena. El místico extremo asume voluntaria, pero inconscientemente, la personalidad de un enfermo o de un preso. El choque con una realidad, igual que la suya, le ayuda a ver la viga en el propio ojo.

Pero, ¡ojo!, también a los que se dedican a visitar enfermos y presos les acecha este demonio que hemos dado en llamar el de la vanagloria. Por eso y no por otra razón se nos dice que lo haga nuestra mano derecha no lo conozca la izquierda.

sábado, 28 de agosto de 2010

El árbol

Admiráis mi copa, discurrís sobre la frondosidad de mis ramas, analizáis mis hojas y los frutos que doy. Los más atrevidos buscáis en mis raíces, en su forma y en su largura, la razón de mi sabiduría. De esa sabiduría que se le supone al viejo roble.


Dicen que los árboles no dejan ver el bosque. No es cierto. Miramos con la herramienta equivocada y miramos lo que no tenemos que mirar. Fijaros en el árbol que queráis, el que más os atraiga. Abrazaos a él, pero no queráis ver el bosque: no veréis nada. Sentid lo que él siente. Hundid vuestros pies en su tierra, respirad el aire que él respira. Mirad al sol como miran sus hojas. Levantad los brazos al cielo como lo hacen sus ramas,… y veréis el bosque, pero ¡no veréis nada nuevo!

Vosotros no sois el árbol, sois el bosque y la tierra que lo sustenta y el aire que respira y la lluvia que lo humecta. Buscáis en el árbol y en el bosque lo que tenéis en vuestra casa. Aprovechad su sombra, alimentaros con sus frutos, pero buscad dentro de vosotros mismos. Entonces veréis el bosque y la tierra toda y el cielo y,… todo, absolutamente todo.

viernes, 27 de agosto de 2010

Evagrio el Monje (10)

Vivimos en el filo de la navaja. Tomar consciencia de nuestra realidad, percibir en nuestro interior la presencia de Dios y sentir como día a día crece y de forma exponencial, no deja de tener un peligro. EL mismo que provocó la caída del Ángel. Porque de sentir esa Divina Presencia en nuestro corazón a interpretar que somos dueños del bien y del mal hay un paso. Así, nos dice Evagrio:

“¿Y qué decir de ese demonio que deja al alma insensible? Siento temor de escribir al respecto. ¿No es increíble cómo el alma, cuando se encuentra con este demonio, sale de su estado interior, se despoja del temor de Dios y de toda piedad, no considera más al pecado como un pecado, ni actúa con responsabilidad, recordando al castigo y al juicio eterno como una cosa de nada y verdaderamente se mofa del terremoto del fuego (Jb 41:20). Reconoce a Dios, por cierto, pero no reconoce su mandamiento.”

De igual forma, los que intentamos dedicarnos a la vida contemplativa, aunque sea por momentos, caemos con frecuencia en un tremendo error. Tenemos tendencia a confundir la tranquilidad del meditante, su aislamiento, ambos necesarios, con una impasibilidad estúpida y egoísta. Borrachos de felicidad en los pocos o muchos segundos de experiencia mística que conseguimos en nuestra lucha diaria, tenemos inclinación al egoísta deseo de aislarnos del mundo y de forma permanente. Para llevar esa vida austera de indefinido aislamiento es necesario un muy elevado grado de consciencia y ser capaz de conseguir que el Brillo de la Presencia Divina, inicialmente en nuestro interior como en el de todos los hombres, salga de forma permanente al exterior y sea capaz de transmitirse, con su estela de beneficios, al mundo entero.

El resto, los que aún estamos subiendo la escalera a los Cielos, no podemos caer en la estupidez de salirnos de la escalera con la peregrina idea de llegar a Dios por el atajo de la meditación, el misticismo y la contemplación. La meditación no es sino el desayuno; convertir nuestra vida en una meditación continua es tan estúpido como estar desayunando continuamente, atiborrarse de tostadas y pillar un empacho.

Tremendo error. El hesicasta, el contemplativo en general, no puede ser egoísta, ni siquiera para favorecer su meditación. No es hesicasmo el encerrarse en uno mismo, olvidarse del mundo, de sus problemas y de sus dificultades. Estamos en este mundo porque debemos estar en él. Es un absurdo evitar vivir las experiencias que nos presenta la vida, por escatológicas que puedan ser, bajo el pretexto de una supuesta vida contemplativa. La trampa está servida.



sábado, 21 de agosto de 2010

Evagrio el Monje (9)

“El odio contra los demonios nos ayuda mucho a conseguir la salvación y es conveniente para la práctica de la virtud. Pero nosotros no estamos en condiciones de cultivarlo por nosotros mismos como un brote cualquiera, ya que los espíritus amantes del placer lo destruyen y lo conducen a ese amor habitual. Este amor -o más bien, esta gangrena difícil de curar - es curada por el médico de las almas abandonándonos a una prueba. Efectivamente, permite que padezcamos de día o de noche, una situación horrorosa para el alma, de tal modo que ella retorna a su odio original, aprendiendo a decir lo que David dijo al Señor: De un odio perfecto los odié; se han convertido en enemigos para mí (Sal 138:22). Pues el que no peca con sus actos ni con sus pensamientos, odia con un odio perfecto, lo cual es índice de una máxima primitiva impasibilidad.”

El diccionario de la RAE dice: “Odio, antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”. La verdad es que este significado nos lleva a un callejón sin salida, ya que nos debería resultar imposible desear mal a nadie, aunque sea nuestro enemigo.

Creo que es conveniente hagamos otra interpretación más acorde con la intención de Evagrio. Dicha interpretación queda implícita en la expresión “odio perfecto”.

El odio no deja de ser una pasión ciega y arraigada en un corazón descontrolado, viciado por el deseo de venganza, por la envidia, por el resentimiento, etc. Por tanto, siempre conlleva un calificativo de bajo e indigno, todo lo contrario de un espíritu cristiano. Por el contrario, hay un sinónimo mucho más adecuado: el aborrecimiento es un afecto nacido del concepto que forma nuestra mente de las características del ser aborrecido, esto es conlleva un análisis sereno de éste y de dichas características. Pero, además, puede ser compatible con la honradez, cuando las características que nos hacen aborrecible el citado ser tienen connotaciones negativas desde el punto de vista ético, moral o religioso. Así, decimos que el odio es implacable, pero no lo decimos del aborrecimiento, porque miramos a aquél como una pasión ciega, que nunca perdona, que va siempre de la mano del rencor y de la mala voluntad, mientras que el aborrecimiento es la consecuencia de una persuasión, que la razón o el desengaño pueden llegar a destruir. Un cristiano está obligado a perdonar el daño provocado por cualquier hombre porque no debe haber odio en su corazón; pero no puede dejar de aborrecer las cualidades negativas que han hecho que dicho hombre haya actuado así.

Por todo esto es que Evagrio dice que “nosotros no estamos en condiciones de cultivarlo por nosotros mismos como un brote cualquiera, ya que los espíritus amantes del placer lo destruyen y lo conducen a ese amor habitual (a mi entender se ha utilizado erróneamente el término habitual en lugar de vulgar u ordinario)” Este es el callejón sin salida a que aludía al principio de mi comentario. Y es precisamente aquí cuando el Médico de las Almas, Jesús, nos enfrenta a la disyuntiva amor sobre todas las cosas u odio hasta la muerte. De este enfrentamiento surge el equilibrio, el odio perfecto de David. Este es el retorno al hombre adámico, al hombre de la “máxima primitiva impasibilidad”

¡Que Dios nos de la capacidad de aborrecer sin odiar!

viernes, 20 de agosto de 2010

Claves

En la Unidad el Todo es idéntico a Sí Mismo. No hay diferencia entre partes, porque no hay partes. No hay dos estados diferentes, no hay tiempo. SIN PRISAS.


En la Unidad ninguna parte es más que otra, porque no hay partes. Nada pesa más que lo demás, porque lo demás no es diferente. Nada es una carga para el resto, nada depende de lo demás. SIN CARGAS.

En la Unidad todo es conocido porque todo es como todo. Nada puede ser ni mejor ni peor que el resto: La humildad es una clara manifestación de la Unidad. CON HUMILDAD.

En la Unidad Todo está Consigo Mismo, no puede ser de otra manera. No hay escapatoria. A PLENA DISPOSICIÓN DE DIOS.

Estas son las fases preparatorias de nuestra meditación hesicasta, pero ¿acaso puedo estar fuera de la Unidad? Entonces ¿qué hago yo ocupado en las cosas de este mundo? Y ¿qué cosa es este mundo?

Difícil tarea es distinguir mi mente de mí mismo. El Cielo y la Tierra son semejantes a mí: no puedo distinguirlos. Y, sin embargo, la mente imagina. Pero siempre imagina a semejanza de lo que conoce. La vida es un juego y, para jugarlo, todos “nos hemos puesto de acuerdo”. La Totalidad no puede estar en desacuerdo consigo misma. Poderosa herramienta la Imaginación. Pero en este maravilloso juego de la vida solo se pierde cuando te crees en exceso tu papel, cuando te identificas con él y olvidas lo que eres, cuando, en definitiva, te olvidas de Dios.

Cuando uno duerme poco, la mente viaja de nube en nube. Es una experiencia maravillosa, única e irrepetible, pero no vendería en las agencias de viajes: es muy difícil contarla.

domingo, 15 de agosto de 2010

La Asunción de la Virgen María

Me resulta difícil, imposible, concebir la figura de Jesús sin la presencia de María. Y no es que Jesús precise de la presencia de nadie, como Dios, sino porque el mensaje que se nos transmite requiere de la consideración conjunta de ambos. El mensaje de Jesús queda incompleto sin la actuación de María. María nos representa, nos da ejemplo de lo que debemos hacer: preparar nuestro ser para “permitir” el nacimiento de Dios, de ese Dios que llevamos dentro sin ser conscientes de ello. Y sobre todo es un modelo mucho más asequible para un modesto ser humano que la inmensa figura de Cristo. Primero toca ser María y luego “seremos” Cristo.

Os dejo con la meditación de mi querido San Bernardo:

Hoy, la Virgen María, sube gloriosa al cielo. Colma completamente el gozo de los ángeles y de los santos. En efecto, es ella quien, con la simple palabra de salutación, hizo exultar al niño todavía encerrado en el seno materno (Lc 1,41). ¡Cuál ha debido de ser la exultación de los ángeles y de los santos cuando han podido escuchar su voz, ver su rostro, y gozar de su bendita presencia! ¡Y para nosotros, amados hermanos, qué fiesta en su gloriosa Asunción, qué causa de alegría y qué fuente de gozo el día de hoy! La presencia de María ilumina el mundo entero tal como el cielo resplandece por la irradiación esplendorosa de la santísima Virgen. Es, pues, con todo derecho, que en los cielos resuena la acción de gracias y la alabanza. Pero nosotros..., en la misma medida que el cielo exulta de gozo por la presencia de María ¿no es razonable que nuestro mundo de aquí abajo llore su ausencia? Pero no nos lamentamos porque no tenemos aquí abajo la ciudad permanente (Hb 13,14) sino que buscamos aquella a donde la Virgen María ha llegado hoy. Si estamos ya inscritos en el número de los habitantes de esta ciudad, es conveniente que hoy nos acordemos de ella..., compartamos su gozo, participemos de la misma alegría que goza hoy la ciudad de Dios, y que hoy cae como rocío sobre nuestra tierra. Sí, ella nos ha precedido, nuestra reina nos ha precedido y ha sido recibida con tanta gloria que nosotros, sus humildes siervos, podemos seguir a nuestra soberana con toda confianza gritando [con la Esposa del Cantar de los Cantares]: «Llévame en pos de ti: ¡Correremos tras el olor de tus perfumes!» (Ct 1,3-4). Viajeros todavía en la tierra, hemos enviado por delante a nuestra abogada..., madre de misericordia, para defender eficazmente nuestra salvación.

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia

1er sermón sobre la Asunción

sábado, 14 de agosto de 2010

Evagrio el Monje (8)

Continuamos con el mismo demonio del que nos hablaba ayer Evagrio: el demonio vagabundo, el del intelecto. A hora nuestro buen monje nos da la receta para luchar contra él. Aunque utiliza el lenguaje personificando nuestra “tentación” en la figura del demonio, podemos adivinar, tras sus palabras, la sentencia del Delfos: “Conócete a ti mismo”

“Pero nosotros, si realmente nos proponernos reconocer la astucia de este demonio, no debemos apresurarnos a gritar en contra de él, ni a meditar sobre lo sucedido, contando como éste realiza estos encuentros en nuestros pensamientos y de qué manera va empujando el intelecto hacia la muerte. No soportando ser observado en su actuar, el demonio huirá de nosotros y nada podremos saber de lo que queríamos aprender. Más bien deberemos permitir que por uno o dos días, actúe a fondo, así podremos aprender bien sus maquinaciones, y lo haremos fluir enfrentándolo con nuestras palabras. Y sucede que cuando nos sentimos tentados, el intelecto está turbio y le resulta difícil ver lo que está sucediendo. Debemos pues, actuar cuando el demonio se ha ido de la siguiente manera: siéntate y trae a tu memoria lo sucedido, por dónde ha empezado todo, dónde has ido, y en qué lugar te sentiste atraído por el espíritu de la fornicación, de la tristeza o de la ira, y nuevamente recapitula lo sucedido. Examina todo muy bien y confíalo a tu memoria, así podrás enfrentar al demonio cuando se acerque. Observa atentamente el escondrijo donde él pretende llevarte y no lo sigas. Y si incluso quieres enfurecerlo, enfréntalo una y otra vez, hablándole directamente. Se sentirá muy molesto ya que no tolera ser avergonzado. Como demostración de que has sabido hablarle como es debido, verás que ese pensamiento que te acechaba te abandonó por completo. Es imposible que permanezca si es abiertamente enfrentado. Una vez que has vencido al demonio, seguirá una profunda somnolencia, una especie de estado de muerte, con una gran pesadez en los párpados, continuados bostezos, un gran peso en las espaldas. Pero el Espíritu Santo hará que todo esto se desvanezca luego de una intensa plegaria.”

¡Que la presencia de Dios sea percibida por todos nosotros!

viernes, 13 de agosto de 2010

Evagrio el Monje (7)

En el párrafo siguiente, Evagrio nos muestra contra qué debe luchar el hesicasta: el ansia de nuestro intelecto por cumplir sus funciones, pero llevadas al extremo.

“Hay un demonio, denominado vagabundo, que se presenta a los hermanos sobre todo durante el transcurrir del día. Éste pasea nuestro intelecto de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de casa en casa. El intelecto entabla, al principio, simples diálogos. Luego se entretiene por más tiempo con algún conocido y corrompe el estado interior de los que encuentra, y luego, poco a poco, se va olvidando de su conocimiento de Dios, de las virtudes y de su propia profesión. Es pues necesario que el solitario observe de donde viene este demonio y a dónde éste quiere llegar. No es por casualidad que este demonio da todas estas vueltas. Lo hace para corromper el estado interior del solitario. De este modo el intelecto, enardecido por estas cosas, ebrio por todos los encuentros, inmediatamente se tropieza con el demonio de la fornicación, o de la ira, o de la tristeza. Sentimientos que masivamente destruyen el resplandor del estado interior.”

En efecto, como ocurre con cualquier otra potencia del cuerpo, la mente desea desarrollarse, expandirse. Es como una toma de consciencia egoísta de la propia mente. Ansía cobrar el protagonismo que le parece propio de su aparente superioridad sobre el resto de características del hombre. Incluso lo hace con la inocencia de quien se cree en el buen camino. La elucubración de la mente se mueve en los ámbitos más dispares, para cada uno según su carácter. No pensemos que el místico está exento de esta debilidad. Puede tener la tentación de avanzar con la mente lo que en la meditación contemplativa no le es dado: ¡Craso error! La mente, igual que el resto del cuerpo, es una herramienta más para la vivencia que ansiamos tener. Dejadla que campe por sus respetos y será como un burro en una cacharrería.

Cuando meditéis, la mente debe reposar. No os dejéis seducir por su capacidad analítica, allí donde vais no sirve. No permitáis que su velocidad de acción os embriague, podéis estrellaros. No permitáis que maneje vuestra imaginación para mostraros ejemplos prefigurados como si fueran auténticos éxtasis, estaréis perdiendo el tiempo.

La mente se desarrolla y fortalece con el paso de los años. Probad a convencer a un adulto, más aún a un anciano, de que debe dejar de pensar. Decidle que sus argumentos, conformados desde un sistema experto, al más puro estilo informático, son erróneos. Os demostrará, lo intentará, que lo que decís son tonterías. Y es que ya lo decía Jesús: "Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".

¡Que la infancia vuelva a todos nosotros!
NOTA: La imagen ha sido descargada de http://www.juegosmix.com/ ¡Cuántas veces nuestra mente actúa de espaldas a nuestro espíritu!

sábado, 7 de agosto de 2010

Evagrio el Monje (6)

“En cuanto a los pensamientos, algunos de ellos separan y otros, son separados. Es decir: los malos separan a los buenos y, a su vez, los malos son separados por los buenos. Por lo tanto, el Espíritu Santo atiende al primer pensamiento que nos acude y en base a éste, nos juzga o nos recibe. Quiero decir esto: tengo un pensamiento de hospitalidad y seguramente lo tengo hacia el Señor, pero como se acerca el Tentador, mi pensamiento es separado, porque éste me sugiere brindar hospitalidad por amor a la gloria. Y más aún: tengo un pensamiento de hospitalidad, pero para ser visto por los hombres. Y sin embargo, este mal pensamiento puede ser rescindido al acudir un pensamiento mejor, el de pensar que es mejor dirigir la virtud hacia el Señor e inducirnos a no hacer estas cosas por los hombres.”

Refleja Evagrio con estas palabras una lucha permanente, soterrada y profunda de almas que aspiran a la perfección, pero yerran en su camino. Es la debilidad del alma que pierde la espontaneidad de sus sentimientos. No podemos “pensar” lo que tenemos que hacer, porque nuestra débil mente se retorcerá en argumentos espurios y acabará por perderse. Es preciso disciplinar, entrenar la mente y el cuerpo, el espíritu y el alma para que todos ellos actúen de forma coordinada, pero espontánea, con esa espontaneidad que da ese vivir continuamente en la presencia de Dios, con esa oración continua que propugnaba Jesús y en la que procuramos perseverar los hesicastas.
“Después de mucha observación, hemos conocido cuál es la diferencia entre los pensamientos provenientes de los ángeles, los provenientes de los hombres, y los que provienen de los demonios. Los primeros, los angélicos, observan las varias naturalezas de las cosas y descubren las razones espirituales. Por ejemplo, la razón por la cual el oro fuera creado, esto es, para ser distribuido en las zonas inferiores de la tierra mezclado con la arena, y ser encontrado con mucho trabajo y fatiga. Y luego vemos cómo, una vez encontrado, es lavado con agua, pasado por el fuego, entregado a las manos de los artesanos, los cuales harán el candelabro de la tienda, el altar, los incensarios y las copas, en las cuales ahora no bebe más - por gracia de nuestro Señor - el rey de Babilonia. Por estos misterios arde el corazón de Cleofás. Pero el pensamiento que nos surge por obra de los demonios, no sabe ni comprende todo esto, sino que nos sugiere, descaradamente, el afán por la posesión del oro sensible, indicándonos todo el placer y la gloria que nos colmarán al tenerlo.”



“En cuanto al pensamiento que proviene del hombre, el mismo no busca la posesión del oro, ni se preocupa por entender su significado simbólico, sino que nos introduce en la mente su forma desnuda, sin pasión ni codicia por poseerlo. Lo que decimos del oro, es válido también para las otras cosas, cuando este pensamiento es místicamente ejercido según esa regla.”

Es curioso el “modelo” de funcionamiento que nos presenta Evagrio. Es curioso y muy interesante. En una primera impresión, puede parecernos que el hombre es algo así como un ring donde dos boxeadores, un ángel y un demonio, se enfrentan a puñetazos. Sin embargo, la explicación real anda lejos de esta simplicidad. En efecto, los amantes de la alquimia espiritual habrán vislumbrado rasgos de la misma en estas palabras. El hombre simple solo se preocupa de vivir la vida, conociendo, exclusivamente, el oro en su aspecto más material, sin preocuparse en buscarle significados más profundos, pero tampoco deseándolo por su valor material. El pensamiento perverso, el del diablo, se ve envuelto por el deseo del oro por su exclusivo valor material, lo que representa de poder y riqueza. Sin embargo, los pensamientos angélicos consideran el oro como representación simbólica de la pureza, de la excelencia espiritual. Habla de la creación de utensilios religiosos varios, pero las copas que incluye entre otros objetos ya no son para beber como haría el hombre vulgar, el Rey de Babilonia, sino que son reflejo de la belleza interior de un corazón puro como el de Cleofás, un Cleofás que no es otro que uno de los dos discípulos a los que se aparece Jesús camino de Emaús, un Cleofás que ha salido a buscar, sin saber muy bien el qué, perdido en los acontecimiento extraños que han vivido en los días precedentes y que aún no acaban de entender. No sabe que el oro de la revelación, extraído de las entrañas de la tierra, mezclado con arena, sucio y casi inservible, le va a ser entregado en unas horas y todo ello gracias a ese proceso que ha recorrido, casi sin saberlo, pero con mucho esfuerzo, de la mano del Maestro.
¡Que Dios nos acompañe en nuestro caminar!

viernes, 6 de agosto de 2010

Fe

"Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".

La mayoría de nosotros piensa en la fe como en un conjunto de creencias o simplemente en la confianza ciega en algo o en alguien. Sin embargo, una fe así concebida es débil. Parte de la aceptación de algo que no vemos y que, por eso mismo, nos resulta difícil sentir.

La mayoría de los enfermos no mejoran porque quienes les atienden no dan la confianza necesaria, la confianza que daría el creer en sí mismos. Si a ello añadimos la ya de por sí difícil situación del propio enfermo, la mejoría de este queda sometida en el mejor de los casos a la ingesta de productos químicos o al traumatismo quirúrgico.

Es necesario asumir la fe no como creencia en algo o en alguien. Las creencias han sido históricamente tan manipuladas que una tal fe tendría los días contados. Es preciso asumir la fe como un sentimiento de pertenencia a un grupo incapaz de traicionar, aunque lo parezca en un análisis parcial. Un grupo que es la Creación entera, el mismo Dios. Un sentimiento de pertenencia a ese grupo, de compromiso entendido como comportamiento armónico con él, sería la esencia de la fe.

Por eso se “enfadaba” Jesús y les decía: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?”

jueves, 5 de agosto de 2010

¡Qué bello es respirar!


Respirar es de Dios tomar

Para luego a todos dar



Respirar es comprender

Que no puedes siempre aprender,

Que también has de enseñar.



Respirar es componer y luego tocar

La sinfonía universal.



Respirar es vivir, siempre vivir,

Muriendo cada vez un poco más,

Hasta por fin la Vida alcanzar.



lunes, 2 de agosto de 2010

¡Señor, sálvame!

De la lectura de hoy, Mateo 14,22-36, interesa destacar algunas frases.


"(...) Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. (...)  "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". (...)"

La primera está muy ligada a la práctica hesicasta. La oración es una forma de comunicación con Dios ÍNTIMA Y PERSONAL que, hermoso simbolismo, requiere un ascenso previo de nuestra persona, con todo lo que conlleva de esfuerzo y disciplina. Eso se nos pretende indicar con la frase "subió a la montaña". No obstante, esa intimidad a que nos hemos referido no es opuesta a otras formas de oración colectiva complementarias de ella y muy necesarias o de compartir físicamente un espacio. En este último caso, sin necesidad de contacto físico de ningún tipo, se producirá una comunión espiritual intensa suma de las vivencias interiores de cada uno.

En la segunda Jesús nos descubre nuestra propia personalidad. Somos capaces de hacer lo que Él mismo hace, pero no nos lo creemos. Una indicación suya es suficiente para desarrollar esa potencia, si por nosotros mismos no fueramos capaces. Tanto en un caso como en el otro, es habitual que nos falle la confianza en nuestra capacidad e incluso que dudemos de ser merecedores de Su atención. Entonces siempre tendremos el recurso de gritar "Señor, sálvame"

¡¡Que Dios sea con todos nosotros!!

sábado, 31 de julio de 2010

Humildad

No sé porqué cuando hablamos de humildad tenemos tendencia a imaginarnos una persona sumida en cierta pobreza material. En consecuencia negamos dicha virtud a aquél que se nos antoja rico.


Hablando de la felicidad, una realidad muy simple que el mundo se esfuerza en presentarnos casi inalcanzable, es frecuente oír que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Subrayo “tiene” por el mensaje subliminal e insidioso que conlleva. Pues bien, podríamos decir que humilde no es el que menos tiene, sino el que menos desea aun lo que ya tiene. En efecto, a lo largo de los siglos se ha deslizado en nuestros oídos la frase de Jesús: “Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos.” Y la frase se nos ha explicado en el sentido negativo excluyente: El rico no entra en el Reino. Sin embargo, la exclusión total no reside en la frase. Y ello porque el término “aguja” no se refiere a las agujas de coser que todos conocemos, sino a una especie de portillos existentes en las murallas de la época y que permitían el paso de personas y nada más, esto es que hablamos de dificultad, no de imposibilidad. Antes de seguir adelante, debo dejar claro que no estoy tratando de justificar al rico, sea personal o institucional, sino queriendo dar el significado más adecuado, y por tanto útil, a la palabra.

Las palabras tienen, en general, varias acepciones y, hablando en sentido espiritual, dos: uno exotérico y otro esotérico. En el caso que nos ocupa, el significado exotérico, religioso, superficial, sin caer en lo esperpéntico, sería el de la pobreza, esto es renunciar a todo tipo de posesión de cosas materiales. Pensar en la humildad como la “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, sería captar el sentido interno, esotérico, profundo, de esta palabra. Y es que cuando uno se conoce a sí mismo, no ya en sus limitaciones, sino en la esencia misma de su ser, la posesión o no de cualquier cosa se convierte en algo accidental. Bien es cierto que no tener es una práctica muy recomendable, pero no es la panacea porque desear tener es peor aún que tener. La posesión de bienes materiales es algo que dificulta el conocimiento de sí mismo, la toma de consciencia. Por eso la práctica del no tener es recomendable, pero no debemos quedarnos ahí ya que es solo un primer paso para la verdadera humildad, entendida como conocimiento de sí mismo.

Con esta meditación quiero “echar un cable” a aquellos que se encuentran sometidos a una tiranía de la riqueza, a aquellos cuya renuncia a lo que poseen podría arrastrar a otros que “no lo tienen tan claro”, a otros que no están preparados para no tener. La posesión de cosas materiales no es una imposibilidad para entrar en el Reino de los Cielos, sino una dificultad más, una prueba más. Creo que deberíamos recordar otra frase de Jesús: “No es lo que entra por la boca lo que hace al hombre impuro, sino lo que sale de su corazón” Y es que la mera posesión de bienes materiales no le hace al hombre impuro, sino el sentimiento que tenga hacia ellas.

¡Que Dios nos ilumine!