El mundo está lleno de buenas ideas. Algunos las ven pasar como pasa el viento, agradecen el frescor pero al rato están renegando por la fatiga de caminar. Otros las ven llegar, las seleccionan, las disfrutan, pero las dejan escapar. Hay quienes, como un eco, las gritan o las cantan a los cuatro vientos y todos las bailan al ritmo frenético de la música que les acompaña, pero, ¡ay!, escapan en el sudor de los cuerpos. Hay otros que las escriben en el papel y con ello sosiegan el frenesí diario y ayudan a que los demás las vean y las gocen, pero, ¡ay!, la dicha dura poco arrastrada por el torrente de la muerte diaria.
Digo yo, Señor, ¿por qué no me enseñas a escribir en el corazón?
Y me contestó el Señor: “Tú solo puedes escribir en tu corazón”
jueves, 15 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
Cuando se muere
Esta sociedad nuestra tiene miedo. Le han enseñado a tener miedo y se lo inculcan día tras día. Eso pretenden, puede que sin saberlo, las cadenas de televisión, los periódicos y las cadenas de radio, las tertulias más formales y los corrillos informales de correveidiles que tanto abundan. Todos tenemos miedo, yo también, por supuesto.
Pero, ya estoy harto, quiero “coger el toro por los cuernos” y si me mata que me mate, muerto y veinte veces muerto. Porque ¿alguien sabe, de verdad, lo que es la muerte? O más fuerte aún, ¿alguien sabe algo de verdad?
¿Os habéis dado cuenta de que esta vida tiene algo de adictivo? Cuando se tiene dinero, se quiere más dinero. Cuando se tiene poder, se quiere más poder. Si tenemos ciencia, queremos más ciencia. Si tenemos sexo, queremos más sexo. Solo hay algunas cosas que parecen sencillamente extrañas en este mundo: no siguen sus leyes. La primera es la Ciencia del Conocimiento que no es la misma que la ciencia del dominio. La ciencia que habitualmente manejamos es la que “nos pide el cuerpo” para controlar lo que nos rodea, lo cual no deja de ser otra manifestación de miedo: nos encontramos inseguros rodeados de una naturaleza desconocida. La Ciencia del Conocimiento es la de la comprensión, la que nos permite comprender al ser que tenemos al lado, sin dominarlo. Es la Ciencia que nos permite acercarnos tanto a él que podamos llegar a hacernos solidario con él.
La segunda es la bondad, esa virtud que el mundo califica de tontería. Ese tesoro que sirve para que, en el mejor de los casos el mundo nos tenga pena y en el peor para que satisfaga y aumente su ego dominándonos. Sí, hablamos de esa virtud que nos empuja a llevar sobre nuestros lomos al resto de la Humanidad, tal vez porque sabemos que, cuando la Humanidad funcione con ese grado de solidaridad que no hace diferente a un hombre de otro hombre, la Humanidad entera estará más cerca de Dios.
La tercera es el trabajo. Pérfido ataque el del mundo con la dichosa frasecita: “Hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar”. Pues, no. Sin Trabajo, no hay Vida. De nada nos vale la Ciencia del Conocimiento, ni la virtud de la Bondad, si nos sentamos a ver como el Mundo deambula, viendo pasar el tiempo, esa inútil creación de nuestra mente. Lo que ocurre es que el trabajo en el que perdemos inútilmente nuestras fuerzas, nuestro tiempo y nuestra vida es el más improductivo, es el que sirve para tener y no para dar.
Esta es la Llave de la Vida, una llave que ha de dar tres vueltas al cerrojo. Solo hay que saber en qué sentido hay que girar la llave: en un sentido nos cerramos el paso a la Vida; en el otro traemos el Cielo a la Tierra. ¿Cuál preferís?
Nuestra es la elección: o la vida que es muerte o la Muerte que es Vida.
Pero, ya estoy harto, quiero “coger el toro por los cuernos” y si me mata que me mate, muerto y veinte veces muerto. Porque ¿alguien sabe, de verdad, lo que es la muerte? O más fuerte aún, ¿alguien sabe algo de verdad?
¿Os habéis dado cuenta de que esta vida tiene algo de adictivo? Cuando se tiene dinero, se quiere más dinero. Cuando se tiene poder, se quiere más poder. Si tenemos ciencia, queremos más ciencia. Si tenemos sexo, queremos más sexo. Solo hay algunas cosas que parecen sencillamente extrañas en este mundo: no siguen sus leyes. La primera es la Ciencia del Conocimiento que no es la misma que la ciencia del dominio. La ciencia que habitualmente manejamos es la que “nos pide el cuerpo” para controlar lo que nos rodea, lo cual no deja de ser otra manifestación de miedo: nos encontramos inseguros rodeados de una naturaleza desconocida. La Ciencia del Conocimiento es la de la comprensión, la que nos permite comprender al ser que tenemos al lado, sin dominarlo. Es la Ciencia que nos permite acercarnos tanto a él que podamos llegar a hacernos solidario con él.
La segunda es la bondad, esa virtud que el mundo califica de tontería. Ese tesoro que sirve para que, en el mejor de los casos el mundo nos tenga pena y en el peor para que satisfaga y aumente su ego dominándonos. Sí, hablamos de esa virtud que nos empuja a llevar sobre nuestros lomos al resto de la Humanidad, tal vez porque sabemos que, cuando la Humanidad funcione con ese grado de solidaridad que no hace diferente a un hombre de otro hombre, la Humanidad entera estará más cerca de Dios.
La tercera es el trabajo. Pérfido ataque el del mundo con la dichosa frasecita: “Hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar”. Pues, no. Sin Trabajo, no hay Vida. De nada nos vale la Ciencia del Conocimiento, ni la virtud de la Bondad, si nos sentamos a ver como el Mundo deambula, viendo pasar el tiempo, esa inútil creación de nuestra mente. Lo que ocurre es que el trabajo en el que perdemos inútilmente nuestras fuerzas, nuestro tiempo y nuestra vida es el más improductivo, es el que sirve para tener y no para dar.
Esta es la Llave de la Vida, una llave que ha de dar tres vueltas al cerrojo. Solo hay que saber en qué sentido hay que girar la llave: en un sentido nos cerramos el paso a la Vida; en el otro traemos el Cielo a la Tierra. ¿Cuál preferís?
Nuestra es la elección: o la vida que es muerte o la Muerte que es Vida.
viernes, 2 de septiembre de 2011
El Tesoro
A nadie se le ocurriría guardar un tesoro rodeándolo de llamativas señales de poder y riqueza, porque llamaría la atención de los “amigos de lo ajeno”. Ponerlo al recaudo de un gran ejército es consumir el tesoro poco a poco sin disfrutarlo. Pero ¿qué ocurriría si el afortunado poseedor de tal riqueza lo ocultara en una chabola, rodeado de pestilentes basuras? A nadie se le ocurriría buscarlo allí. ¿A nadie?
El Mundo, ese ente que desde ciertos ámbitos se nos ha enseñado a despreciar; el Demonio esa comunidad de seres que hemos aprendido a temer y la Carne esa parte de nuestros seres que, se nos insiste, es enemiga de nuestro propio yo; todos ellos se saben “ocupados” por un Gran Tesoro y todos ellos sacan lo peor de los más profundos rincones de su ser para intentar escondernos la Divina Presencia, el Espíritu Divino sin el cual ellos, como nosotros, no podrían existir. Ellos quieren apropiarse de un tesoro, el Tesoro, que no es exclusivo de nadie. Pues, bien, en esa lucha por hacerse con Dios, Su Imagen se nos desdibuja, se esconde bajo capas de confusas calumnias, se somete a perversas manipulaciones,… Pero Él sigue ahí, a nuestro alcance. Las pistas que nos conducen a Él se nos ocultan bajo mentiras. Se crean pistas falsas y se construyen caminos, teorías, doctrinas o religiones maquiavélicas y aquellas que nacen de la Verdad y el Amor son calumniadas, desde fuera y también desde dentro, para que el Tesoro quede oculto tras montones de basura.
¿Un ejemplo? Dos religiones, la cristiana y la musulmana. Nadie diría que fueran lo mismo, pero en verdad os digo que es más lo que nos une que lo que nos separa.
Pero no hace falta subir tan alto: ¿Veis esa mujer de sugerentes formas que todo el mundo tacha ligeramente de ligera, cuando no de prostituta? ¿Habéis escuchado su corazón o, más bien os habéis dejado, perdón, nos hemos dejado llevar por las apariencias? ¿Qué hay detrás de la desfachatez con que nos mira el delincuente juvenil? ¿Qué maravilloso sentimiento encierra cualquiera de esas personas que diariamente se cruzan con nosotros escondidos tras una máscara de antipatía, de trivialidad, de vicio, de desesperación,…? Y es que muchas veces nos resulta más cómodo ponernos también nuestra máscara y hasta el disfraz completo y dejarnos llevar por la desesperación del tango: “Verás que todo es mentira, que nada es amor, que al Mundo nada le importa, gira, gira.”
Pues, no: precisamente detrás de toda esa basura que despierta nuestra repulsa está lo que buscamos o lo que no buscamos porque no sabemos que existe o porque creemos que es una milonga. Tenemos dos poderosas armas, dos muletas con las que caminar: el corazón y la razón, ambas nos llevan a la inteligencia de la comprensión que nos permitirá conectar con esa “mano” que Dios tiene permanentemente tendida hacia cada uno de nosotros.
Os dejo con la el fresco de la Creación de Miguel Angel en la Capilla Sixtina porque la Creación es un camino de ida y vuelta ¿tenemos tendida ya la mano hacia Dios?
martes, 23 de agosto de 2011
¿Sueños o realidades?
Allá en el siglo XVIII, un erudito, el Marqués de Condorcet, se preguntaba si habría esperanza de llegar al “auténtico perfeccionamiento del hombre”. La respuesta, su respuesta, era positiva y para ello se apoyaba en “la observación de los progresos que han alcanzado por ahora las ciencias y la civilización.”
No dejaba de ser una declaración de buena esperanza. Buena esperanza, aparentemente al menos, fallida a la vista de las dos Guerras Mundiales; el innumerable histórico de guerras y conflictos que ha habido desde entonces; de la violencia de que se impregna, día a día, nuestra convivencia hasta en las cosas más nimias; en la corrupción de nuestros políticos y de la sociedad en general; en el abandono, cuando no en la agresión, a la Madre Tierra; etc.; etc.
Dice el Kybalion: “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.” Y así ha funcionado el mundo. Es posible que en estos dos siglos pasados desde que Condorcet se preguntara y se respondiera tan esperanzadoramente, el péndulo de la historia se haya desplazado hacia la siniestra. Ello no es malo, simplemente es necesario, pero llega el momento en que debemos aportar nuestro grano de arena para que el péndulo, la Humanidad, se desplace hacia la diestra y, si es posible, que lo es, el péndulo no solo oscile, sino que llegue a dar la vuelta y luego otra y otra más. Y es posible porque ello no contradirá la ley del Kybalion, ya que el movimiento seguirá siendo oscilatorio aunque habrá cambiado de forma, habrá cambiado de “dimensión”.
Tras este devaneo filosófico, recapacitemos sobre qué es lo que hemos hecho no tan bien como debiéramos. Para ello nos apoyaremos ahora en Kant. Y en este sentido nos interesa destacar la concepción que tiene de la dinámica del perfeccionamiento humano que se basa, por un lado, en el progreso de la ciencia y de la técnica y, por otro, en la moralidad y en las estructuras socio-políticas. He aquí nuestro fallo: la Humanidad se ha venido centrando, sin perjuicio de que simultáneamente haya habido importantes logros fundamentalmente sociales y políticos, en el avance de la ciencia y de la técnica. Veo al Hombre ahíto de tecnología, engreído en su genética, pero hambriento de fundamentos morales, éticos, amorosos. En este sentido, no puedo resistirme a citar al profesor Menéndez Ureña al hilo de un comentario suyo sobre una obra de Kant. Éste, Kant, concibe el progreso de la Humanidad como una superación paulatina de las servidumbres que la naturaleza hostil, tanto interna como externa, impone al Hombre y asegura el citado profesor: “conquistar la naturaleza externa, librarse de sus servidumbres, significa ponerla cada vez más al servicio del hombre mediante el desarrollo de la ciencia y de la técnica, mediante el trabajo, incrementando así el bienestar material. Conquistar la naturaleza interna, librarse de sus servidumbres, significa avanzar, mediante el perfeccionamiento de las instituciones políticas y económicas que regulan la convivencia humana, y mediante la conversión moral paulatina de los individuos, hacia un estado de paz social en el que la guerra y la represión hayan dado un paso definitivamente a la concordia, a la libertad, a la justicia.” Creo que queda meridianamente claro, gracias a estos dos pensadores, que el progreso de la Humanidad debe apoyarse en esa superación de servidumbres, internas y externas, que la Naturaleza trata de imponer a todas sus criaturas, en particular al Hombre. De nada nos vale poseer la tecnología adecuada para fabricar aviones si no poseemos la ética suficiente para no usarlos en la guerra.
No dejaba de ser una declaración de buena esperanza. Buena esperanza, aparentemente al menos, fallida a la vista de las dos Guerras Mundiales; el innumerable histórico de guerras y conflictos que ha habido desde entonces; de la violencia de que se impregna, día a día, nuestra convivencia hasta en las cosas más nimias; en la corrupción de nuestros políticos y de la sociedad en general; en el abandono, cuando no en la agresión, a la Madre Tierra; etc.; etc.
Dice el Kybalion: “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.” Y así ha funcionado el mundo. Es posible que en estos dos siglos pasados desde que Condorcet se preguntara y se respondiera tan esperanzadoramente, el péndulo de la historia se haya desplazado hacia la siniestra. Ello no es malo, simplemente es necesario, pero llega el momento en que debemos aportar nuestro grano de arena para que el péndulo, la Humanidad, se desplace hacia la diestra y, si es posible, que lo es, el péndulo no solo oscile, sino que llegue a dar la vuelta y luego otra y otra más. Y es posible porque ello no contradirá la ley del Kybalion, ya que el movimiento seguirá siendo oscilatorio aunque habrá cambiado de forma, habrá cambiado de “dimensión”.
Tras este devaneo filosófico, recapacitemos sobre qué es lo que hemos hecho no tan bien como debiéramos. Para ello nos apoyaremos ahora en Kant. Y en este sentido nos interesa destacar la concepción que tiene de la dinámica del perfeccionamiento humano que se basa, por un lado, en el progreso de la ciencia y de la técnica y, por otro, en la moralidad y en las estructuras socio-políticas. He aquí nuestro fallo: la Humanidad se ha venido centrando, sin perjuicio de que simultáneamente haya habido importantes logros fundamentalmente sociales y políticos, en el avance de la ciencia y de la técnica. Veo al Hombre ahíto de tecnología, engreído en su genética, pero hambriento de fundamentos morales, éticos, amorosos. En este sentido, no puedo resistirme a citar al profesor Menéndez Ureña al hilo de un comentario suyo sobre una obra de Kant. Éste, Kant, concibe el progreso de la Humanidad como una superación paulatina de las servidumbres que la naturaleza hostil, tanto interna como externa, impone al Hombre y asegura el citado profesor: “conquistar la naturaleza externa, librarse de sus servidumbres, significa ponerla cada vez más al servicio del hombre mediante el desarrollo de la ciencia y de la técnica, mediante el trabajo, incrementando así el bienestar material. Conquistar la naturaleza interna, librarse de sus servidumbres, significa avanzar, mediante el perfeccionamiento de las instituciones políticas y económicas que regulan la convivencia humana, y mediante la conversión moral paulatina de los individuos, hacia un estado de paz social en el que la guerra y la represión hayan dado un paso definitivamente a la concordia, a la libertad, a la justicia.” Creo que queda meridianamente claro, gracias a estos dos pensadores, que el progreso de la Humanidad debe apoyarse en esa superación de servidumbres, internas y externas, que la Naturaleza trata de imponer a todas sus criaturas, en particular al Hombre. De nada nos vale poseer la tecnología adecuada para fabricar aviones si no poseemos la ética suficiente para no usarlos en la guerra.
sábado, 13 de agosto de 2011
Pensamientos castrados
Paseaba hace unos días por las calles de Sevilla, protegiendo mi despoblada cabeza de los disparos del sol con la ayuda inestimable de los árboles, cuando noté su admiración. Movían las ramas en un murmullo, casi en un sordo clamor. Me vitoreaban al paso, gritando ¡Vive Dios!
No lo podía creer, parecía fruto de mi imaginación o, aún peor: me había trastornado “la calor” Entender a los árboles, a los animales y a toda la creación es un privilegio que nos dio Dios por llevarle a Él en nuestro interior, pero que me alabaran al paso no podía ser sino un error. Les pregunté por qué gritaban y me alababan. Y todos a una me contestaban: “Uno como tú, si no fuiste tú, nos sembró y luego nos trasplantó y cuidó, nos regó y nos podó y cuando viejos nos volvemos nos corta y pone a otro en nuestro lugar. ¿Quién eres tú sino Dios?”
Por mucho que les dije y razoné, no dieron su brazo a torcer. Siguieron empeñados en que yo no podía ser otro que Dios.
Andaba yo preocupado por este hecho, porque algo tenía que significar y lo hablé con mi amigo el abeto que situado en su amplio jardín vivía su vida con otro sentir. “Claro, me decía, mis congéneres no han visto más cosas que árboles y hombres y los hombres los crean y los destruyen: para ellos vosotros no podéis ser sino dioses. Yo, sin embargo, plantado por aquí, tengo otras perspectivas: veo, por ejemplo, una gran variedad de animales y vi y ahora veo máquinas que ellos no han visto, ni verán. Pero, no sé de qué te has de extrañar. Así sois los hombres: a pesar de lo que vivís y estudiáis, sois incapaces de dejar de pensar en Dios como si fuera un hombre más y así os va que Lo estáis llegando a despreciar de tanto y tanto manipular.”
¡Qué razón tienes, abeto, una vez más! Hacemos a Dios a nuestra imagen y semejanza y esta figura no aguanta el más mínimo ataque de la razón. Al Creador Padre de Todo no se le conoce con la razón, por mucho que nos pueda acercar hasta su “casa”, sino con la inteligencia. Así, la mejor forma de encontrar a Dios es escuchar y mirar y palpar y saborear y olfatear. Todos están llamados, pero no todos lo conseguirán.
Sin palabras
Quisiera escribir en blanco
Quisiera usar tinta invisible
Quisiera, sin usar palabras, llegar a vuestro corazón.
¿Os parece difícil, imposible tal vez?
Pues Dios nos ha dado la mejor pluma, llenó el tintero con la tinta mejor y
nos dio una sola palabra para decirlo todo a la vez.Si no os acordais, os la recordaré:
Amor es.
martes, 9 de agosto de 2011
Que la mayor desgracia es no conocer a Dios
¿A dónde vais ebrios, oh hombres,
que os bebéis tan puro el vino de la ignorancia,
que ya no lo podéis soportar y estáis por vomitarlo?
¡Quedad sobrios, detenéos!
¡Alzad los ojos del corazón, si no todos al menos los que puedan!
Porque el mal de la ignorancia inunda la entera Tierra,
y corrompe el alma aprisionada en el cuerpo,
impidiéndole anclar en el puerto de la libertad.
No os dejéis arrastrar por la impetuosidad del oleaje,
antes,
aprovechando una creciente,
los que podáis,
alcanzad el puerto de la libertad,
anclad allí,
buscad la mano que os guíe a las puertas del conocimiento,
donde está la Luz brillante, libre de toda tiniebla,
donde nadie se emborracha,
sino donde todos, sobrios,
alzan los ojos del corazón hacia Aquél que quiere ser visto.
Porque no se deja oir, ni describir, ni ver con los ojos,
sino con la inteligencia y el corazón.
Pero antes es necesario que desgarres la vestidura que llevas,
el velo de la ignorancia,
el sostén de la maldad,
el cepo de la degradación,
el antro tenebroso,
la muerte viva,
el cadáver sensible,
la tumba que siempre te acompaña,
el ladrón doméstico,
el que por lo que ama, te odia, y por lo que odia, te cela.
Este es el enemigo que revestiste como túnica,
que te estrangula y te arrastra abajo, hacia él,
no sea que alces la mirada y,
contemplando la Belleza de la Verdad y el Bien que allí reside,
comiences a odiar su maldad,
comprendas las trampas que contra tí maquina;
pues atonta el sentido de la observación, tan despreciado,
cegándolo con abundante materia,
abundando en innobles voluptuosidades,
para que no escuches las cosas que debes oír
ni mires las cosas que tienes que ver.
C. H. (tratado VII) de H.T.
que os bebéis tan puro el vino de la ignorancia,
que ya no lo podéis soportar y estáis por vomitarlo?
¡Quedad sobrios, detenéos!
¡Alzad los ojos del corazón, si no todos al menos los que puedan!
Porque el mal de la ignorancia inunda la entera Tierra,
y corrompe el alma aprisionada en el cuerpo,
impidiéndole anclar en el puerto de la libertad.
No os dejéis arrastrar por la impetuosidad del oleaje,
antes,
aprovechando una creciente,
los que podáis,
alcanzad el puerto de la libertad,
anclad allí,
buscad la mano que os guíe a las puertas del conocimiento,
donde está la Luz brillante, libre de toda tiniebla,
donde nadie se emborracha,
sino donde todos, sobrios,
alzan los ojos del corazón hacia Aquél que quiere ser visto.
Porque no se deja oir, ni describir, ni ver con los ojos,
sino con la inteligencia y el corazón.
Pero antes es necesario que desgarres la vestidura que llevas,
el velo de la ignorancia,
el sostén de la maldad,
el cepo de la degradación,
el antro tenebroso,
la muerte viva,
el cadáver sensible,
la tumba que siempre te acompaña,
el ladrón doméstico,
el que por lo que ama, te odia, y por lo que odia, te cela.
Este es el enemigo que revestiste como túnica,
que te estrangula y te arrastra abajo, hacia él,
no sea que alces la mirada y,
contemplando la Belleza de la Verdad y el Bien que allí reside,
comiences a odiar su maldad,
comprendas las trampas que contra tí maquina;
pues atonta el sentido de la observación, tan despreciado,
cegándolo con abundante materia,
abundando en innobles voluptuosidades,
para que no escuches las cosas que debes oír
ni mires las cosas que tienes que ver.
C. H. (tratado VII) de H.T.
sábado, 6 de agosto de 2011
Búsqueda
Andaba yo buscando a Dios. No sabía bien cómo, ni dónde, ni cuándo. Buscaba en los montes y en los campos, en los mares de agua y en los de arena, en la guerra y en la paz,… Preguntaba al sabio, al intelectual, al que era todo bondad, al místico, al que buscaba como yo,… Todo y todos me decían algo: no es el viento, es todo, es eterno, todo lo puede,… Palabras y más palabras. Era un guirigay, todos andábamos revueltos, corrillos en las plazas, cada uno aleccionaba a los demás sobre cómo debía ser: unos con gestos grandilocuentes, otros con palabras buscadas ex profeso en el diccionario, algunos escribían libros voluminosos,…
Estaba sentado en el suelo, en un rincón de la plaza. Cualquiera podría pisarlo, pero todos lo evitaban. Era anciano y reía con la fuerza de un joven, pero nadie parecía verlo, ni oírlo, como tampoco parecían ver el canasto que había a su lado. Me picó la curiosidad y me asomé a ver el contenido del cesto: era un niño recién nacido pero con una vitalidad que traspasaba sus blancas vestiduras. Le pregunté al anciano porqué se reía. No podría asegurar quién me respondió. De si fue el anciano o el niño o ambos dos, no estoy seguro yo. Pero sé que se me contestó: “Muchos son los llamados y pocos los elegidos, porque todos quieren buscar la imagen que de Dios tienen. La Luz y la Vida por todas partes están, pero son como son y no como quieran los demás. ¿No te parece razón para hacernos reír?” Con rabia y suficiencia les contesté, engreído de un conocimiento que, claro está, no alcanzaba a poseer: “Si quieres decirme que eres quien yo busco, te diré que tú no puedes ser porque eres viejo, porque dices que sois los dos, porque andas por los suelos, porque no tienes compasión,…” “¿Ves cómo tengo razón yo? ¿Quién te dice cómo ha de ser Dios?”
miércoles, 13 de julio de 2011
Vocación
Malo sería que, llevados por una equivocada creencia, centraramos nuestra existencia exclusivamente en la espiritualidad, olvidándonos de lo que debemos hacer en esta vida. Malo sería que los frutos que consiguiéramos en nuestra vida espiritual no los sembráramos en nuestra vida material.
No quiero generalizar, pero dentro de la vorágine competitiva, de esa mentalidad de supervivencia pura y dura que da entrada al "yo primero", muchos de nosotros estamos cayendo en la falta de amor por nuestro trabajo; muchos de nosotros estamos cayendo en la elección de un trabajo con un criterio puramente mercantilista. El texto que traigo a continuación es del filósofo alemán del siglo XIX, Krause. Se aplica al director de un Instituto Educativo propugnado por el filósofo, pero es extensivo a cualquier profesión, porque nuestra profesión no es un medio para vivir bien, sino nuestra forma de ayudar a la sociedad.
No quiero generalizar, pero dentro de la vorágine competitiva, de esa mentalidad de supervivencia pura y dura que da entrada al "yo primero", muchos de nosotros estamos cayendo en la falta de amor por nuestro trabajo; muchos de nosotros estamos cayendo en la elección de un trabajo con un criterio puramente mercantilista. El texto que traigo a continuación es del filósofo alemán del siglo XIX, Krause. Se aplica al director de un Instituto Educativo propugnado por el filósofo, pero es extensivo a cualquier profesión, porque nuestra profesión no es un medio para vivir bien, sino nuestra forma de ayudar a la sociedad.
En fín, espero que las palabras de Krause nos sirvan a todos, maestros, médicos, fontaneros, labradores, ingenieros, abogados,..., a TODOS, para cambiar la enferma personalidad de esta sociedad que, compuesta de millones de personas, solo podrá sanar si las personas individuales que la componen están sanas.La primera exigencia de un Instituto Educativo es que lo presida un hombre que esté empapado de la diginidad de la Humanidad, que esté embebido del sentimiento de la excelencia de su tarea, que ame y cuide a los niños como un verdadero padre, que viva entre ellos y con ellos, que se alegre con sus alegrías y comparta humanamente sus penas, que les ilumine mediante el ejemplo de su propia vida intachablemente moral, que les enseñe lo que significa ser un hombre bueno a través del continuo trato lleno de amor con ellos, en verdad y con obras, más que con la sola palabra. Un director así se despierta por las mañanas con sus niños, trabaja, come y se recrea con ellos, y los acompaña al atardecer hasta el lugar de su descanso; nunca se aparta del lado de sus niños, pues ellos constituyen su misma vida, su gozo más hermoso. Las palabras de un tal maestro serán por fuerza eficaces y traerán fruto; los niños le escuchan con amor y con gusto, y sus palabras caen en ellos como un rocío vivificador que procede de un cielo puro y limpio; solo una mirada del maestro querido y adorado despierta en el espíritu de los niños una actitud perceptiva para el bien y la sabiduría. (...) Vds. conocen muy bien como vive Pestalozzi (pedagogo a caballo de los siglos XVIII y XIX) con sus niños, como los educa con su propio ejemplo, cómo sus enseñanzas cobran fuerza a través de su corazón rebosante de amor. Pestalozzi demuestra con los hechos lo que yo acabo de decir de una manera general.
jueves, 23 de junio de 2011
La naturaleza
Estaba hoy (Esta entrada fue escrita el 21 de Junio. Aún no se porqué motivo no lo fue. Os pido disculpas) abrazado a mi amigo el árbol, cuando se me ocurrió preguntarle: “Dime ¿eres feliz?”. Mi amigo me respondió: “Sí, muy feliz, aunque bien es cierto que no siempre fue así.”
Cuando nací me dejé arrastrar por las corrientes de la vida, el viento me acunó y me llevó por y hasta donde quiso y allí me dejó. Quise moverme, pero no pude; gritar, pero la voz no salía de mi cuerpo; mirar, pero no tenía ojos. Lo pasé francamente mal. Un día me empezaron a salir piernas y brazos y en mi torpeza pensé que había llegado la hora de mi libertad. Pero, para mi horror, mis brazos y mis piernas solo contribuyeron a atarme más y más a la tierra. Uno de aquellos brazos, sin embargo, empezó a crecer, a separarse de la tierra, a acercarse al cielo. Y mi esperanza se renovó: ¡Pronto volvería a marchar con el viento! Pero mis flexibles ramas de entonces no oponían resistencia suficiente al viento y éste no pudo llevarme consigo. Cuando mi tronco endureció y se opuso al viento, mis raíces habían crecido tanto que el viento no tuvo fuerza para arrancarme de la tierra. ¡Arrancarme de la tierra…! Esa fue mi obsesión durante muchos años. Quise volar como los pájaros, pero yo no tenía alas. Quise correr como los perros, pero mis patas no se movían. Quise hablar como hablas tú, pero solo me salía el murmullo del viento al atravesar mis ramas.
¡Fueron años muy tristes! Pero, ahora es diferente. Ahora, soy consciente. Sé de mi utilidad. Soy el refugio de los pájaros, el descanso del peregrino, el alivio del perro, la regeneración de la Tierra. La Tierra me alimenta y yo alimento a la Tierra. Por eso te digo, mi amigo, disfruta de TU VIDA, es la que te ha tocado o la que tú has pedido: no sueñes con volar si no eres pájaro, no sea que envejezcas sin haber andado.
Cuando nací me dejé arrastrar por las corrientes de la vida, el viento me acunó y me llevó por y hasta donde quiso y allí me dejó. Quise moverme, pero no pude; gritar, pero la voz no salía de mi cuerpo; mirar, pero no tenía ojos. Lo pasé francamente mal. Un día me empezaron a salir piernas y brazos y en mi torpeza pensé que había llegado la hora de mi libertad. Pero, para mi horror, mis brazos y mis piernas solo contribuyeron a atarme más y más a la tierra. Uno de aquellos brazos, sin embargo, empezó a crecer, a separarse de la tierra, a acercarse al cielo. Y mi esperanza se renovó: ¡Pronto volvería a marchar con el viento! Pero mis flexibles ramas de entonces no oponían resistencia suficiente al viento y éste no pudo llevarme consigo. Cuando mi tronco endureció y se opuso al viento, mis raíces habían crecido tanto que el viento no tuvo fuerza para arrancarme de la tierra. ¡Arrancarme de la tierra…! Esa fue mi obsesión durante muchos años. Quise volar como los pájaros, pero yo no tenía alas. Quise correr como los perros, pero mis patas no se movían. Quise hablar como hablas tú, pero solo me salía el murmullo del viento al atravesar mis ramas.
¡Fueron años muy tristes! Pero, ahora es diferente. Ahora, soy consciente. Sé de mi utilidad. Soy el refugio de los pájaros, el descanso del peregrino, el alivio del perro, la regeneración de la Tierra. La Tierra me alimenta y yo alimento a la Tierra. Por eso te digo, mi amigo, disfruta de TU VIDA, es la que te ha tocado o la que tú has pedido: no sueñes con volar si no eres pájaro, no sea que envejezcas sin haber andado.
viernes, 3 de junio de 2011
EL buscador mariposa
TODOS LOS SERES SOMOS BUSCADORES. En efecto, todos, hombres, animales, plantas y hasta rocas, absolutamente todos los seres que componen este Mundo somos buscadores. Todos llevamos en nuestro interior la semilla de la búsqueda, esa semilla que cae en tierra buena, en pedregal o entre zarzas y malas hierbas: todos buscamos. Buscamos el origen de nuestra existencia, el porqué de nuestra vida y, sobretodo, el unirnos a esa fuente de vida. La diferencia entre unos y otros radica en donde buscamos.
Hoy interesa analizar la búsqueda de la mariposa.
Dicen los científicos evolucionistas que la mariposa adopta sus maravillosos colores y formas para camuflarse y así protegerse de sus enemigos que son un poco torpes y los confunden con las flores del entorno. Es una explicación que sobrevive porque no se ha encontrado otra mejor. No me interesa el porqué de los colores, al menos en estos momentos no me interesa. Es mucho más interesante analizar el comportamiento de la mariposa, porque muchos de los comportamientos del mundo animal son reflejo de lo que hacemos nosotros, los supuestamente superiores seres humanos.
La mariposa revolotea de flor en flor, libando una, catando otra, atraída por la belleza diferencial de cada una de ellas. Tengo la impresión de que la mariposa no se ha mirado en el espejo, si lo hiciera, es seguro que dejaría de ir de flor en flor porque su belleza la atraería tanto o más que la de las flores.
Exactamente así nos comportamos los hombres con ansias de buscador. Vamos de flor en flor, ora la religión, ora la meditación yoga, ora la trascendental, ora el taoísmo, ora la masonería, ora el misticismo,… Y así, buscando aquí, buscando allá, va pasando la vida, siendo aprendices de mucho y maestros de nada.
La enseñanza de la mariposa no termina aquí. Al mirarse en el espejo, la mariposa verá la más maravillosa flor en la que jamás se haya posado, pero eso no le servirá para subsistir en este mundo.
¡Feliz meditación!
Hoy interesa analizar la búsqueda de la mariposa.
Dicen los científicos evolucionistas que la mariposa adopta sus maravillosos colores y formas para camuflarse y así protegerse de sus enemigos que son un poco torpes y los confunden con las flores del entorno. Es una explicación que sobrevive porque no se ha encontrado otra mejor. No me interesa el porqué de los colores, al menos en estos momentos no me interesa. Es mucho más interesante analizar el comportamiento de la mariposa, porque muchos de los comportamientos del mundo animal son reflejo de lo que hacemos nosotros, los supuestamente superiores seres humanos.
La mariposa revolotea de flor en flor, libando una, catando otra, atraída por la belleza diferencial de cada una de ellas. Tengo la impresión de que la mariposa no se ha mirado en el espejo, si lo hiciera, es seguro que dejaría de ir de flor en flor porque su belleza la atraería tanto o más que la de las flores.
Exactamente así nos comportamos los hombres con ansias de buscador. Vamos de flor en flor, ora la religión, ora la meditación yoga, ora la trascendental, ora el taoísmo, ora la masonería, ora el misticismo,… Y así, buscando aquí, buscando allá, va pasando la vida, siendo aprendices de mucho y maestros de nada.
La enseñanza de la mariposa no termina aquí. Al mirarse en el espejo, la mariposa verá la más maravillosa flor en la que jamás se haya posado, pero eso no le servirá para subsistir en este mundo.
¡Feliz meditación!
domingo, 29 de mayo de 2011
Soledad
Hay quien afirma que le gusta la soledad y hay quien huye de ella. Ninguno de los dos sabe lo que es la soledad. Soledad es el residuo que queda en nuestro humano corazón, cuando rechazamos toda forma de egoísmo.
Es una sensación transitoria, muy profunda, que percibimos cuando avistamos la realidad. Es una sensación de miedo motivado por el egoismo, otro sentimiento más que nos atenaza, que nos llama a permanecer atados a las leyes de este Mundo. Es una maquiavélica manipulación de nuestro ser, realizada por nosostros mismos, y en la que se mezclan afectos, ansias de conocimiento espiritual y humano, etc., etc. Y esa manipulación nos lleva a una huida hacia delante, engañados por el espíritu de la supervivencia en la Tierra, hasta sumergirnos en la búsqueda loca, sin control; en el aprendizaje enfermizo, por moda o a sentimiento; en la caridad mal entendida;...
Afortunadamente la soledad a que me refiero es transitoria, muy intensa, pero transitoria. ¡Ánimo, no desfallezcáis!
sábado, 7 de mayo de 2011
Doña Constancia
Queridos amigos:
Desde el 3 de Abril, una fecha de especial y persistente emotividad personal, no había vuelto a colgar ninguna de mis meditaciones en este blog. Sin embargo, el número de seguidores ha aumentado: buena, muy buena, señal.
El ser humano es impaciente, quiere resultados inmediatos. Me atrevería a decir que cuanto más impaciente es un individuo, más separado se encuentra de su toma de consciencia. Aquél que busca resultados inmediatos transita por esta vida arrastrado por el caudaloso río del materialismo más trasnochado y absorbente. Lo curioso es que cualquier actividad del espíritu encaminada a la perfección de éste requiere paciencia, o mejor constancia. Lo curioso está en que una virtud sea necesaria para promoverse a sí misma. Aparentemente es una contradicción y sin embargo ocurre, en mayor o menor grado, con todas las virtudes. Porque, a pesar de los agoreros nos digan lo contrario, las virtudes, todas las virtudes, están presentes en todos y cada uno de nosotros: solo es necesario, una vez extraídas del baúl de los recuerdos, tener la constancia de fomentarlas, de mantenerlas en alto y presentes siempre en nuestras vidas. Para ello solo hace falta pulsar un botón: activar el deseo que dimana de nuestro libre albedrío, o sea querer.
Desde el 3 de Abril, una fecha de especial y persistente emotividad personal, no había vuelto a colgar ninguna de mis meditaciones en este blog. Sin embargo, el número de seguidores ha aumentado: buena, muy buena, señal.
El ser humano es impaciente, quiere resultados inmediatos. Me atrevería a decir que cuanto más impaciente es un individuo, más separado se encuentra de su toma de consciencia. Aquél que busca resultados inmediatos transita por esta vida arrastrado por el caudaloso río del materialismo más trasnochado y absorbente. Lo curioso es que cualquier actividad del espíritu encaminada a la perfección de éste requiere paciencia, o mejor constancia. Lo curioso está en que una virtud sea necesaria para promoverse a sí misma. Aparentemente es una contradicción y sin embargo ocurre, en mayor o menor grado, con todas las virtudes. Porque, a pesar de los agoreros nos digan lo contrario, las virtudes, todas las virtudes, están presentes en todos y cada uno de nosotros: solo es necesario, una vez extraídas del baúl de los recuerdos, tener la constancia de fomentarlas, de mantenerlas en alto y presentes siempre en nuestras vidas. Para ello solo hace falta pulsar un botón: activar el deseo que dimana de nuestro libre albedrío, o sea querer.
Os sugiero que meditéis sobre esto. Conversad con Doña Constancia.
domingo, 3 de abril de 2011
Evangelizad
"Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura" (Mc. 16,15)
El término evangelio es, si se me permite, relativamente moderno. Me explico: deriva del griego εὐ, que significa "bien", y αγγέλιον, que significa "mensaje". No pudo ser empleado por el Maestro que solo utilizaba el hebreo. Sin embargo es suficientemente explícito para captar la intención del Maestro. Subrepticiamente se viene deslizando en el hablar cotidiano un significado cuyas consecuencias prácticas son deplorables. Se trata de interpretar el concepto evangelizar como convencer, convertir a otro a la fe propia. Esta acepción ha llevado a años de luchas que, si ya eran de por sí injustificadas, se llegaban a convertir en medio de camuflaje de intereses mucho más espurios.
Cristo dice a sus discípulos que vayan a predicar o proclamar la buena nueva y debemos hacernos aquí dos preguntas: ¿Qué era lo que tenían que hacer? y ¿Cuál era esa buena nueva?
He querido poner dos verbos en el párrafo anterior, predicar y proclamar, porque de los posibles significados que nos da el diccionario de la RAE para el término predicar, usado muy habitualmente en términos religiosos, sólo me vale la primera (Publicar, hacer patente y claro algo) ya que las demás no dejan de llevar una connotación de reprensión, de argumentación o similar. Cuando Juan el Bautista envía sus discípulos a preguntar a Jesús si Él es el Mesías, la respuesta de Jesús es ejemplar: Decid a Juan lo que habéis visto. Y relaciona los milagros que se han realizado en su presencia. Lejos de Él la verborrea, la argumentación para demostrar quién es. Ese es el modelo de evangelización que Cristo promueve. Evangelizar, llevar la buena nueva, no es contarla y mucho menos forzar a su aceptación, sino ponerla en práctica en medio de los demás.
Y ahora viene lo más difícil: expresar con palabras lo que estoy diciendo ha de expresarse con actos.
Podemos ponernos muy académicos y ortodoxos y decir que la buena nueva es que Cristo nos ha salvado con su propio sacrificio. Podemos decir muchas otras frases igual de altisonantes y que hemos terminado por asumir más que entender. Pero todo es tan sencillo como recordar la vida del maestro reflejada en sus frases: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn, 15;12); “Yo y el Padre somos uno” (Jn, 10;30) y "Yo no puedo hacer nada por mi cuenta..., no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn, 5; 30). O sea AMOR, UNIDAD Y VERDAD.
Y ahora que mis palabras os han llevado a unos al desconcierto, a otros a la meditación, … ahora releed la vida de Jesús, meteros en el personaje, intentad sentir lo que sintió. Luego no lo contéis a nadie. Sencillamente revividlo. Así seréis portadores de la Buena Nueva.
¡Que el Padre os acompañe!
El término evangelio es, si se me permite, relativamente moderno. Me explico: deriva del griego εὐ, que significa "bien", y αγγέλιον, que significa "mensaje". No pudo ser empleado por el Maestro que solo utilizaba el hebreo. Sin embargo es suficientemente explícito para captar la intención del Maestro. Subrepticiamente se viene deslizando en el hablar cotidiano un significado cuyas consecuencias prácticas son deplorables. Se trata de interpretar el concepto evangelizar como convencer, convertir a otro a la fe propia. Esta acepción ha llevado a años de luchas que, si ya eran de por sí injustificadas, se llegaban a convertir en medio de camuflaje de intereses mucho más espurios.
Cristo dice a sus discípulos que vayan a predicar o proclamar la buena nueva y debemos hacernos aquí dos preguntas: ¿Qué era lo que tenían que hacer? y ¿Cuál era esa buena nueva?
He querido poner dos verbos en el párrafo anterior, predicar y proclamar, porque de los posibles significados que nos da el diccionario de la RAE para el término predicar, usado muy habitualmente en términos religiosos, sólo me vale la primera (Publicar, hacer patente y claro algo) ya que las demás no dejan de llevar una connotación de reprensión, de argumentación o similar. Cuando Juan el Bautista envía sus discípulos a preguntar a Jesús si Él es el Mesías, la respuesta de Jesús es ejemplar: Decid a Juan lo que habéis visto. Y relaciona los milagros que se han realizado en su presencia. Lejos de Él la verborrea, la argumentación para demostrar quién es. Ese es el modelo de evangelización que Cristo promueve. Evangelizar, llevar la buena nueva, no es contarla y mucho menos forzar a su aceptación, sino ponerla en práctica en medio de los demás.
Y ahora viene lo más difícil: expresar con palabras lo que estoy diciendo ha de expresarse con actos.
Podemos ponernos muy académicos y ortodoxos y decir que la buena nueva es que Cristo nos ha salvado con su propio sacrificio. Podemos decir muchas otras frases igual de altisonantes y que hemos terminado por asumir más que entender. Pero todo es tan sencillo como recordar la vida del maestro reflejada en sus frases: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn, 15;12); “Yo y el Padre somos uno” (Jn, 10;30) y "Yo no puedo hacer nada por mi cuenta..., no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn, 5; 30). O sea AMOR, UNIDAD Y VERDAD.
Y ahora que mis palabras os han llevado a unos al desconcierto, a otros a la meditación, … ahora releed la vida de Jesús, meteros en el personaje, intentad sentir lo que sintió. Luego no lo contéis a nadie. Sencillamente revividlo. Así seréis portadores de la Buena Nueva.
¡Que el Padre os acompañe!
viernes, 18 de marzo de 2011
¿Hay alguien ahí fuera?
De vez en cuando, mejor dicho siempre, es bueno lanzar una mirada global a este mundo nuestro y tomarle el pulso. Veamos. En Internet, en las tertulias de los cafés y en los medios de confusión, ¡Oh!, perdón, quería decir de comunicación, es frecuente que nos enfrenten al mundo que nos rodea, que nos aíslen de él y nos muestren las dantescas escenas de Japón, las de Haití o de Afganistán, Irak, Egipto o Libia, por no citar otras más próximas a las que parece nos vamos acostumbrando.
También en los mismos foros oímos hablar de la influencia de las manchas solares, de las tormentas de allí y de aquí, del paso del cometa Fulanito, del 2012, de los temblores de la Madre Tierra, harta ya de nuestros caprichos y veleidades, rayanas en la locura. Y todo eso, nos dicen, tiene una notable influencia sobre nuestros actos. Yo no lo dudo.
Ni dudo esto, ni me deja indiferente aquello. Lo que no puedo aceptar es que todo eso pase ahí fuera, fuera de mí. ¿A quién se le ocurriría decir que la herida que tiene en el pie, esa que le impide dar siquiera dos pasos, es algo que está fuera de él? Pues bien, a este absurdo estamos llegando o, más bien, a ese absurdo hemos llegado: todo lo que nos molesta, nos asusta o nos preocupa lo consideramos externo a nosotros. Lo irrisorio es que, en el colmo de la estupidez, nos hemos acostumbrado a dejar fuera de nosotros incluso lo bueno y ya nos encontramos a nosotros mismos, atados de pies y manos, incapaces de hacer nada, tristes, malhumorados y taciturnos, cuando no asustados y desesperados. Si seguimos por ese camino, llegaremos a pensar que nuestro cuerpo también está ahí fuera y entraremos en la locura del desdoblamiento de personalidad. Como he dicho en alguna ocasión, no hay enfermedades de la mente, sino confusiones del alma.
Pues no. Me niego a aceptar que haya algo fuera de mí. TODO, ABSOLUTAMENTE TODO ESTÁ DENTRO DE MI CORAZÓN. ¿A alguien le suena esto extraño? ¿Alguien duda de la Unidad? Pues sí: Yo mismo. Yo dudo de mí mismo y en esa duda está la chispa de mi vida, esa es la causa de que busque y busque sin parar, hasta cuando, exhausto, me dejo caer al borde del camino. Ahí, tirada mi humanidad, también estoy buscando. Y, tal vez en ese momento, Algo me diga que tú y yo, todos los demás y todo lo que nos rodea somos lo mismo, aunque, a veces, estemos en nuestros mundos.
¿No te lo crees? Es lo mejor que puedes hacer. Porque para borregos ya existen los de cuatro patas. Porque lo que yo piense, medite, concluya o haga no ha de valer para ti, porque ni tú, ni tu instante, ni tu lugar, son los mismos que los míos, aunque alguna vez me comprenderás cuando te digo que tú eres yo y todos lo demás.
También en los mismos foros oímos hablar de la influencia de las manchas solares, de las tormentas de allí y de aquí, del paso del cometa Fulanito, del 2012, de los temblores de la Madre Tierra, harta ya de nuestros caprichos y veleidades, rayanas en la locura. Y todo eso, nos dicen, tiene una notable influencia sobre nuestros actos. Yo no lo dudo.
Ni dudo esto, ni me deja indiferente aquello. Lo que no puedo aceptar es que todo eso pase ahí fuera, fuera de mí. ¿A quién se le ocurriría decir que la herida que tiene en el pie, esa que le impide dar siquiera dos pasos, es algo que está fuera de él? Pues bien, a este absurdo estamos llegando o, más bien, a ese absurdo hemos llegado: todo lo que nos molesta, nos asusta o nos preocupa lo consideramos externo a nosotros. Lo irrisorio es que, en el colmo de la estupidez, nos hemos acostumbrado a dejar fuera de nosotros incluso lo bueno y ya nos encontramos a nosotros mismos, atados de pies y manos, incapaces de hacer nada, tristes, malhumorados y taciturnos, cuando no asustados y desesperados. Si seguimos por ese camino, llegaremos a pensar que nuestro cuerpo también está ahí fuera y entraremos en la locura del desdoblamiento de personalidad. Como he dicho en alguna ocasión, no hay enfermedades de la mente, sino confusiones del alma.
Pues no. Me niego a aceptar que haya algo fuera de mí. TODO, ABSOLUTAMENTE TODO ESTÁ DENTRO DE MI CORAZÓN. ¿A alguien le suena esto extraño? ¿Alguien duda de la Unidad? Pues sí: Yo mismo. Yo dudo de mí mismo y en esa duda está la chispa de mi vida, esa es la causa de que busque y busque sin parar, hasta cuando, exhausto, me dejo caer al borde del camino. Ahí, tirada mi humanidad, también estoy buscando. Y, tal vez en ese momento, Algo me diga que tú y yo, todos los demás y todo lo que nos rodea somos lo mismo, aunque, a veces, estemos en nuestros mundos.
¿No te lo crees? Es lo mejor que puedes hacer. Porque para borregos ya existen los de cuatro patas. Porque lo que yo piense, medite, concluya o haga no ha de valer para ti, porque ni tú, ni tu instante, ni tu lugar, son los mismos que los míos, aunque alguna vez me comprenderás cuando te digo que tú eres yo y todos lo demás.
domingo, 6 de marzo de 2011
Bendita imperfección
Está de moda hablar de la excelencia. Los gurús del marketing, de la organización de empresas e incluso de la espiritualidad nos ponen la zanahoria de la excelencia delante de las narices. Pero, ¿alguien puede decirme qué es la excelencia? A mí me suena a algo así como quimérica perfección. Poner el punto de mira en la perfección, o sea perseguir la excelencia, es algo así como andar subiendo una montaña cuya cumbre no se ve. Porque ¿qué es un ser humano perfecto? ¿No será, por casualidad, el mismo ser humano de siempre, con sus virtudes y sus defectos, con su debilidad y con su fuerza, con su frialdad y su calidez,…?
Porque, digo yo, si Dios hubiese querido hombres “perfectos”, no le habría costado mucho hacerlos. Claro que, tal vez, para esos gurús de pacotilla Dios sea imperfecto.
Los pequeños grandes hombres y mujeres que en el mundo han sido y serán han sido imperfectos porque ahí, precisamente ahí, está el interés de esta vida. La experiencia que se pretende tengamos en esta vida no es la de la perfección, esa ya la teníamos junto a Dios, sino la de debatirnos en un mar de dudas, de imperfecciones, de contradicciones y de sentimientos encontrados. Y, en ese mar, ser capaces de encontrarnos con nosotros mismos, con Dios.
Recuerdo muchas veces la zarzuela “La rosa del azafrán” y en concreto el estribillo de La Espigadora: “Ay, ay, ay, ay, que trabajo nos manda el señor levantarse y volverse a agachar (…)”. No difiere mucho, pero es más ameno, de similares frases dichas por sesudos filósofos o por respetables santos. La vida es caer y levantarse y volver a caer y lo digo lejos de ese pesimista pensamiento del “valle de lágrimas”. Me gusta equivocarme porque eso me enseñará, si soy capaz de ver entre las lágrimas que ocasionen mi caída. Ser perfecto en términos absolutos, ya lo soy cuando estoy junto a Dios, pero dicho en este mundo no deja de ser una patraña más de los que ansían controlar a los demás. Quiero ser un perfecto humano imperfecto. Quiero manifestar mis sentimientos, llorar cuando toca llorar y reír cuando toca reír, irritarme cuando la injusticia ronda mi balcón y dormirme seráficamente cuando ha pasado la tormenta, quiero, en fin, vivir y no quiero, ni puedo, permitir que nadie me robe la experiencia de vivir bajo el señuelo de una excelentemente estúpida perfección.
Porque, digo yo, si Dios hubiese querido hombres “perfectos”, no le habría costado mucho hacerlos. Claro que, tal vez, para esos gurús de pacotilla Dios sea imperfecto.
Los pequeños grandes hombres y mujeres que en el mundo han sido y serán han sido imperfectos porque ahí, precisamente ahí, está el interés de esta vida. La experiencia que se pretende tengamos en esta vida no es la de la perfección, esa ya la teníamos junto a Dios, sino la de debatirnos en un mar de dudas, de imperfecciones, de contradicciones y de sentimientos encontrados. Y, en ese mar, ser capaces de encontrarnos con nosotros mismos, con Dios.
Recuerdo muchas veces la zarzuela “La rosa del azafrán” y en concreto el estribillo de La Espigadora: “Ay, ay, ay, ay, que trabajo nos manda el señor levantarse y volverse a agachar (…)”. No difiere mucho, pero es más ameno, de similares frases dichas por sesudos filósofos o por respetables santos. La vida es caer y levantarse y volver a caer y lo digo lejos de ese pesimista pensamiento del “valle de lágrimas”. Me gusta equivocarme porque eso me enseñará, si soy capaz de ver entre las lágrimas que ocasionen mi caída. Ser perfecto en términos absolutos, ya lo soy cuando estoy junto a Dios, pero dicho en este mundo no deja de ser una patraña más de los que ansían controlar a los demás. Quiero ser un perfecto humano imperfecto. Quiero manifestar mis sentimientos, llorar cuando toca llorar y reír cuando toca reír, irritarme cuando la injusticia ronda mi balcón y dormirme seráficamente cuando ha pasado la tormenta, quiero, en fin, vivir y no quiero, ni puedo, permitir que nadie me robe la experiencia de vivir bajo el señuelo de una excelentemente estúpida perfección.
viernes, 18 de febrero de 2011
Cuando dicen que me entienden,...
Cuando, hablando del Corazón, dicen que me entienden, malo. Utilizar las palabras es un mal necesario. Metidos en nuestra individualidad necesitamos conectar con nuestro origen, sentir la Presencia y vivir la Unidad. Pero nuestro ser, condicionado por su entorno, emplea las herramientas que tiene más a su alcance. Aplica la razón y se basa en las semejanzas y busca el medio de comunicarse con sus semejantes y en aplicación de la ley del mínimo esfuerzo o de la máxima eficiencia, visión pesimista y optimista de la misma cosa, habla y escribe. Pero las palabras solo sirven para esta existencia y para lo que es de este mundo y llevan a confusión cuando se emplean para lo que no fueron hechas.
Hablando del Corazón, las palabras son aldabonazos que damos en la puerta de los demás o, tal vez, en la nuestra propia. Y cuando abrimos la puerta, pocos, muy pocos, abren también su Corazón.
No quiero que me entendáis, porque nada habréis entendido. Quiero, necesito y necesitáis, que sintáis y sentir con vosotros, entrar en resonancia y recibir el “pan nuestro de cada día”, ese que nos permite continuar esta maravillosa aventura que es la Vida.
Por favor, cuando leáis estas líneas, oigáis mis palabras o las de otro, el grito desgarrador de la violencia o del hambre, la melodía de la flauta, el canto del jilguero o el ruido de las ametralladoras, no busquéis su significado, solo sentidlo; despojadlo de su vestimenta positiva o negativa; mirad de frente la desgracia y la alegría, la vida y la muerte,… Todo es lo mismo. Esta aparente imperturbabilidad, esa pasión serena que os propongo, es lo que necesitamos a nuestro alrededor para no sentirnos solos. ¡Es tan simple y lo hacemos tan difícil!
Un beso en el Amor y un abrazo en la Unidad.
Hablando del Corazón, las palabras son aldabonazos que damos en la puerta de los demás o, tal vez, en la nuestra propia. Y cuando abrimos la puerta, pocos, muy pocos, abren también su Corazón.
No quiero que me entendáis, porque nada habréis entendido. Quiero, necesito y necesitáis, que sintáis y sentir con vosotros, entrar en resonancia y recibir el “pan nuestro de cada día”, ese que nos permite continuar esta maravillosa aventura que es la Vida.
Por favor, cuando leáis estas líneas, oigáis mis palabras o las de otro, el grito desgarrador de la violencia o del hambre, la melodía de la flauta, el canto del jilguero o el ruido de las ametralladoras, no busquéis su significado, solo sentidlo; despojadlo de su vestimenta positiva o negativa; mirad de frente la desgracia y la alegría, la vida y la muerte,… Todo es lo mismo. Esta aparente imperturbabilidad, esa pasión serena que os propongo, es lo que necesitamos a nuestro alrededor para no sentirnos solos. ¡Es tan simple y lo hacemos tan difícil!
Un beso en el Amor y un abrazo en la Unidad.
sábado, 12 de febrero de 2011
El canto del gallo
Son las seis de la mañana. Canta el gallo. Insiste en su canto. Nadie podría pensar que es un perro.
¿Porqué los hombres somos gallos y nos empeñamos en cantar como perros?
¿Porqué los hombres somos gallos y nos empeñamos en cantar como perros?
jueves, 10 de febrero de 2011
Esencia divina
Una persona puede vivir varios días sin comer, apenas un día sin beber y unos pocos, muy pocos, minutos sin respirar. Cuanto menos densa es la materia que absorbemos, menos tiempo podemos estar sin ella.
Y algunos pretenden apartar de su existencia lo más sutil de todo: el espíritu. Así el mundo está lleno de auténticos zombies.
Nos lo dijo Jesús en repetidas ocasiones: ¡Orad continuamente" Nos lo recordaba Pablo en su carta a los Tasalonicenses, nos lo recordaban los Santos Padres y numerosos santos. La eficacia de la oración continua de aquél peregrino ruso radica en que nos pone en comunicación permanente con nuestra esencia divina, con la Presencia de Dios que nos da la Vida.
Y algunos pretenden apartar de su existencia lo más sutil de todo: el espíritu. Así el mundo está lleno de auténticos zombies.
Nos lo dijo Jesús en repetidas ocasiones: ¡Orad continuamente" Nos lo recordaba Pablo en su carta a los Tasalonicenses, nos lo recordaban los Santos Padres y numerosos santos. La eficacia de la oración continua de aquél peregrino ruso radica en que nos pone en comunicación permanente con nuestra esencia divina, con la Presencia de Dios que nos da la Vida.
sábado, 5 de febrero de 2011
Sin cargas
¿De qué sirve ponerse a meditar, alcanzar, si se logra en estas condiciones, la iluminación, si nos olvidamos de nuestros hermanos los hombres? Ocuparse de los demás, alentarles cuando los problemas les agobian, aligera nuestra carga, nos libera. Os aseguro que éste es el primer paso del camino más seguro para llegar a Dios, la mejor vía mística. Os dejo con unos versículos de Isaías (Isaías 58,7-10.)
Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!".
Si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.
Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!".
Si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

