HESICASMO

Bienvenidos. Este es un blog dedicado a la espiritualidad y, en especial, al hesicasmo, la vía mística de la Iglesia Cristiana Ortodoxa.
En la columna de la izquierda se incluyen textos sobre el hesicasmo (fundamentos, práctica, historia, biografías, frases para meditar, etc.) En la columna de la derecha se presentan mis meditaciones y aportaciones, modestas aportaciones, a esta vía mística. Os agradeceré vuestros comentarios que, a buen seguro, nos harán bien a todos.
La Paz de Dios sea con todos nosotros.

¿Ya os habéis olvidado?

HAITI: más de 500 muertos por cólera. El Servicio Andaluz de Salud está preparando atención médica, aquí en España, para varias decenas de niños haitianos. Algunas ONG's están recogiendo fondos para cubrir los gastos de viaje y estancia de padres e hijos. Y ¿tú que haces?

domingo, 27 de noviembre de 2011

Los argumentos de la Verdad

Dice San Antonio en sus “Advertencias sobre la índole humana y la vida buena”:

“El que se fatiga en comprender las cosas útiles y los buenos discursos, es considerado desventurado. Pero en cuanto a los que, comprendiendo la Verdad, imprudentemente discuten, tienen muerta la razón y su manera de ser es similar a la de las fieras. No conocen a Dios, y su alma no es iluminada.”
Es un texto aparentemente contradictorio y bastante oscuro que me gustaría entender y ayudar a entender. ¡Vamos a ello!
La primera frase es contraria al pragmatismo de esta vida. Es normal que pretendamos entender los mecanismos, las leyes y principios que rigen este mundo. Y es normal porque con ello mejoraremos nuestra calidad de vida y, en casos extremos, incluso aseguraremos nuestra supervivencia. Pero, Antonio califica de desventurados a aquellos que gastan sus fuerzas en ello, porque, me pregunto yo, ¿qué sentido tiene llegar a comprender las leyes de este mundo si tenemos que dejarlo y partir, antes o después, hacia otro Reino? ¿Qué sentido tiene asegurar nuestra vida en este mundo y olvidarnos de la futura? Llevar al extremo de fatigarnos el análisis de lo que nos rodea, pretendiendo, en última instancia, dominarlo es un absurdo.

Sin embargo, Antonio pasa a continuación a hablarnos de los que comprenden la Verdad. Solo en la tercera acepción del diccionario de la RAE comprender significa entender. Antes que entender significa abrazar algo, incluso contener o incluir en sí mismo algo. Antonio se está refiriendo a aquellos que viven en la Verdad, pero dice algo que nos llama poderosamente la atención, llama imprudentes a aquellos que, comprendiendo la Verdad la discuten con los demás. ¡Ahí está la cuestión! La Verdad se vive, se muestra a quien quiera verla, pero no se discute, porque no admite raciocinio humano. Siglos de historia nos muestran las innumerables guerras que la defensa de una verdad ha promovido. No hace falta que las cite, ni quiero, pero todos las conocemos. Compartamos la Verdad que, antes o después descubriremos en nuestro interior, pero nunca la discutamos y, mucho menos, la impongamos.
¡La Paz sea con todos nosotros!

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Si por tres veces al día

Si por orar tres veces al día, Dios hace esto por Daniel:

Aquellos hombres acudieron precipitadamente y encontraron a Daniel orando y suplicando a su Dios.

Entonces de presentaron ante el rey y, refiriéndose a la prohibición real, le dijeron: "¿Acaso no has escrito una prohibición según la cual todo el que dirija una oración dentro de los próximos treinta días, a cualquier dios u hombre que no seas tú, rey, debe ser arrojado al foso de los leones?". El rey tomó la palabra y dijo: "Así es, en efecto, según la ley de los medos y de los persas, que es irrevocable".

Entonces ellos tomaron la palabra y dijeron en presencia del rey: "Daniel, uno de los deportados de Judá, no te ha hecho caso, rey, ni a ti ni a la prohibición que tú has escrito, y tres veces al día hace su oración".

Al oír esto, el rey se apenó profundamente y puso todo su empeño por salvar a Daniel: hasta el atardecer se esforzó por librarlo.

Pero esos hombres acudieron precipitadamente al rey y le dijeron: "Tienes que saber, rey, que según la ley de los medos y de los persas, ninguna prohibición o edicto promulgado por el rey puede ser modificado".

Entonces el rey mandó traer a Daniel y arrojarlo al foso de los leones. El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: "Tu Dios, al que sirves con tanta constancia, te salvará".

Luego trajeron una piedra y la pusieron sobre la abertura del foso; el rey la selló con su anillo y con el anillo de sus dignatarios, para que no se cambiara nada en lo concerniente a Daniel.

El rey se retiró a su palacio; ayunó toda la noche, no hizo venir a sus concubinas y se le fue el sueño.

Al amanecer, apenas despuntado el día, el rey se levantó y fue rápidamente al foso de los leones.

Cuando se acercó a él, llamó a Daniel con voz angustiosa. El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: "Daniel, servidor del Dios viviente, ¿ha podido tu Dios, al que sirves con tanta constancia, salvarte de los leones?".

Daniel dijo al rey: "¡Viva el rey eternamente!

Mi Dios ha enviado a su Angel y ha cerrado las fauces de los leones, y ellos no me han hecho ningún mal, porque yo he sido hallado inocente en su presencia; tampoco ante ti, rey, había cometido ningún mal".

El rey sintió una gran alegría a causa de Daniel, y ordenó que lo sacaran del foso. Daniel fue sacado del foso, y no se le encontró ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.

Luego el rey mandó traer a los hombres que habían acusado a Daniel y los hizo arrojar al foso de los leones, con sus hijos y sus mujeres. Y no habían llegado aún al fondo del foso, cuando ya los leones se apoderaron de ellos y les trituraron todos los huesos.

Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan sobre la tierra: "¡Tengan ustedes paz en abundancia!

Yo ordeno que en todo el dominio de mi reino se tiemble y se sienta temor ante el Dios de Daniel, porque él es el Dios viviente y subsiste para siempre; su reino no será destruido y su dominio durará hasta el fin.

El salva y libera, realiza signos y prodigios en el cielo y sobre la tierra. El ha salvado a Daniel del poder de los leones".
Daniel 6,12-28.



¿Qué no hará por medio de la oración contínua?

viernes, 18 de noviembre de 2011

El poder del Amor

La tertulia se había animado. Todos manifestaban su preocupación, cuando no su pesimismo, por el consumo de drogas, coca en especial. La mayoría mostraban un mayor o menor grado de convencimiento ante el hecho, dado por cierto, de que grandes intereses político-comerciales permitían, bajo una doble moral, el cultivo y tráfico de la droga. Poco a poco se perfilaron posturas. La mayoritaria que afirmaba que era necesario mano dura, represión, fustigar fuertemente a los mencionados poderes que tras una bandera democrática ejercían una maquiavélica conducta en la que la droga era una más de sus estrategias. Y la absolutamente minoritaria que pensaba que la solución estaba en el interior de uno mismo.

A la mañana siguiente, muy temprano, voy de regreso al hotel tras dar un paseo por la Avenida Corrientes y la c/Florida para reanudar la actividad profesional. En la parada del colectivo, un anuncio: “El poder del amor”.

Decíamos en la anterior entrada del blog que el amor era, así os lo proponía: el principio básico del comportamiento de un conjunto de partes que aspiran a reunirse en la unidad o de la unidad misma. Claro que frente al amor encontramos el odio que, por oposión, sería el principio de la desunión. En efecto, el odio, este sí, es un sentimiento, es algo propio de nuestra naturaleza animal, principio por el cual el individuo se considera diferente del otro y, si quiere sobrevivir, ha de eliminar al otro, salvo que la estrategia del momento aconseje unirse a él.

La droga, las armas, la pornografía, las guerras,… no son sino consecuencia de esta perseguida desunión, por la que cada uno quiere ser más fuerte que el vecino. Por tanto ¿qué mejor medio de luchar contra esas “cosillas” que usar el amor como expresión de la unidad? Y ¿cómo nos hacemos portadores del amor, si no es por medio de nuestro desarrollo interior?

Un abrazo en el Amor de Dios

lunes, 14 de noviembre de 2011

Amor y ¿eso qué es?

En los últimos años y cada día de forma más acelerada se está produciendo un fenómeno interesante y esperanzador. De forma generalizada el hombre está pensando por sí solo. Donde antes pensaban unos pocos, copiaban otros muchos y una inmensa   mayoría se limitaba a mirar el espectáculo, ahora es una mayoría la que intenta pensar por sí misma.

Esto es maravilloso y quienes lo han detectado antes que yo lo califican de salto consciencial.  Otros hablan de un cambio de dimensión y así un largo etcétera en el que probablemente todos quieran decir lo mismo. Lo delicado del asunto está ahí precisamente: hay un número importante de hermanos que saben donde están; otro número aún mayor intuye por donde están, pero no saben explicarlo, aunque utilicen los mismos términos que los anteriores; otro grupo demasiado numeroso intuyen que se están perdiendo algo que les gustaría conocer, pero entre que no entienden el significado de lo que oyen y que muchos de los que hablan no caen en la cuenta de que deberían explicar lo que cuentan, si es que saben de lo que hablan, terminan por perderse en el bosque; finalmente queda el número de los que, dicen, ni les va, ni les viene, aunque a veces les gustaría enterarse por si fuera un esnobismo nuevo al que apuntarse.
Parece, pues, que va siendo hora de aclarar conceptos. Cojamos uno que no es precisamente nuevo pero que tal vez por eso esté tan alterado: amor. Para no perdernos, tomemos el diccionario de la RAE. Cuenta con 14 acepciones diferentes. Tomemos la primera, dice así: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.” Es tremendo, demoledor:

A)     Es un sentimiento o sea una sensación producida por lo que perciben los sentidos. Demasiado escatológico ¿no?

B)      Del ser humano, o sea que no es atribuible a Dios, o sea que cuando alguien dice que Dios es amor es poco más o menos un blasfemo.

C)      Asegura que ese sentimiento parte de la propia insuficiencia del ser amante. Vuelve la burra al trigal: como se supone que Dios es autosuficiente, no puede amar.

D)     Además dice que es un sentimiento que parte de la necesidad, esto es se trata de un sentimiento egoísta. O sea que según esto si amamos es porque somos egoístas y si odiamos, no amaremos, pero por lo menos no seremos egoístas.

E)      Y para terminar resulta que lo que buscamos es  el encuentro y la unión con otro ser, o sea que solo es un sentimiento de pareja y, por lo mismo, no puede ser atributo de Dios que, por otra parte tampoco  puede unirse a otro ser.

Y eso por no acudir a otras acepciones más… ¿lúdicas?

Con esta definición ¿qué podemos esperar cuando decimos a alguien que el Amor es el motor de todo? Pues, eso: “por el interés te quiero, Andrés” Decididamente, alguien nos ha colado un gol ensuciando la pureza del significado de la palabra Amor. Lo malo es la consecuencia: perdido el sentido real de la palabra todos los razonamientos que nuestra limitada mente pueda realizar quedarán totalmente desvirtuados, serán confusos y nos llevarán derechos al error. Pero esta consecuencia se afianza porque amor no es la única palabra corrompida. Tenía razón Jesucristo cuando decía que no nos fijáramos en lo que decían, sino en lo que hacían, no ya porque los fariseos fueran como eran, que lo eran, sino porque la transmisión de ideas por medio de palabras es muy ineficaz.

He estado meditando sobre el concepto  de Amor y os propongo el siguiente: Principio básico del comportamiento de un conjunto de partes que aspiran a reunirse en la unidad o de la unidad misma. De esta forma, tal vez algo cartesiana,  llegamos a poner en común algo que es esencia divina y de la cual percibimos ramalazos en nuestro interior. Ramalazos que pueden ser más o menos duraderos, pero que siempre nos invitan a acercarnos a Dios.

viernes, 28 de octubre de 2011

El desapego, según Antonio el Ermitaño

Decía Antonio, allá por el siglo IV:
Cuanto más modesta es la vida de uno, tanto más éste es feliz. No tiene que preocuparse por tantas cosas, tales como siervos, campesinos, ganado. Si nos precipitamos en estos quehaceres, tropezaremos con las penas que de ellos surgen y nos lamentaremos de Dios: con nuestra voluntaria concupiscencia, la muerte, como una planta, será regada y permaneceremos perdidos en las tinieblas de la vida pecaminosa, impotentes de conocernos a nosotros mismos
No debemos declarar que es imposible para el hombre conducir una vida virtuosa. Debemos más bien decir que ésta no es fácil ni está al alcance de la mano de cualquiera. Toman parte de una vida virtuosa todos aquellos que, de entre los hombres, son píos y dotados de un intelecto amante de Dios: porque el intelecto ordinario y mundano es también voluble, produce pensamientos ya sea buenos como malos, es mudable por naturaleza y sus cambios tienden a la materia. Mientras, el intelecto ocupado por el amor de Dios está al resguardo de la malicia que el hombre voluntariamente se procura por su descuido.
 Los incultos y los rústicos consideran cosa risible los razonamientos y no quieren escuchar, pues su falta de formación sería puesta en evidencia y querrían que todos fueran como ellos. Es así que también en su forma de vivir y en sus modales, tratan de que todos sean peores que ellos pues piensan que podrán pasar por irreprochables, gracias al pulular de los mediocres.
No deben extrañarnos estas palabras ya que cuatro siglos antes ya las había dicho Cristo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el Cielo, y luego sígueme».

Pero es que Cristo no hacía más que recoger lo dicho en el Libro de la Sabiduría (Sab, 7):

“Con la sabiduría me vinieron a la vez todos los bienes”
Supliqué, y se me concedió la prudencia;
invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos,
y, en comparación con ella,
tuve en nada la riqueza.
No le igualé la piedra más preciosa,
porque todo el oro, a su lado,
es un puñado de arena,
y, ante ella, la plata es como el barro.
La quise más que a la salud y a la belleza,
y preferí tenerla como luz,
porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos,
en sus manos había riquezas incontables."

O sea que llevan toda la vida diciéndonos lo mismo y nosotros sin enterarnos. ¿Podemos hacer algo por conseguirlo? ¿Tenemos claro de lo que nos están hablando? ¿Significa que debemos tirar los bienes que a más de nuestros son de nuestras familias y dejarlas en la miseria? ¿Significa que debemos dejar de trabajar y centrarnos exclusivamente en la oración y en la meditación? O sea ¿debemos cambiar el apego a lo material por el apego a lo espiritual? ¿Qué más da un apego que otro? Meditemos sobre la cuestión y que Dios, como siempre, nos ilumine.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Buenas noticias son...

La montaña escribe en su lenguaje silencioso, solo sentido, y por ello entendido, por aquellos que buscan la paz. No escribe grandes cosas, casi ni son noticia y, mucho menos, tampoco son novedades pero son sedantes. A su alrededor se pelean los vientos, se insultan las tempestades o campa la muerte caída fulgurante del cielo sobre su infeliz víctima. Pero la montaña sigue su discurso para quien lo quiera escuchar, para quien lo sepa entender, para quien lo pueda necesitar,… allí estará dispuesta para todos.


Buenas noticias son que la vida sigue su curso, ahí dispuesta para que la podamos aprovechar. Algunos pensarán, como el de la zarzuela, que qué faena nos hizo Dios con echarnos a este mundo. ¡Pobres ciegos! La vida es un regalo de Dios y cuando se acaba es, SIEMPRE, un regalo mayor. Lo malo es que Dios nos dio la libertad de interpretar su regalo y esta libertad entraña el no nacer sabiéndolo hacer.

Buenas noticias son todas las cosas que pasan a nuestro alrededor, porque frente al odio está el amor, frente a la muerte está la vida, frente al tirano está el clamor de los pueblos con sus mantos de libertad, frente a la guerra está la paz, frente a la traición lucha la lealtad,… solo hay que saber buscar. Decía un antiguo entrenador del Barcelona C.F.: “Tu mucho negativo, nada positivo” Y es que en efecto para entender las noticias como buenas hay que disponer primero nuestro ánimo: “Todas las noticias son buenas”

Por cierto, buenas noticias son que en Argentina se haya constituido un grupo católico de hesicastas (lo podéis ver en http://hesiquia.wordpress.com/2010/12/16/hesicasmo-catolico/ ) Les deseo una fructífera experiencia.

martes, 25 de octubre de 2011

Pues, sí todo está bien

Nos preguntábamos hace unos días si todo estaba bien. Y hoy viene nuestro inefable Antonio a confirmánoslo:
Por cierto, que esto no lo pensarán los insensatos: éstos no creen que todo evento es para bien, que sucede como debe suceder para ventaja nuestra, a fin de que las virtudes resplandezcan y que recibamos de Dios la corona.
Y es que no hay nada nuevo bajo el cielo: siempre son las mismas peguntas y las mismas respuestas. Los únicos que cambiamos somos nosotros que, pobres ignorantes, miramos la Verdad desde diferentes posturas y creemos ver algo nuevo.

lunes, 24 de octubre de 2011

Enamorado de Dios

Pensaba San Antonio que:

El hombre verdaderamente razonable tiene un solo deseo: creer en Dios y agradarle en todo En función de esto -y solamente de esto- formará su alma, de modo que sea del agrado de Dios, dándole gracias por el modo admirable con que su providencia gobierna todas las cosas, incluso los eventos fortuitos de la vida. Está, pues, fuera de lugar, agradecer a los médicos por la salud del cuerpo aun cuando nos suministran fármacos amargos y desagradables, y ser ingratos con respecto de Dios por las cosas que nos parecen penosas, sin reconocer que todo sucede de la forma debida, en nuestra ventaja, según su Providencia.
Puede parecer, y debemos evitar el equívoco, que a Dios tenemos que quererle por el egoísmo de desear vernos bien atendidos por Él. Antonio llama nuestra atención sobre el hecho tan admirable de como Dios gobierna todo, de forma que nada resulta ser casual. Antes de todo sentimiento de agradecimiento por ello que pudiera convertirse en egoísmo, hay que querer a Dios como, permítaseme la comparación, lo hacemos con nuestra pareja cuando estamos enamorados. El enamorado no racionaliza su amor: lo siente, lo vive, porque... ¡porque sí! Porque, como dice mi mujer, admira al ser amado. Claro que, en el amor terrenal esa admiración puede declinar si, como pasa con frecuencia, cada miembro de la pareja no mejora sus virtudes, aquellas que movieron a su pareja a admiración y entre las que la más importante es el espíritu de sacrificio y entrega al otro. Pero con Dios el enamorado no se desenamora. Dios es una inmensa fuente de admiración que cuanto más conocemos, más nos admira, nos embelesa, nos enamora. Dios es sencillamente irresistible. Así que terminemos con un poema de Santa Teresa, "El Corazón Enamorado":
Dichoso el corazón enamorado
que en sólo Dios ha puesto el pensamiento,
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento.
Aún de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento,
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso.

domingo, 23 de octubre de 2011

Animales racionales

Decía Antonio el Ermitaño:
Sucede que a los hombres se los llama, impropiamente, razonables. Sin embargo, no son razonables aquellos que han estudiado los discursos y los libros de los sabios de un tiempo; pero aquellos que tienen un alma razonable, y que están en condiciones de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, aquellos que huyen de todo lo que es maldad y que daña el alma, mientras que se adhieren solícitamente a poner en práctica todo lo que es bueno y útil al alma, y hacen todo esto con mucha gratitud respecto de Dios, solamente estos últimos pueden ser llamados, en verdad, hombres razonables. (Advertencias Sobre La Índole Humana y La Vida Buena; Filokalia)
Estas palabras dicha allá por el siglo IV, tiene hoy plena vigencia. Y es que nuestro pequeño mundo occidental ha perseguido el conocimiento tecnológico, la teoría filosófica, las leyes sistematizadas,... y se ha olvidado de ese Concimiento que se adquiere y reside en el corazón. O, hablando en castellano viejo: obras son amores y no buenas razones.

martes, 11 de octubre de 2011

Todo está bien ¿o no?

Esta sociedad nuestra ha entrado en una fase de su historia de crisis aguda y quiero dejar claro eso: que es una agudización de la crisis, o sea del cambio permanente en que se desarrolla el paseo del hombre por este mundo.
El hombre, en su aspecto más material, es un ser cambiante sometido a las leyes de un mundo de por sí cambiante. Y esto es lo que los guías tuertos de este mundo de ciegos o, peor aún, los ciegos que se creen tuertos y se consideran guías de los demás ciegos no aciertan a transmitir. Nos empeñamos en ver, con un enfoque totalmente pesimista, que vamos de mal en peor, que se avecinan fenómenos apocalípticos, el anti-Cristo,  etc., etc. Y todo ello envuelto en la negrura del “mal”. Claro, así resulta fácil encontrarnos con hermanos desencantados de la vida, abrumados por el peso de un mal más imaginario que real, hundidos en un mundo que consideran dejado de la mano de Dios,… y así vienen las depresiones, las angustias, los pensamientos suicidas y tantos desequilibrios psíquicos.

Nuestra doble naturaleza, humana por vivir en este mundo y divina por nuestro origen, entra en lucha. La una es cambiante, la otra inmutable. Mientras que el espíritu percibe la inmutabilidad divina, el cuerpo se ve sometido al cambio de un mundo que necesita cambiar para ser. Pero el cambio requiere el paso de un estado a otro y si el segundo estado es diferente del primero, algo hay  en él que lo hace mejor o peor para el que lo vive, y para ello no dejamos de estar viendo y sintiendo todo con una carga de subjetividad más o menos importante. Esa subjetividad será tanto mayor cuanto mayores sean nuestros apegos a las cosas de este mundo. De este análisis subjetivado de las cosas y hechos de este mundo y de esta permanente dicotomía bien-mal, derivan el sufrimiento, nuestros desequilibrios emocionales, nuestros miedos y nuestras angustias.
No acabamos de entender y, menos aún, de aceptar que esa interacción bien-mal no es sino el motor del mundo. Si solo existiera el mal, el mundo desaparecería: esto nos parece evidente. Pero es que, si solo existiera el bien, el mundo también desaparecería. El problema es que los occidentales hemos creado, en torno a este mecanismo dicotómico, una moral: esto está bien y aquello está mal. Con ello conseguimos tener épocas de una cierta euforia y otras de marcado pesimismo. Recordando unas y angustiándonos por las otras, nos rebelamos. Se nos habla de respetar la voluntad de dios y entramos con ello en una nueva danza de locura y frustración. He escrito dios con minúscula porque a lo que nos referimos en esos momentos de rebeldía es a un dios demiurgo, a un ser que gobierna este mundo y al que asignamos poderes especiales, pero hecho, ¡qué ironía!, a nuestra imagen y semejanza. Pues, bien, al pensar que Dios, convertido subrepticiamente en un dios menor, permite eso que hemos dado en llamar el mal dentro de la rueda de la vida, se nos rompen los esquemas: se nos fractura el alma. Pasamos así de la quiebra psicológica, ya de por sí grave, a algo todavía peor: la quiebra existencial por la que el espíritu “siente” fracasada su misión en este mundo. Si antes había pensamientos suicidas, ahora el suicidio se ha convertido en una perentoria, al menos eso siente el individuo, necesidad.

Frente a esa actitud rebelde del occidental, motivada en gran parte por esa forma de apego tremenda, maquiavélica diría yo, hacia el bien  que provoca una insana rotura de la Unidad, el oriental presenta una actitud de sumisión a la realidad. Aparece indiferente y resignado  a la evolución del mundo a su alrededor. Claro que ello le resulta más fácil que al occidental: la rueda de la vida es, para él, una continua interacción entre principios femeninos y masculinos.
Esta meditación mía me ha hecho darme cuenta que no todos los hombres están preparados para “navegar” por el mundo espiritual y que empeñarse en hacerlo, sin consolidar antes otros aspectos fundamentales del hombre como su salud psíquica, sus principios conductuales, etc., puede ser muy peligroso. Es más, cuando el individuo se ve sometido a importantes tensiones desequilibradoras en el mundo material, el hombre debe esforzarse en mantener su mente y su cuerpo entrenados y preparados para las más duras pruebas. Y llega el colofón. Esta titánica lucha pretendemos llevarla a cabo nosotros solos, sin aceptar la ayuda de aquellos que caminan a nuestro alrededor, de nuestros hermanos en Cristo. Hace unos minutos meditaba sobre ello y me di cuenta de que la caridad bien entendida  no solo está en dar ayuda, sino también en recibirla. Tan obligado es para un cristiano el ofrecer ayuda al hermano que ha caído o está en riesgo de caer, como para éste aceptarla, porque esta aceptación descansa en la humildad que es conocimiento de uno mismo, de sus capacidades y de sus limitaciones. ¡Amén!

martes, 4 de octubre de 2011

La Barca

Decía una canción de Mari Trini: “El amor es una barca/con dos remos en el mar/un remo aprietan mis manos/el otro lo mueve el azar” Es una canción que loa ese amor, que nos hemos empeñado en banalizar, que surge entre dos personas que han decidido viajar juntos. El amor en pareja no es dese luego fácil. Siempre hay una componente aleatoria que no controlamos. Yo, en mis habituales despistes, solía cambiar el azar por la mar. Creo que tampoco quedaba mal porque ¿os imagináis un remo sin remero? El oleaje lo zarandeará, hará la barca ingobernable y es posible que el remero centrado en su remo reciba un fuerte golpe del veleidoso remo suelto. Así es el amor y así es la vida.


Y, como así es la vida, así es el Amor. Me preguntaréis que dónde veo la semejanza. Pues está claro: cada uno de nosotros se aferra al remo, al único remo que cree controlar, y espera que los demás muevan el otro remo a la par. Y, claro, no siempre es así. ¿Qué ocurre entonces? Que la barca dará vueltas y más vueltas, sin avanzar. Que entraremos en desesperación. Que diremos qué burros son los demás. Que… O sea que la barca no avanzará. Pero, ¿habéis visto cuál es el error? ¿Habéis visto dónde están los demás?

En la barca solo estamos nosotros, cada uno de nosotros. Los otros están en el mar. La pareja en el amor o todos los demás en el Amor, están fuera de la barca, son la mar. No hemos dejado que los demás subieran a nuestra barca, porque, eso sí, lo de “nuestra” nos lo enseñaron desde chiquititos.

Todo esto, que ya da bastantes quebraderos de cabeza en situaciones normales, se convierte en motivo de abandono en situaciones de crisis (mutación importante en el desarrollo de procesos físicos, históricos o espirituales) como la actual. Y, sin embargo, fijaros qué sencillo es: “Subamos a la barca que nos han prestado a todos aquellos con los que sabemos que tenemos que navegar”

Ese mundo de “ahí fuera” es un mar embravecido por el que hemos de navegar con nuestra barca y con nuestros remos. Hay quien sabe y puede manejar él sólo la barca, pero si queremos avanzar con firmeza, velozmente, sin perder el rumbo, necesitaremos de los demás. Necesitaremos más remeros y necesitaremos el timonel que nos ponga a todos de acuerdo, marcando el ritmo y manejando el timón.

Al demiurgo Mundo le encanta hacernos sentir solos, hacernos olvidar nuestra pareja, nuestros hermanos, nuestros amigos. Menos mal que de vez en cuando alguien nos recuerda que “no estamos solos, sabemos lo que queremos”

jueves, 15 de septiembre de 2011

Escribir en el corazón

El mundo está lleno de buenas ideas. Algunos las ven pasar como pasa el viento, agradecen el frescor pero al rato están renegando por la fatiga de caminar. Otros las ven llegar, las seleccionan, las disfrutan, pero las dejan escapar. Hay quienes, como un eco, las gritan o las cantan a los cuatro vientos y todos las bailan al ritmo frenético de la música que les acompaña, pero, ¡ay!, escapan en el sudor de los cuerpos. Hay otros que las escriben en el papel y con ello sosiegan el frenesí diario y ayudan a que los demás las vean y las gocen, pero, ¡ay!, la dicha dura poco arrastrada por el torrente de la muerte diaria.


Digo yo, Señor, ¿por qué no me enseñas a escribir en el corazón?

Y me contestó el Señor: “Tú solo puedes escribir en tu corazón”

martes, 13 de septiembre de 2011

Cuando se muere

Esta sociedad nuestra tiene miedo. Le han enseñado a tener miedo y se lo inculcan día tras día. Eso pretenden, puede que sin saberlo, las cadenas de televisión, los periódicos y las cadenas de radio, las tertulias más formales y los corrillos informales de correveidiles que tanto abundan. Todos tenemos miedo, yo también, por supuesto.


Pero, ya estoy harto, quiero “coger el toro por los cuernos” y si me mata que me mate, muerto y veinte veces muerto. Porque ¿alguien sabe, de verdad, lo que es la muerte? O más fuerte aún, ¿alguien sabe algo de verdad?

¿Os habéis dado cuenta de que esta vida tiene algo de adictivo? Cuando se tiene dinero, se quiere más dinero. Cuando se tiene poder, se quiere más poder. Si tenemos ciencia, queremos más ciencia. Si tenemos sexo, queremos más sexo. Solo hay algunas cosas que parecen sencillamente extrañas en este mundo: no siguen sus leyes. La primera es la Ciencia del Conocimiento que no es la misma que la ciencia del dominio. La ciencia que habitualmente manejamos es la que “nos pide el cuerpo” para controlar lo que nos rodea, lo cual no deja de ser otra manifestación de miedo: nos encontramos inseguros rodeados de una naturaleza desconocida. La Ciencia del Conocimiento es la de la comprensión, la que nos permite comprender al ser que tenemos al lado, sin dominarlo. Es la Ciencia que nos permite acercarnos tanto a él que podamos llegar a hacernos solidario con él.

La segunda es la bondad, esa virtud que el mundo califica de tontería. Ese tesoro que sirve para que, en el mejor de los casos el mundo nos tenga pena y en el peor para que satisfaga y aumente su ego dominándonos. Sí, hablamos de esa virtud que nos empuja a llevar sobre nuestros lomos al resto de la Humanidad, tal vez porque sabemos que, cuando la Humanidad funcione con ese grado de solidaridad que no hace diferente a un hombre de otro hombre, la Humanidad entera estará más cerca de Dios.

La tercera es el trabajo. Pérfido ataque el del mundo con la dichosa frasecita: “Hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar”. Pues, no. Sin Trabajo, no hay Vida. De nada nos vale la Ciencia del Conocimiento, ni la virtud de la Bondad, si nos sentamos a ver como el Mundo deambula, viendo pasar el tiempo, esa inútil creación de nuestra mente. Lo que ocurre es que el trabajo en el que perdemos inútilmente nuestras fuerzas, nuestro tiempo y nuestra vida es el más improductivo, es el que sirve para tener y no para dar.

Esta es la Llave de la Vida, una llave que ha de dar tres vueltas al cerrojo. Solo hay que saber en qué sentido hay que girar la llave: en un sentido nos cerramos el paso a la Vida; en el otro traemos el Cielo a la Tierra. ¿Cuál preferís?

Nuestra es la elección: o la vida que es muerte o la Muerte que es Vida.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El Tesoro


A nadie se le ocurriría guardar un tesoro rodeándolo de llamativas señales de poder y riqueza, porque llamaría la atención de los “amigos de lo ajeno”. Ponerlo al recaudo de un gran ejército es consumir el tesoro poco a poco sin disfrutarlo. Pero ¿qué ocurriría si el afortunado poseedor de tal riqueza lo ocultara en una chabola, rodeado de pestilentes basuras? A nadie se le ocurriría buscarlo allí. ¿A nadie?

El Mundo, ese ente que desde ciertos ámbitos se nos ha enseñado a despreciar; el Demonio esa comunidad de seres que hemos aprendido a temer y la Carne esa parte de nuestros seres que, se nos insiste, es enemiga de nuestro propio yo; todos ellos se saben “ocupados” por un Gran Tesoro y todos ellos sacan lo peor de los más profundos rincones de su ser para intentar escondernos la Divina Presencia, el Espíritu Divino sin el cual ellos, como nosotros, no podrían existir. Ellos quieren apropiarse de un tesoro, el Tesoro, que no es exclusivo de nadie. Pues, bien, en esa lucha por hacerse con Dios, Su Imagen se nos desdibuja, se esconde bajo capas de confusas calumnias, se somete a perversas manipulaciones,… Pero Él sigue ahí, a nuestro alcance. Las pistas que nos conducen a Él se nos ocultan bajo mentiras. Se crean pistas falsas y se construyen caminos, teorías, doctrinas o religiones maquiavélicas y aquellas que nacen de la Verdad y el Amor son calumniadas, desde fuera y también desde dentro, para que el Tesoro quede oculto tras montones de basura.

¿Un ejemplo? Dos religiones, la cristiana y la musulmana. Nadie diría que fueran lo mismo, pero en verdad os digo que es más lo que nos une que lo que nos separa.

Pero no hace falta subir tan alto: ¿Veis esa mujer de sugerentes formas que todo el mundo tacha ligeramente de ligera, cuando no de prostituta? ¿Habéis escuchado su corazón o, más bien os habéis dejado, perdón, nos hemos dejado llevar por las apariencias? ¿Qué hay detrás de la desfachatez con que nos mira el delincuente juvenil? ¿Qué maravilloso sentimiento encierra cualquiera de esas personas que diariamente se cruzan con nosotros escondidos tras una máscara de antipatía, de trivialidad, de vicio, de desesperación,…? Y es que muchas veces nos resulta más cómodo ponernos también nuestra máscara y hasta el disfraz completo y dejarnos llevar por la desesperación del tango: “Verás que todo es mentira, que nada es amor, que al Mundo nada le importa, gira, gira.”

Pues, no: precisamente detrás de toda esa basura que despierta nuestra repulsa está lo que buscamos o lo que no buscamos porque no sabemos que existe o porque creemos que es una milonga. Tenemos dos poderosas armas, dos muletas con las que caminar: el corazón y la razón, ambas nos llevan a la inteligencia de la comprensión que nos permitirá conectar con esa “mano” que Dios tiene permanentemente tendida hacia cada uno de nosotros.
Os dejo con la el fresco de la Creación de Miguel Angel en la Capilla Sixtina porque la Creación es un camino de ida y vuelta ¿tenemos tendida ya la mano hacia Dios?

martes, 23 de agosto de 2011

¿Sueños o realidades?

Allá en el siglo XVIII, un erudito, el Marqués de Condorcet, se preguntaba si habría esperanza de llegar al “auténtico perfeccionamiento del hombre”. La respuesta, su respuesta, era positiva y para ello se apoyaba en “la observación de los progresos que han alcanzado por ahora las ciencias y la civilización.”


No dejaba de ser una declaración de buena esperanza. Buena esperanza, aparentemente al menos, fallida a la vista de las dos Guerras Mundiales; el innumerable histórico de guerras y conflictos que ha habido desde entonces; de la violencia de que se impregna, día a día, nuestra convivencia hasta en las cosas más nimias; en la corrupción de nuestros políticos y de la sociedad en general; en el abandono, cuando no en la agresión, a la Madre Tierra; etc.; etc.

Dice el Kybalion: “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.” Y así ha funcionado el mundo. Es posible que en estos dos siglos pasados desde que Condorcet se preguntara y se respondiera tan esperanzadoramente, el péndulo de la historia se haya desplazado hacia la siniestra. Ello no es malo, simplemente es necesario, pero llega el momento en que debemos aportar nuestro grano de arena para que el péndulo, la Humanidad, se desplace hacia la diestra y, si es posible, que lo es, el péndulo no solo oscile, sino que llegue a dar la vuelta y luego otra y otra más. Y es posible porque ello no contradirá la ley del Kybalion, ya que el movimiento seguirá siendo oscilatorio aunque habrá cambiado de forma, habrá cambiado de “dimensión”.

Tras este devaneo filosófico, recapacitemos sobre qué es lo que hemos hecho no tan bien como debiéramos. Para ello nos apoyaremos ahora en Kant. Y en este sentido nos interesa destacar la concepción que tiene de la dinámica del perfeccionamiento humano que se basa, por un lado, en el progreso de la ciencia y de la técnica y, por otro, en la moralidad y en las estructuras socio-políticas. He aquí nuestro fallo: la Humanidad se ha venido centrando, sin perjuicio de que simultáneamente haya habido importantes logros fundamentalmente sociales y políticos, en el avance de la ciencia y de la técnica. Veo al Hombre ahíto de tecnología, engreído en su genética, pero hambriento de fundamentos morales, éticos, amorosos. En este sentido, no puedo resistirme a citar al profesor Menéndez Ureña al hilo de un comentario suyo sobre una obra de Kant. Éste, Kant, concibe el progreso de la Humanidad como una superación paulatina de las servidumbres que la naturaleza hostil, tanto interna como externa, impone al Hombre y asegura el citado profesor: “conquistar la naturaleza externa, librarse de sus servidumbres, significa ponerla cada vez más al servicio del hombre mediante el desarrollo de la ciencia y de la técnica, mediante el trabajo, incrementando así el bienestar material. Conquistar la naturaleza interna, librarse de sus servidumbres, significa avanzar, mediante el perfeccionamiento de las instituciones políticas y económicas que regulan la convivencia humana, y mediante la conversión moral paulatina de los individuos, hacia un estado de paz social en el que la guerra y la represión hayan dado un paso definitivamente a la concordia, a la libertad, a la justicia.” Creo que queda meridianamente claro, gracias a estos dos pensadores, que el progreso de la Humanidad debe apoyarse en esa superación de servidumbres, internas y externas, que la Naturaleza trata de imponer a todas sus criaturas, en particular al Hombre. De nada nos vale poseer la tecnología adecuada para fabricar aviones si no poseemos la ética suficiente para no usarlos en la guerra.

sábado, 13 de agosto de 2011

Pensamientos castrados

Paseaba hace unos días por las calles de Sevilla, protegiendo mi despoblada cabeza de los disparos del sol con la ayuda inestimable de los árboles, cuando noté su admiración. Movían las ramas en un murmullo, casi en un sordo clamor. Me vitoreaban al paso, gritando ¡Vive Dios!

No lo podía creer, parecía fruto de mi imaginación o, aún peor: me había trastornado “la calor” Entender a los árboles, a los animales y a toda la creación es un privilegio que nos dio Dios por llevarle a Él en nuestro interior, pero que me alabaran al paso no podía ser sino un error. Les pregunté por qué gritaban y  me alababan. Y todos a una me contestaban: “Uno como tú, si no fuiste tú, nos sembró y luego nos trasplantó y cuidó, nos regó y nos podó y cuando viejos nos volvemos nos corta y pone a otro en nuestro lugar. ¿Quién eres tú sino Dios?”

Por mucho que les dije y razoné, no dieron su brazo a torcer. Siguieron empeñados en que yo no podía ser otro que Dios.

Andaba yo preocupado por este hecho, porque algo tenía que significar y lo hablé con mi amigo el abeto que situado en su amplio jardín vivía su vida con otro sentir. “Claro, me decía, mis congéneres no han visto más cosas que árboles y hombres y los hombres los crean y los destruyen: para ellos vosotros no podéis ser sino dioses. Yo, sin embargo, plantado por aquí, tengo otras perspectivas: veo, por ejemplo, una gran variedad de animales y vi y ahora veo máquinas que ellos  no han visto, ni verán. Pero, no sé de qué te has de extrañar. Así sois los hombres: a pesar de lo que vivís y estudiáis, sois incapaces de dejar de pensar en Dios como si fuera un hombre más y así os va que Lo estáis llegando a despreciar de tanto y tanto manipular.”

¡Qué razón tienes, abeto, una vez más! Hacemos a Dios a nuestra imagen y semejanza y esta figura no aguanta el más mínimo ataque de la razón. Al Creador Padre de Todo no se le conoce con la razón, por mucho que nos pueda acercar hasta su “casa”, sino con la inteligencia. Así, la mejor forma de encontrar a Dios es escuchar y mirar y palpar y saborear y olfatear. Todos están llamados, pero no todos lo conseguirán.

Sin palabras

Quisiera escribir en blanco

Quisiera usar tinta invisible
Quisiera, sin usar palabras,

llegar a vuestro corazón.
¿Os parece difícil, imposible tal vez?
Pues Dios nos ha dado la mejor pluma,

llenó el tintero con la tinta mejor y
nos dio una sola palabra para decirlo todo a la vez.

Si no os acordais, os la recordaré:
Amor es.

martes, 9 de agosto de 2011

Que la mayor desgracia es no conocer a Dios

¿A dónde vais ebrios, oh hombres,
que os bebéis tan puro el vino de la ignorancia,
que ya no lo podéis soportar y estáis por vomitarlo?

¡Quedad sobrios, detenéos!
¡Alzad los ojos del corazón, si no todos al menos los que puedan!
Porque el mal de la ignorancia inunda la entera Tierra,
y corrompe el alma aprisionada en el cuerpo,
impidiéndole anclar en el puerto de la libertad.
No os dejéis arrastrar por la impetuosidad del oleaje,
antes,
aprovechando una creciente,
los que podáis,
alcanzad el puerto de la libertad,
anclad allí,
buscad la mano que os guíe a las puertas del conocimiento,
donde está la Luz brillante, libre de toda tiniebla,
donde nadie se emborracha,
sino donde todos, sobrios,
alzan los ojos del corazón hacia Aquél que quiere ser visto.
Porque no se deja oir, ni describir, ni ver con los ojos,
sino con la inteligencia y el corazón.

Pero antes es necesario que desgarres la vestidura que llevas,
el velo de la ignorancia,
el sostén de la maldad,
el cepo de la degradación,
el antro  tenebroso,
la muerte viva,
el cadáver sensible,
la tumba que siempre te acompaña,
el ladrón doméstico,
el que por lo que ama, te odia, y por lo que odia, te cela.
Este es el enemigo que revestiste como túnica,
que te estrangula y te arrastra abajo, hacia él,
no sea que alces la mirada y,
contemplando la Belleza de la Verdad y el Bien que allí reside,
comiences a odiar su maldad,
comprendas las trampas que contra tí maquina;
pues atonta el sentido de la observación, tan despreciado,
cegándolo con abundante materia,
abundando en innobles voluptuosidades,
para que no escuches las cosas que debes oír
ni mires las cosas que tienes que ver.

C. H.  (tratado VII) de H.T.

sábado, 6 de agosto de 2011

Búsqueda

Andaba yo buscando a Dios. No sabía bien cómo, ni dónde, ni cuándo. Buscaba en los montes y en los campos, en los mares de agua y en los de arena, en la guerra y en la paz,… Preguntaba al sabio, al intelectual, al que era todo bondad, al místico, al que buscaba como yo,… Todo y todos me decían algo: no es el viento, es todo, es eterno, todo lo puede,… Palabras y más palabras. Era un guirigay, todos andábamos revueltos, corrillos en las plazas, cada uno aleccionaba a los demás sobre cómo debía  ser: unos con gestos grandilocuentes, otros con palabras buscadas ex profeso en el diccionario, algunos escribían libros voluminosos,…

Estaba sentado en el suelo, en un rincón de la plaza. Cualquiera podría pisarlo, pero todos lo evitaban. Era anciano y reía con la fuerza de un joven, pero nadie parecía verlo, ni oírlo, como tampoco parecían ver el canasto que había a su lado. Me picó la curiosidad y me asomé a ver el contenido del cesto: era un niño recién nacido pero con una vitalidad que traspasaba sus blancas vestiduras. Le pregunté al anciano porqué se reía. No podría asegurar quién me respondió. De si fue el anciano o el niño o ambos dos, no estoy seguro yo. Pero sé que se me contestó: “Muchos son los llamados y pocos los elegidos, porque todos quieren buscar la imagen que de Dios tienen. La Luz y la Vida por todas partes están, pero son como son y no como quieran los demás. ¿No te parece razón para hacernos reír?” Con rabia y suficiencia les contesté, engreído de un conocimiento que, claro está, no alcanzaba a poseer: “Si quieres decirme que eres quien yo busco, te diré que tú no puedes ser porque eres viejo, porque dices que sois los dos, porque andas por los suelos, porque no tienes compasión,…” “¿Ves cómo tengo razón yo? ¿Quién te dice cómo ha de ser Dios?”

miércoles, 13 de julio de 2011

Vocación

Malo sería que, llevados por una equivocada creencia, centraramos nuestra existencia exclusivamente en la espiritualidad, olvidándonos de lo que debemos hacer en esta vida. Malo sería que los frutos que consiguiéramos en nuestra vida espiritual no los sembráramos en nuestra vida material.

No quiero generalizar, pero dentro de la vorágine competitiva, de esa mentalidad de supervivencia pura y dura que da entrada al "yo primero", muchos de nosotros estamos cayendo en la falta de amor por nuestro trabajo; muchos de nosotros estamos cayendo en la elección de un trabajo con un criterio puramente mercantilista. El texto que traigo a continuación es del filósofo alemán del siglo XIX, Krause. Se aplica al director de un Instituto Educativo propugnado por el filósofo, pero es extensivo a cualquier profesión, porque nuestra profesión no es un medio para vivir bien, sino nuestra forma de ayudar a la sociedad.
La primera exigencia de un Instituto Educativo es que lo presida un hombre que esté empapado de la diginidad de la Humanidad, que esté embebido del sentimiento de la excelencia de su tarea, que ame y cuide a los niños como un verdadero padre, que viva entre ellos y con ellos, que se alegre con sus alegrías y comparta humanamente sus penas, que les ilumine mediante el ejemplo de su propia vida intachablemente moral, que les enseñe lo que significa ser un hombre bueno a través del continuo trato lleno de amor con ellos, en verdad y con obras, más que con la sola palabra. Un director así se despierta por las mañanas con sus niños, trabaja, come y se recrea con ellos, y los acompaña al atardecer hasta el lugar de su descanso; nunca se aparta del lado de sus niños, pues ellos constituyen su misma vida, su gozo más hermoso. Las palabras de un tal maestro serán por fuerza eficaces y traerán fruto; los niños le escuchan con amor y con gusto, y sus palabras caen en ellos como un rocío vivificador que procede de un cielo puro y limpio; solo una mirada del maestro querido y adorado despierta en el espíritu de los niños una actitud perceptiva para el bien y la sabiduría. (...) Vds. conocen muy bien como vive Pestalozzi (pedagogo a caballo de los siglos XVIII y XIX) con sus niños, como los educa con su propio ejemplo, cómo sus enseñanzas cobran fuerza a través de su corazón rebosante de amor. Pestalozzi demuestra con los hechos lo que yo acabo de decir de una manera general.
En fín, espero que las palabras de Krause nos sirvan a todos, maestros, médicos, fontaneros, labradores, ingenieros, abogados,..., a TODOS, para cambiar la enferma personalidad de esta sociedad que, compuesta de millones de personas, solo podrá sanar si las personas individuales que la componen están sanas.