
El hombre en el mercado. Está cubierto
De barro y polvo, pero ¡como sonríe! Sin recurrir
A poderes místicos hace florecer, en un momento,
Los árboles marchitos.
Señor,ayúdame a ayudar.
Ponentes:
Lugar: Centro Pedro Duque Arrupe. Avda. Eduardo Dato nº 20 (Sevilla)Fecha: Jueves 28 de enero de 2010 (20:00)
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Sigue el correo de Sergio
Además estamos colaborando con la fundación APY Solidaridad en Acción, que
tiene sede en Sevilla y a 2 miembros desatacados en Haití en estos momentos.
Tenemos pensado organizar una jornada cultural donde se hable de Haití, su
pintura, gastronomía, cultura, música, etc. Se quiere pedir colaboración a la
Universidad de Sevilla y a la Diputación de Sevilla. Además para el día 20 de
Febrero, en Jerez, José Mercé dará un concierto en beneficio de los damnificados
de Haití donde habrá FILA 0. Se está organizando también un concierto en
Sevilla para el día 18 pero todavía no tengo los detalles y la fundación
APY tiene preparado un cargamento de 1000 tiendas de campaña para enviar a
los afectados. Ya hace dos semanas y dos días que ocurrió el terremoto y
ha dejado de ser portada en la prensa. Pero estoy seguro de que con los
distintos medios de comunicaciónque existen en la actualidad, no va a ser tan
fácil que esto decaiga. Hay un clamor en la red que supera a acualquier difusión
de noticias convencional.Un saludo Te mantendré informado.
Esta quinta carta de San Antonio constituye un completo desarrollo del proceso salvífico de Dios Padre por Cristo. Empieza recordándonos la segunda Carta a los Corintios: “Incluso si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no es así: porque en Cristo hay una creación nueva.”
Nos recuerda, en primer lugar, nuestra situación original. Así asegura que “(…) a consecuencia de nuestros innumerables pecados, (…), se ha enfriado la Ley de la Promesa y se han embotado las facultades de nuestras almas. Por la muerte en que estamos precipitados se nos ha hecho imposible tener cuidado de nuestro verdadero título de gloria: nuestra naturaleza espiritual.”
En esta funesta situación en la que “(…) no teníamos la menor noción de virtud. Pero Dios, nuestro Padre, contemplando nuestra debilidad, (…) quiso, por su bondad visitar a sus criaturas mediante el ministerio de los santos.” Esto es, Antonio expone claramente como el proceso de salvación se origina en Dios. Nuestra doble condición divina y humana está difuminada en este mundo, pero, aun así, tenemos a nuestra disposición todos los poderes de Dios, quien “(…) no nos ha dado lo que merecían nuestros pecados. Su bondad es tan grande que ha querido que el mismo sol se ponga a nuestro servicio (…) para apoyo físico de un ser al que su propia debilidad condenará a perecer. Sin hablar de sus otros poderes, ocultos, pero también a disposición nuestra sin que podamos verlos con los ojos corporales.”
Y en todo esto ¿qué papel jugamos o podemos jugar nosotros? La respuesta es muy simple: “Por nuestra parte dispongámonos ahora a ir hacia nuestro Creador por el camino de la pureza.” Solo eso: tomemos la determinación de ir al encuentro de Dios. Se nos ha venido mostrando a lo largo de siglos de historia como la salvación no puede llegarnos de los patriarcas, de los santos, de Moisés o de Juan el Bautista, solo el poder ejemplarizante del sacrificio de Cristo, nuestra imitación, puede salvarnos. Pero, podemos preguntarnos ¿cuál es el objeto de todo esto? “¿Qué le devolveremos el día del juicio?” La respuesta es doble, algo insulsa al principio, “la restauración de nuestro espíritu caído”, para terminar de una forma profunda, reveladora, de gran alcance: “y enseñarnos que somos miembros unos de otros.” Esto es, no es que formemos parte de un todo, es que somos al mismo tiempo parte y totalidad. No nos diferenciamos de nuestros hermanos, no somos ni mejores ni peores que los demás, somos los demás. Pero, si somos uno con los demás ¿no seremos uno con el mismo Dios? ¿No será esa nuestra verdadera, pero oculta realidad? ¿No será esa la verdadera salvación que Dios busca para nosotros: tomar consciencia de los que somos?
A continuación expone el proceso de salvación en torno a la venida de Cristo a lo que, curiosamente llama “la economía establecida por la venida de Jesús a este mundo, (…)”. O sea que considera la venida de Cristo como el mejor y más rápido método para conseguir nuestra salvación. Lo desarrolla como sigue:
1. Partimos de un estado de malicia, de desorden y de inestabilidad.
2. A partir de dicho estado inicial, la venida de Cristo fue “para algunos escándalo, para otros beneficio, para algunos sabiduría y poder, para otros también resurrección y vida.”
3. A esta venida de Cristo la llama “el juicio del mundo entero.”
4. Reitera, una vez más, como nos salva la venida de Cristo, no por el simple hecho de su venida, sino porque Él se revistió de nuestras mismas limitaciones (pecados) y frente a nuestro habitual abandono a nuestra propia voluntad, Cristo opone su humildad haciéndose siervo.
5. Solo queda que hagamos nuestra esta liberación, lo “nos hará un día discípulos de Jesús, por quien entraremos en la herencia divina.”
6. Se trata de una herencia invisible, incomprensible diría yo, a los ojos humanos, pero que en modo alguno a superior al hombre, sino que forma parte de él y lo corona poniendo de manifiesto su propia naturaleza.
7. Nos avisa de un primer peligro utilizando las palabras de San Pablo: “Profesan seguir a Dios, más con sus obras niegan su poder”
8. Y termina con otro peligro importante: “Los enemigos de la santidad piensan incesantemente en atacar a quienes de verdad lo desean. (…) el hombre carnal persigue siempre al espiritual y quien quiere vivir piadosamente la vida de Cristo, sufrirá persecución.”
Podríamos seguir dando vueltas a este tema, ponerlo del derecho y del revés, para terminar descubriendo lo mismo que San Antonio: “Pocas palabras bastan para consolarnos. Cuando el espíritu las ha aprendido ya no necesita de las palabras, con frecuencia de doble sentido, de nuestra boca.”
Porque todos, en cuanto existen forman una sola y única naturaleza espiritual: por haberse separado de Dios han visto aparecer entre sí tales diferencias como consecuencia de sus distintas actividades. Por la misma razón les han sido dados tantos nombres distintos, según su particular actividad. Así unos han sido llamados arcángeles, otros tronos o dominaciones, principados, potestades, querubines. Les fueron atribuidos estos nombres por su docilidad a la voluntad de su Creador.
En cuanto a los otros, por su mal comportamiento se les llamó mentirosos, Satán, así como otros demonios fueron llamados espíritus malos e impuros, espíritu de error, príncipes de este mundo y otras numerosas especies que hay entre ellos.
También entre los hombres (…), algunos recibieron el nombre de patriarcas, otros de profetas, de reyes, sacerdotes, jueces, apóstoles, (…), según su comportamiento santo. Estos diversos nombres les fueron atribuidos sin distinción de hombre o mujer, según la diversa naturaleza de sus obras: porque todos tienen el mismo origen.
Quien peca contra el prójimo, peca contra sí mismo; quien lo engaña, se engaña; y quien le hace bien, se lo hace a sí mismo. Por el contrario, ¿quién engañará a Dios? ¿Quién le dañará? O ¿quién le prestará un servicio? O incluso ¿quién le dará una bendición que juzgue necesaria? ¿Quién podrá jamás glorificar al Altísimo según su dignidad, exaltarlo según su medida?
Vestidos aún con el peso de este cuerpo despertemos a Dios en nosotros mismos respondiendo a su llamada, entreguémonos a la muerte para la salvación de nuestra alma y de todos. Así manifestaremos el origen de la misericordia de que somos objeto. No nos dejemos llevar del egoísmo si no queremos participar de la caída del demonio.
Quien se conoce a sí mismo conoce también a las demás criaturas que Dios ha creado de la nada, como está escrito: Él, que ha creado todo de la nada (Sab.1,14). Lo que los libros santos quieren decir con esto se refiere a la esencia espiritual, velada por la corrupción de nuestro cuerpo; que no existiendo desde un principio, un día se nos quitará. Quien sabe amarse a sí mismo ama también a los demás.
Mis queridos hijos en el Señor, auténticos hijos de Israel, ¿qué necesidad tengo de invocar la bendición sobre vuestros nombres mortales, y de mencionarlos, si son efímeros? Ya sabéis que mi amor por vosotros no se dirige a vuestro ser mortal; es un amor espiritual, según Dios. Estoy convencido de esto: es grande vuestra dicha, que consiste en haber tomado conciencia de vuestra miseria y haber afirmado en vosotros esta esencia invisible que no pasa como el cuerpo. Pienso así porque esta dicha os ha sido concedida ya desde ahora.
“Envió, pues, a su Hijo Único el cual, viéndonos esclavos, tomó sobre sí la forma de esclavo (Fil. 2,7). El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados (Is.53,5). Después nos ha reunido de todos los países para hacer que nuestro corazón resucite de la tierra y para enseñarnos que todos somos una sola y misma esencia, miembros unos de otros. Amémonos pues, profundamente unos a otros: en efecto, quien ama a su prójimo amará a Dios, y quien ama a Dios se ama a sí mismo.”
“(…) la bondad del Padre no cesa de ayudarnos, hoy como ayer, a escapar de esta muerte que hemos merecido. (no debemos entenderlo necesariamente como un castigo)”
Creo que fue San Agustín quien llegó a la conclusión -ignoro si teológica o filosóficamente- de que "La Causa de Todas las Causas, es también la causa del mal causado". Ergo...el mal, aunque no lo entendamos, también proviene de Dios, que es la Única Causa, Principio y Fin de todas las cosas. Si la causa del mal proviniera de Satanás, Dios se encontraría con un competidor, y ya dejaría de ser ese Ser Omnipotente y Único. Lo que ocurre es que, La Unidad, al dividirse, crea La Dualidad, y con ésta se crea El Bien y El Mal y genera todos los opuestos. (El Yin-Yang. El Kynalión...). Esta es mi pequeña aportación.
La intención es la raíz de todo acto;Por cierto, hablando de San Antonio, debemos felicitar hoy día 17 de Enero a todos los que así se llamen: ¡Felicidades!
no puede intentarse lo que no se entiende;
no puede entenderse lo que no es;
luego no puede hacerse lo que no es.
Se hace el mal,
ergo, el mal es antes de ser hecho;
el mal es antes de ser intentado;
el mal es antes de ser entendido.
De donde se sigue que el mal preexiste al pensamiento y, ya que el hombre es en tanto que piensa, también preexiste al hombre.
Con todo, el mal no puede subsistir por sí mismo, dado que siempre es relativo a un mayor bien o a un menor bien. Así que el mal es creado. Pero, si preexiste al hombre y a toda criatura, sólo puede ser creado por Dios.
Convenimos, pues, en que el mal es anterior al hombre y creado por Dios; en que el hombre no puede hacer nada que no intente, no puede intentar nada que no entienda y, en fin, no puede entender nada que no sea y que no se manifieste en su conciencia. Ahora bien, el mal puede manifestarse necesariamente o libremente. Necesariamente, si depende de causas segundas; libremente, si depende sólo de Dios. Al depender sólo de Dios (como hemos visto ya), el mal se manifiesta libremente y al margen de la voluntad del hombre.
Si el mal actúa y es libre, el mal no carece de intención;
si no carece de intención, no carece de entendimiento;
si no carece de entendimiento, el mal es un sujeto;
y, si es anterior al hombre y a toda criatura, es un sujeto no humano, el primero entre los ángeles: Satanás.
Saludos.
Daniel.
(“Hijos: mi amor hacia vosotros no es de la tierra; es amor espiritual, según Dios”),merecen destacarse cuatro conceptos.
“Hijos, habitamos en la muerte. Nuestra morada es la celda de un prisionero. Los lazos de la muerte nos tienen encadenados.”No es que San Antonio nos quiera imbuir el miedo y la desesperanza, sino que llama nuestra atención sobre el hecho cierto de que las leyes de este mundo material tratarán de imponerse a nuestro ser, sometiendo nuestra parte física, siendo el riesgo que nos dejemos arrastrar en la parte espiritual. No es una maldición, sino la consecuencia lógica de nuestra inmersión en este mundo, de nuestra encarnación.
“Dios ama siempre a sus criaturas que, inmortales por esencia, no desaparecen con el cuerpo.”Esto es, no estamos en un destierro, no se trata de un castigo, sino de algo que Dios Padre ha juzgado bueno para nosotros. Como el santo comprende que decirnos que vivimos encarcelados puede ser duro para espíritus pusilánimes, nos indica que somos objetivo del Amor de Dios y que además somos inmortales “por esencia”.
"solamente la apariencia exterior de la obra de Dios, negando su poder" (Tito.1,16)”). O sea que, lejos de dejarnos arrastrar por nuestra tendencia a ver lo superficial, debemos profundizar en el conocimiento del mundo que nos rodea y de nosotros mismos, descubriendo lo que hay más allá de lo que pueden ver nuestros ojos. Nos avisa también de nuestra posible desesperanza
("¿Qué se gana con mi muerte si un día he de convertirme en podredumbre?" (ps.29,10)), pensamiento habitual y lógico en las personas que aún permanecen en la corteza exterior de nuestro Ser. Y termina describiendo lo que a su entender es la vida actual:
"Sí, hijos, mi corazón se sorprende y mi alma se espanta: nos hundimos en el agua , estamos metidos en el placer como gentes ebrias de vino nuevo porque nos dejamos distraer por nuestros deseos, dejamos reinar en nosotros la voluntad propia y rechazamos dirigir nuestra mirada al cielo para buscar la gloria celeste y la obra de los santos y marchar en adelante tras sus huellas. Ahora, comprendámoslo: santos del cielo, ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones, querubines, serafines, sol, luna, estrellas, patriarcas, profetas, apóstoles, el mismo diablo o Satán, los espíritus del mal o el soberano de los aires, en suma, todos, y los hombres y mujeres, pertenecen desde el día de su creación a un solo y mismo universo, en el cual, sólo deja de estar contenida la perfecta, bienaventurada Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.En resumen, el santo nos sitúa a todos, seres humanos, santos y toda la Corte Celestial, en un mismo universo graduado según la capacidad de cada uno (en relación con sus obras). A cada uno de esos grados le ha dado un nombre. Sobre este universo sitúa el poder de la Santísima Trinidad, aparentemente ajeno, externo, a dicha creación. No quiere decir con ello que sea un espacio externo y ajeno a la Santísima Trinidad (no podría ser así), sino que ésta no participa de esa misma dinámica. Y, recordando la parábola de los talentos, anuncia que la gloria que el Señor nos dará a cada uno será en función del progreso que hagamos (“dará una mayor gloria a las que más hayan progresado”)
La mala conducta de algunas de sus criaturas ha obligado a Dios a darles el nombre en relación con sus obras. Pero dará una mayor gloria a las que más hayan progresado."