HESICASMO

Bienvenidos. Este es un blog dedicado a la espiritualidad y, en especial, al hesicasmo, la vía mística de la Iglesia Cristiana Ortodoxa.
En la columna de la izquierda se incluyen textos sobre el hesicasmo (fundamentos, práctica, historia, biografías, frases para meditar, etc.) En la columna de la derecha se presentan mis meditaciones y aportaciones, modestas aportaciones, a esta vía mística. Os agradeceré vuestros comentarios que, a buen seguro, nos harán bien a todos.
La Paz de Dios sea con todos nosotros.

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jueves, 1 de abril de 2010

Las fases de purificación.


Uno de los autores cuyas obras se incluyen en la Filokalia es Isaac de Nínive. Es uno de los santos de la Iglesia Ortodoxa. Nació a orillas del Golfo Pérsico. Hoy vamos a comentar solo las fases en que evoluciona la vida de un hesicasta. Nuestro santo asegura que dicha vida constituye un proceso de purificación que afecta secuencialmente al cuerpo, al alma y, finalmente, al espíritu.

Hemos de tener muy presente que Isaac de Nínive vive en el siglo VII. Entre nosotros y el autor median catorce siglos. Catorce siglos afectados por la continua evolución de significados de las palabras, alteración rayana en la tergiversación y a la que hay que añadir las posibles deficiencias lingüísticas e incluso involuntarias malas interpretaciones. Digo esto porque al hablar de la disciplina del cuerpo se citan prácticas de “castigo” al cuerpo. Dicho así, parece que retrocedemos a la pura mortificación del cuerpo, como si tuviéramos que castigarlo por una culpa que no tiene. Debemos tener claro que el cuerpo y la mente tienen tendencia a dispersarse, a buscar aquello que les resulta más agradable y placentero de forma incontrolada, anárquica y que ello no es bueno para una actividad intelectual y, mucho menos, para una espiritual. Pues bien, la purificación corporal o, mejor, la disciplina del cuerpo no es otro cosa que un entrenamiento del cuerpo para hacer que éste no se impaciente cuando estemos elevándonos en los aires espirituales. A nadie le extraña ver que cualquier deportista entrene, cada uno en su especialidad, con el objeto de ganar una carrera o batir un récord de altura.

Le sigue la purificación o disciplina del alma. Cuando hemos conseguido superar la inquietud del cuerpo, su carácter pasional o simplemente impulsivo, el verbo interior del ser humano, una de las tres partes que Dionisio el Aeropagita atribuía al alma, empieza su discurso racional y onírico. Incluso nos juega la mala pasada de traernos a la mente imágenes en las que aparecemos como auténticos santos o nos entretiene planificando cruzadas contra la intransigencia, el vicio, la corrupción, etc. Todo muy digno de elogio, pero que nos aparta del objetivo que nos hemos marcado. Pues bien, la purificación del alma pasa por conseguir que ese caballo desbocado que es la mente, en cuanto componente del alma, se quede quietecita y atenta al Chispazo Divino, ese que no sabemos cuando vendrá y que pasará de largo, si no lo cogemos a tiempo. El secreto de cómo se ha de conseguir está en la humildad, no entendida como un simple desprendimiento de riquezas y honores, sino como la consecuencia de una comprensión de nuestro propio ser, de sus potencias y limitaciones, en definitiva de un profundo conocimiento de uno mismo.

Finalmente llegamos a la disciplina espiritual entendida como aquella que asegura la elevación del espíritu por encima del mundo material, acercándolo “a la contemplación del espíritu primordial”, en palabras de San Isaac. Es aquella en que el espíritu empieza amando al prójimo como a sí mismo y termina amándolo en Cristo, esto es formando parte del cuerpo Crístico. Pero ¿cómo llega a este estado? Pronto lo veremos

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